Los artistas Nao Albet y Marcel Borràs su irónica mezcolanza a la ópera contemporánea para discurrir sobre la masculinidad

Con el anterior espectáculo, De Nao Albet y Marcel Borràs, estos artífices ya nos anunciaron que se enfrascarían en una ópera. Pero como el collage es lo que les priva (véase fundamentalmente para el caso que nos compete Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach), más que ópera nos encontramos con una obra atravesada por lo puramente teatral, la performance y una música que se entiende más como banda sonora en directo que como fundamento esencial e inequívoco del montaje. Fernando Velázquez, versado en potenciar la emotividad en todo tipo de filmes (escúchese, principalmente, Un monstruo viene a verme), recorre estilos, ya sean épicos o románticos, colorea mucho con los metales, la trompeta y la trompa son persistentes, e introduce el piano para ofrecer dinamismo en las transiciones. Luego, la vibración de los timbales sobrelleva la tensión en el desconcierto. La Joven Orquesta Nacional de España se imbrica con auténtica consistencia en la acción, remarcando el tráfago de emociones tan diversas, superando circunstancias extravagantes en las que el ruido escénico se entromete. Sigue leyendo


Viene este montaje en paralelo (o en continuación) de aquel 
Desde que me enganché a las películas coreanas de Kim Jee-woon, Park Chan-wook y Bong Joon-ho, y a los vídeos de Britney Spears, me siento anestesiado ante la contemplación de la violencia. Ocurre lo mismo cuando terminas de ver The Act of Killing (pero en la versión del director. No hay que andarse con zarandajas), que un indonesio arriba o abajo te aporta poco. En el arte conceptual el truco consiste en basarlo todo en la cartela, el resto es poner a funcionar la imaginación del espectador; cuanto más culto, más implicaturas y, quizás, más fascinación al observar lo que en la propia obra no se da; eso, si cae en la trampa. Parece conveniente atender al prólogo, por aquello de sacar algo en claro. Maarten Seghers se transmuta en bufón y en director de orquesta, para pulular y componer las músicas y los ruidos, los sonidos que nos induzcan a sostener en la mayoría de los casos la agresividad. Avanza que en la época del bueno de Billy (para los amigos), Londres, como Sevilla, era un lugar repleto de rufianes, de pícaros, de ladrones y de asesinos que sabían emplearse a fondo en cualquier callejón macilento. 

