El dramaturgo Patxo Telleria ha pretendido combinar comedia de situación con thriller en una obra descabalada
No sé si esta obra de Patxo Telleria, a quien recordamos por su exitoso Páncreas, debe tomarse como una parodia de los thrillers político-morales que nos atenazan, de esos que David Mamet (y otros) ha explotado en los últimos tiempos con más o menos enjundia. Acojámonos a La culpa o a Muñeca de porcelana. Pocos personajes, a veces únicamente una pareja, dirimiendo un asunto complejo que se va desenrollando entre el misterio y el giro absolutamente sorpresivo que da un vuelco a todas nuestras creencias. Sigue leyendo
Si usted no es cortaziano de pro, de esos que se han hecho varios cursitos de escritura creativa sobre relato hispanoamericano, quizás este espectáculo le parezca inasible, bobalicón y tremendamente aburrido. No pocas veces se ha considerado a Julio Cortázar un inspirador del Oulipo, aquel grupo vanguardista que jugueteaba con los límites lingüísticos y literarios. Traigo esto a colación, porque merece la pena comparar este proyecto con aquel montaje de Jesús Cracio en el Matadero titulado 
Somos afortunados de poder asistir a un espectáculo teatral con un elenco de veinticinco intérpretes. En la versión de Lluís Homar no se llegó tan lejos y, en la más reciente de 

Si me fijo en los últimos proyectos donde Emilio del Valle fundamentalmente se ha responsabilizado de la dirección y, además, ha firmado el texto o, siquiera, la versión (véase 
