Blaubeeren

Sergio Peris-Mencheta dirige con sobriedad esta obra de teatro-documento sobre la cotidianidad de los nazis en Auschwitz a través de un álbum de fotos

Foto de Javier Tolosa

El contexto actual es, como todos sabemos, la masacre que está aconteciendo delante de nuestros ojos en Palestina. De allí también aparecerán álbumes con el rostro de la «banalización del mal». Es la sempiterna idea, que tanto remite al concepto de teodicea. Si Dios existe, ¿por qué permite este horror? Cuando asistimos a estas obras sobre el nazismo, debemos reconocernos en este 2025 atenazados por, insisto, puestas en escena que nos remiten a la invasión israelí. En los mismos Teatros del Canal hemos asistidos hace muy poco a House, Amos Gitai o a Todos pájaros, de Wajdi Mouawad.

Por otra parte, el tema nazi se ha convertido de manera desconcertante en un motivo de merchandising, en un género de bestseller literario y en un apuntalamiento paradójico de aquello que denunciaba Hannah Arendt (véase versión teatral al respecto) con su popular libro sobre Eichmann. En la esfera escénica nos hallamos, además, rodeados por diferentes propuestas que atañen a la cuestión, sin ir más lejos, hace un mes observábamos Música para Hitler o, de modo significativo para el caso que nos incumbe, Coraje de madre, de Tabori, que nos destinó al propio Auschwitz.

Por lo tanto, aproximarnos fríamente a un drama de teatro-documento para adoptar la enésima perspectiva sobre el desgraciadamente célebre campo de concentración nos pilla saturados. Más todavía, si parte del espectáculo podemos compararlo muy directamente con la película La zona de interés, Jonathan Glazer, donde asumimos cómo vivía plácidamente Rudolf Höss y su familia en un recinto colindante al susodicho «matadero». De hecho, de eso trata aquel film y esta función, de indagar en la cotidianidad mientras transcurre el desastre, de preguntarnos cómo se reparte el espanto a través de un engranaje como si fuera una cadena de montaje fordista. Saber inequívocamente lo que se hace —quizás no en su dimensión—, pero considerar que no se es más que un operario en una labor conjunta. Esto, evidentemente, se ha estudiado mucho en la sicología social. Si la cinta era admirable por su tendencia al «objetivismo», me parece que la representación teatral gana cuando se aparta de la pura documentación. Porque, en ocasiones, se intenta dirigir nuestro pensamiento y nuestra atención, lanzándonos las preguntas que nosotros mismos podemos realizarnos. En este sentido, el papel que interpreta María Pascual, una historiadora dentro de Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos, puede llegar a ser un poco cargante en algunas ocasiones debido a las diversas explicaciones con las que nos atenaza; no obstante, ella responde con mucha seguridad. El didactismo cunde desde el principio en las conversaciones que, por ejemplo, tiene otra de las documentalistas, tomada con agilidad por Paloma Porcel, con la directora de la institución, una solvente Irene Maquieira (mejor en otros roles breves, aunque más particulares), que plasma sus reticencias sobre conceder protagonismo a los victimarios.

El hallazgo en 2006 de un álbum de fotos —la escenografía de Alessio Meloni es como un facsímil magno, muy elegante y atractivo, que se va desplegando con gran fundamento—, perteneciente a un militar estadounidense, aporta nuevos datos. Había sido compilado por Karl Höcker, un empleado de banca devenido teniente. Fotografías personales donde los soldados departen alegremente, y donde aparecían otras malignas celebridades como el doctor Mengele y donde, además, descubrimos un lugar de recreo, Solahütte, muy cerca del complejo, donde nuestras Helferinnen —esas jóvenes guardianas macabras— se relajaban mientras comían arándanos (de ahí el título: Blaubeeren).

Así, como intentaba afirmar más arriba, cuando el dispositivo creado por Moisés Kaufman (de quien conocíamos Gross Indecency) y Amanda Gronich accede a la ficcionalización, a la dramatización de testimonios muy convenientes, todos ganamos en la aproximación vivencial. Son los descendientes de aquellas bestias, como Tilman Taube, el nieto de Heinz Baumkötter, médico de las SS, que aparecía en varias de las imágenes. Eric de Loizaga le da sencillez a su discurso, y nos deja acompañarlo en ese proceso de comprensión. Así va ocurriendo con el hijo de otro médico, Eduard Wirths, que fomenta ese debate tan contraintuitivo en relación al código hipocrático, cuando estos profesionales no luchan por la vida de los individuos, sino todo lo contrario. O que el nieto de Höss no quiera quitarse el apellido y lo tome como una penitencia. Desde este punto de vista, Nacho López pone una enorme intención en desarrollar su rol. Igualmente, Víctor Clavijo, quien va pasando por la piel de diferentes especímenes, sobre todo ancianos (algunos se solapan en la caracterización), infunde una solemnidad y una desfachatez fenomenal, cuando aún Karl Höcker negaba las evidencias, incluso poco antes de morir en el año 2000.

Por si todo esto fuera poco, la obra acoge otro álbum, de una tal Lily Jacob, que había sido deportada junto a su familia a Auschwitz. Después de sobrevivir, por azares del destino, encontró unas fotografías donde quedaba reflejado ese terrible viaje. Puede que esta situación para el espectáculo resulte un tanto equívoca, enreda el enfoque; pues en estas instantáneas, a diferencia de las otras, sí que aparecen todos aquellos malhadados, judíos provenientes de distintas naciones, sobre todo, que iban a sufrir la maldad extrema de aquellos aniquiladores.

En conjunto, todo el elenco se mueve con orden de archivistas, motivados por una música que potencia la sensibilidad general, creada por Joan Miquel Pérez. Es más, que todos los intervinientes terminen concentrados con sus instrumentos al fondo del escenario remarca el símbolo de la unidad, de la armonía y hasta de la esperanza.

Ocurre con Sergio Peris-Mencheta, quien se esfuerza con grandísima profesionalidad en cuidar hasta el último detalle, que en sus proyectos parece que no puede evitarse remarcar el perfil moralista. Desde luego, en el asunto que nos compete, pasados ya tantos años, solo un amasijo de profundos ignorantes niega o matiza tamaña atrocidad. Eso sí, somos nosotros, por nuestra cuenta, sin que nos dirijan la reflexión, quienes debemos especular sobre nuestra posición en engranajes de destrucción masiva, ya sea por nuestra forma de consumir o de contaminar, o de usurpar por la fuerza recursos esenciales a otros países, o por nuestra desidia con los más necesitados que transitan a nuestro alrededor o, por supuesto, por no manifestarnos con vehemencia ante un holocausto («gran matanza de seres humanos») de semitas; eso son, también, los palestinos.

Blaubeeren

Dirección: Sergio Peris-Mencheta

Texto: Moisés Kaufman y Amanda Gronich

Elenco: Clara Alvarado, Víctor Clavijo, Eric de Loizaga, Nacho López, Irene Maquieira, Natxo Núñez, María Pascual y Paloma Porcel

Diseño de escenografía: Alessio Meloni (AAPEE)

Diseño de iluminación: Pedro Yagüe

Diseño de vestuario: Elda Noriega (AAPEE)

Diseño de sonido: Benigno Moreno

Diseño de audiovisuales: Emilio Valenzuela

Composición musical: Joan Miquel Pérez

Atrecista: Eva Ramón

Dirección de producción y producción ejecutiva: Nuria-Cruz Moreno

Ayudante de dirección: Javier Tolosa

Ayudante de vestuario: Paula Fecker

Adjunto dirección de producción: Fabián Ojeda Villafuerte

Jefa de producción y regiduría: Blanca Serrano

Gerente en gira y regiduría: Paco Flor

Auxiliar de producción: Elena Prados

Administración: Henar Hernández

Asistente de gerencia: Jennifer Alonso

Dirección técnica: Alberto Hernández de las Heras

Técnico de luces: David González y Juan Andrés Morales

Técnico de maquinaria: Juan Moscoso, Paul Jara y David González

Técnico de sonido: Pablo de la Huerga y Benigno Moreno

Técnico de vídeo: Juan Ignacio Arteagabeitia

Jefa de prensa: María Díaz

Fotografía de cartel: Sergio Parra

Fotografía de escena: Javier Tolosa

Diseño gráfico: Eva Ramón

Distribución: Producciones Teatrales Contemporáneas

Una producción de Barco Pirata en coproducción con Producciones Teatrales Contemporáneas

Agradecimientos: Teatro Municipal de Coslada

Here There are Blueberries fue originalmente encargada y desarrollada por Tectonic Theatre Project Moisés Kaufman, director artístico y Matt Joslyn, director ejecutivo

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 29 de junio de 2025

Calificación: ♦♦♦

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