Moscú no existe

Los célebres personajes de Chéjov dialogan entre sí en este montaje a cargo de L’Om Imprebís en el Teatro Fernán Gómez

Foto de Vicente A. Jiménez

Junto con Shakespeare y, por supuesto, Lorca, Chéjov es uno de los autores que más se representan. Hasta el propio Santiago Sánchez ofreció una propuesta en esta misma sala (espacio) Jardiel Poncela del Fernán Gómez titulada Tu mano en la mía sobre la correspondencia sentimental del célebre escritor. La gaviota ha contado en los últimos dos años varias adaptaciones a las que se suma la que veremos esta temporada. Algo similar ha ocurrido con Tío Vania (Pablo Remón, incluso, hizo un díptico). El jardín de los cerezos volvió a la sala principal algunos meses atrás de este teatro que ahora acoge este montaje de Moscú no existe. Y Las tres hermanas hace tiempo que no nos visitan. Sobre estas universales piezas la gente de L’Om Imprebís ha pretendido elaborar una síntesis que se aproxima a nuestro presente. Esta especie de antología fantasmagórica vale más para identificar momentos cumbre que para recrear una atmósfera chejoviana, probablemente debido a un empeño modernizador que resta melancolía. La aparición de una tableta o de un móvil contrasta con esa necesidad de pesadumbre que arrastrará sin remisión Carles Montoliu dando vida a Iván, el maestro rural que será un Vania. Llevará su botella de vodka vaciándose imparablemente junto a unas facturas de la luz (enviadas por una reconocida empresa española) y la pistola surgirá posteriormente (ya saben lo que afirmaba el señor Antón). Perfilará una taciturnidad insistente y será, quizás, el único que imprimirá un carácter coherente, mientras que Anfisa, la sirvienta que encarna Pilar Martínez, no dispone demasiado desarrollo en la función, aunque su presencia es constante.

Los cuatro «espectros» reunidos en las tablas habitan la Finca del Lago, y allí también hay negocios que efectuar si se talan unos cuantos árboles. Quien alberga esas ideas de inversión es Aleksei, un trasunto de Lopajin (y de otros). Víctor Lucas irrumpe como un jovenzuelo a la moda (algo ridículo), con sus zapatillas deportivas último modelo y con un entusiasmo escasamente verosímil. En todo caso, nos parece alguien que está construyendo castillos en el aire. El intérprete derrocha su energía y aporta un aire luminoso al espectáculo. Gran (Buena / La mayor) parte de la trama consiste en persuadir a los dueños del lugar de que vendan esos terrenos tan espléndidos para levantar decenas de chalets destinados a los turistas. Pero, en realidad, él se pasea por el salón porque viene tras los pasos de Ania, que será una amalgama de Nina y otras féminas. Beatriu Casanova se adentra inicialmente en una concatenación de flashbacks que sirven para poner al público en antecedentes, pero que se ejecutan de una manera tan escasamente efectiva como innecesaria. Luego, la actriz demuestra su capacidad para expresar nostalgia y atrevimiento en una ambivalencia matizada. La cuestión es que la pareja de jóvenes distorsiona un aspecto que me parece esencial para este montaje y es el encajonamiento espacial, la sociedad limitante que remarca el dramaturgo ruso. Que estos personajes salgan al «exterior» y experimenten con las posibilidades de su libertad como, por ejemplo, irse de fiesta a bailar techno, deja esa búsqueda de Moscú como un símbolo de las aspiraciones particulares nada convincente. La ciudad se ha quemado y regresar allí se toma como el anhelo para transformar su existencia.

En cuanto a la escenografía diseñada por Dino Ibáñez, podemos afirmar que resulta poco atractiva. Se reduce a tres paneles que los mismos actores van desplazando y que después se emplean para colgar objetos pequeños que evocan cada cuadro. Todavía nuestro Iván dibuja en una pizarra a su auténtico amor, a esa mujer que se cruza por delante de él y que se llama Ania. Esa tristeza final, resuelta con unos propósitos realistas, de alguna manera nos reconecta con un proyecto que no logra reflejar la complejidad sutil de Chéjov.

Moscú no existe

Un espectáculo de L’Om Imprebís sobre textos de Antón Chéjov

Dirección de escena: Michel Lopez y Santiago Sánchez

Intérpretes: Carles Montoliu, Víctor Lucas, Pilar Martínez y Beatriu Casanova

Escenografía: Dino Ibáñez & Los Reyes del Mambo (Soluciones escénicas)

Vestuario: Gabriela Salaverri

Iluminación: Félix Garma

Vídeo: Amador Artiga

Prensa y comunicación: María Díaz

Dirección de producción: Camino Lapresta

Ayudantía de producción: Marisa Noguera

Espectáculo creado en residencia con Off Teatro 

Producción: L’Om Imprebís

Teatro Fernán Gómez (Madrid)

Hasta el 8 de noviembre de 2026

Calificación: ⭐⭐

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