Esencia

Ignacio García May discurre con mucha inteligencia sobre la realidad y la ficción en este drama que abre la temporada del Teatro Español

Foto de Javier Naval

Los retos dialécticos en el teatro siempre nos va remitir a esa época del neoclasicismo, sobre todo, francés, donde, bajo la máxima horaciana (docere et delectare), se dirimían las cuestiones fundamentales. De hecho, un afrancesado como Josep Maria Flotats ha pretendido eso con algunos de sus más célebres montajes, ya fuera La cena o aquel Voltaire / Rousseau. La disputa. Por eso, tampoco me parece baladí el hecho de que nuestros protagonistas porten nombres franceses, quebequeses, como son Pierre y Cecil, o sea, Pedro («Yo te daré las llaves del reino de los Cielos») y un «ciego» que debe ser guiado en la «oscuridad». Permítanme que me ponga en modo hermeneuta; puesto que la obra lo pide. Estos dos personajes, que funcionan, además, en el sentido pirandelliano, como entes para ser empleados por el Dramaturgo (también las mayúsculas son importantes en este proyecto) serán atravesados por todos los mecanismos de la ficción contemporánea. No solo por el metateatro, tan imperante hoy en día, cuando se sorprenden como canadienses que hablan en español. Una «convención». Toque humorístico que vale para atemperar una grandísima complejidad conceptual.

Por otra parte, si la propuesta únicamente fuera un juego metaficcional, es decir, un cuestionamiento interno sobre la propia ficción como estructura, entonces estaríamos en una repetición de lo establecido a lo largo de todo el siglo XX. Aquí se da un paso hacia la literatura de género distópico; no obstante, expresada de una forma sutil y algo enrevesada. Esto lo hace esotérico y muy interesante en cuanto que el lenguaje vuelve a ser el cuestionado en su poder maléfico o demiúrgico. La influencia de Juan Mayorga parece incuestionable. El dramaturgo y académico ha estado sondeando la materia de manera profusa durante todos estos años. Así, en su obra más críptica, El Golem, incurrió por unos vericuetos que aquí hallan eco. Aunque también en otras había trabajado en la construcción ficcional del argumento y de sus propios personajes, como Reikiavik o El crítico.

Por otra parte, el drama de Ignacio García May me parece fascinante e ingenioso. Principalmente, porque hace uso de aquel concepto del palimpsesto, referido en la función. Y lo hace desde diferentes puntos de vista. No solo en relación a nuestra propia vida, sino a la propia literatura, que es uno de los temas principales. Por eso, la escenografía tan mínima de Carolina González, da cuenta de esas capas del pergamino que van quedando semiborradas para dar espacio a las nuevas escrituras. El conocimiento indeleble que debe ser hallado en nosotros con los «rayos x» de nuestra inteligencia. Que el espectáculo sea breve y se concentre en lo fundamental es, desde luego, otro elemento a favor.

Ante nosotros, aparecen sentados en la mesa de un restaurante dos amigos que hacía bastante tiempo que no se veían. La conversación, al principio, es un tanto rara. Nos cuesta identificar hacia dónde nos quieren llevar. Joaquín Climent hace de Cecil, es un escritor de bestsellers, que intenta justificarse, pues el otro comensal es un catedrático de la universidad. Discurre por las vagarosas maneras de inspirarse y de introducir asesinatos para capturar al lector. Así que los primeros embates son suyos. Él resulta algo anodino, algo torpe, lo suficiente como para que caiga en las redes de su acompañante. Resulta que Cromm, el novelista más misterioso del momento, el autor de Náufragos, una narración considerada el súmmum y propiciadora de todo tipo de teorías, ha decidido concederle una entrevista. O eso dice, porque llegar a esa conclusión es algo rocambolesco. Evidentemente pensamos en Thomas Pynchon (es nombrado), de quien solamente tenemos una foto de cuando era joven. Nada más. Su prestigio proviene de la alta calidad de sus novelas. Y, si nos fijamos, en Al límite (su penúltimo trabajo. Está a punto de sacar otro), la red es la metáfora sobre la realidad y la confabulación de sus personajes sobre sí mismos.

Eduardo Vasco logra manejar los ritmos y las intensidades para que Juan Echanove se apodere definitivamente del montaje, logrando cotas de fulgor y compromiso actoral en verdad potentes. Se encarna en Pierre y le propone inventarse la entrevista con ese tal Cromm. Hasta ese instante había preparado el terreno muy certeramente con sus ideas sobre la realidad de la ficción o como afirmó Vargas Llosa con La verdad de las mentiras. Es decir, todo forma parte de la realidad, incluidos ellos dos sobre ese escenario. Recordemos que ‘realidad’ (de la que tanto se habla) procede de ‘realitas’ que, en latín, significaba ‘esencia’. Por eso planean Kant, a quien le debemos el empleo de realidad en relación a lo existente, o sea, que tiene contenido; y, sobre todo, Hegel, con su célebre afirmación de que «todo lo real es racional y todo lo racional es real». Así escuchamos que igualmente creaba «realidad» Balzac (otro francés) con su recreación de la sociedad de su tiempo en la inmensidad de La comedia humana.

A lo que asistimos es a una encarnación y a una revelación. Pierre reconoce haber participado en un plan ideado tras la Segunda Guerra Mundial. Era necesario preparar una «paz perpetua» y era pertinente, a través de dominadores del lenguaje como él, desarrollar unas técnicas de seducción y control subliminales: tonos, acentos, semántica oculta… Suena orwelliano; pero conecta, sin especificarlo, con los proyectos neurológicos de esos adalides del poshumanismo, que anhelan atrapar nuestros pensamientos. Finalmente, Echanove nos ofrece su arrepentimiento y su dolor para que el público permanezca en vilo.

Esencia, de Ignacio García May, posee los valores estéticos y filosóficos precisos para que el espectador más exigente se congracie con el teatro.

Esencia

Autor: Ignacio García May

Dirección: Eduardo Vasco

Reparto: Juan Echanove y Joaquín Climent

Escenografía: Carolina González

Iluminación: Miguel Ángel Camacho

Música y ambiente sonoro: Eduardo Vasco

Ayudante de dirección: Abel Ferris

Residente de ayudantía de dirección: Ares B. Fernández

Producción: Teatro Español y Entrecajas Producciones Teatrales

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 9 de noviembre de 2025

Calificación: ♦♦♦♦♦

Puedes apoyar el proyecto de Kritilo.com en:

donar-con-paypal

Un comentario en “Esencia

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.