Historia de Amor

La compañía Teatrocinema recupera esta producción para representar su mezcla de película, cómic e interpretación en los Teatros del Canal

No han faltado en los últimos tiempos relaciones fructíferas dentro del teatro con el cine o con la mediación de cámaras y filmaciones (y hasta con el mismo título hace unos meses Historia del amor). Film performances o, como el nombre de la propia compañía chilena, Teatrocinema (este es el término más idóneo frente a las contaminaciones anglo). Todos hemos quedado sorprendidos con artefactos como El silencio, sobre la cinta de Bergman, u Orlando, de Katie Mitchell (por poner solamente dos ejemplos). Si la temporada anterior se recuperaba de este mismo grupo Gemelos, ahora se recurre a este proyecto que data de 2013.

Desde luego, el dispositivo que se nos muestra es altamente atractivo, en cierta medida, entronca con el diseño artesanal que destilaban los 1927 con Golem; pero también con el Deadtown, de Petr Forman. Si me fijo en esta última, que nos visitó en 2018, puedo trasladar los mismos argumentos. La parafernalia técnica es gratamente sorpresiva, no obstante, el contenido se vuelve repetitivo y poco sugestivo más allá del concepto que se quiere emitir.

Ante todo, asistimos a una virguería, a una concatenación de efectos ópticos, a un cúmulo de meticulosidades y de procesos visuales que nos atrapan desde el primer instante. Juan Carlos Zagal asume a estética del cómic y de esas películas que han llevado a la gran pantalla las novelas gráficas, pienso, sobre todo, en Sin City, de Robert Rodríguez y Tarantino, a partir de las historietas de Frank Miller. Quizás, sí, nuestro ojo ya se ha hecho a tal profusión de procedimientos audiovisuales; aunque contemplarlo en directo en un teatro es otro tipo de experiencia y, he de afirmar, que fascinante. Las imágenes, los dibujos en blanco y negro y su movimiento se solapan en lo que simula una doble emisión, mientras nuestra pareja se va colocando con mucha precisión en el medio. No hay fallo, puesto que contamos con la fantasía, donde los objetos aparecen y desaparecen en cada uno de los cuadros entre onomatopeyas. Además, resulta muy llamativo, sobre todo al inicio, el trabajo de picados y contrapicados, ya que asumimos que ellos están quietos. Prefiero no elucubrar sobre el trucaje. Lo que vemos funciona excelentemente.

Ahora, otra cuestión muy diferente es qué se traslada. La novela de Régis Jauffret me recordó instantáneamente a El túnel, de Ernesto Sábato. A pesar de que aquí el protagonista no es tan profundo como el argentino. Hablamos de un profesor de inglés, si bien esto no nos dice mucho, que toma la palabra y que no la dejará hasta el final. No es un completo soliloquio, porque también hay breves respuestas, más que diálogos; sin embargo, el grado de intercesión de conciencia es muy alto. Lo escuchamos y vemos cómo mueve los labios; pero perfectamente podría ser una grabación. No dejaría de ser coherente. Por lo tanto, Julián Marras se encarna en este psicópata y emprende una costosa entonación monocorde en gran parte del espectáculo. En algún momento, hubiera sido deseable que su estilo narrativo, tenso, en cualquier caso, hubiera derivado en más oportunidades para la expresión de su tremenda obsesión. Sí que es cierto que la música, en este sentido, juega un rol importante. El propio Zagal la firma. Logra introducirnos en una atmósfera de misterio inicialmente y, después, de tragedia. Claramente la ambientación bebe del cine negro de los años cuarenta y cincuenta, de Hitchcock, de Huston y de tantos otros.

Frente a nosotros el tipo se halla en el metro, se encuentra con una mujer por la que siente una enorme atracción, y comienza a seguirla hasta meterse en su casa. Acoso y violación en varias ocasiones. Ni la intervención de la policía parece solucionar el trance. Ni la escapatoria de la chica a otro apartamento, a otro barrio, a otro empleo parecen atemperar la obsesión de ese hombre. Bernardita Montero tiene un papel mucho más pasivo. Colocaciones igualmente idóneas y apenas unas palabras rodeadas de gestos que intuimos entre el solapamiento de los dibujos. Cuesta mucho valorar justamente la actuación de los actores, porque forman parte de un conjunto realmente entreverado de técnicas.

La insistencia del acosador nos hace perder el aliciente. El argumento posible se deshilacha y la exposición de la idea esencial es lo único que debemos desentrañar. Ya que nos situamos en una ciudad donde da la impresión que las leyes, la seguridad y las normas no terminan de atajar el ataque. Tanto es así, que ella va cediendo terreno hasta verse seducida por esa violencia, por ese sometimiento, como si el erotismo masoquista que anida en esos allanamientos hubiera despertado en ella una pasión. Una aproximación sui géneris al síndrome de Estocolmo. La ironía es macabra.

La historieta podría haber sido más interesante, desde luego; pero el artefacto es muy persuasivo. Verdaderamente abre todo un campo de posibilidades para la dramaturgia contemporánea.

Historia de Amor

Dirección general: Juan Carlos Zagal

Autor de la novela: Régis Jauffret

Adaptación teatral: Zagal y Montserrat Antileo

Traducción al castellano: Carlos González Guzmán

Elenco: Julián Marras y Bernardita Montero

Tramoya: Christian Aguilera

Dirección de arte: Vittorio Meschi

Diseño integral: Luis Alcaide, Cristián Mayorga y Laura Pizarro

Música original: Zagal

Diseño banda de sonido: Matías Del Pozo

Dirección multimedia: Montserrat Antileo

Diseño de iluminación y dirección técnica: Luis Alcaide

Storyboard: Vittorio Meschi y Abel Elizondo

Asistencia de dirección: Laura Pizarro y Montserrat Antileo

Asistente de diseño integral: José Manuel Aguirre

Diseño y programación multimedia: Mirko Petrovich

Dibujo y modelado 3D: Vittorio Meschi, Max Rosenthal

Animación y post producción: Ilana Raglianti y Sebastián Pinto

Operador de iluminación: Luis Alcaide

Operador de vídeo: Vittorio Meschi

Operador de sonido: Alonso Orrego

Realización de utilerías: Cristián Mayorga, Catalina Inostroza e Ingrid Hernández

Diseño de vestuario: Laura Pizarro

Confección de vestuario: Sergio Aravena y Paulina Maldonado

Administración: Sally Zagal

Producción general: Teatrocinema

Coproducción: Fitam (Chile), Scène Nationale de Sète et Bassin de Thau (Francia) y Teatro UC (Chile)

Patrocinadores: Ministerio Nacional de las Culturas y las Artes (Chile) e Institut Française (Chile)

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 20 de noviembre de 2025

Calificación: ♦♦♦

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