Escena – Fin de temporada 2023-24

Entre el general estado del teatro más seguidista y políticamente pacato, esta temporada nos hemos encontrado con una buena colección de propuestas destinadas a perdurar

Vudú (3318) Blixen - Luca del Pia
Foto de Luca del Pia

Una temporada más que se cumple por estos lares, decimoprimera ocasión en Kritilo, fuera ya de La Lectura de El Mundo, que hizo aguas tal y como la conocimos (época satisfactoria, por supuesto). Convendré, para resumir, que entre la abundancia de funciones, continúa la misma línea de pertinaz decadencia. Mucho entretenimiento, mucha distracción, muy poco atrevimiento a la hora de salirse de los cauces morales y políticos de lo establecido por el público «objetivo». Los espectadores aplauden a rabiar o desisten, y ya no acuden (aburrimiento o desprecio de las soflamas de turno). No parecen darse las medias tintas. El respetable sigue abducido y no parecen encontrarse diferencias sustanciales en su emotividad (en su emotivismo) entre los espacios «exquisitos» y los comerciales. El criterio unánime se resuelve con esta sentencia: «es bueno, porque me ha gustado». O: «es bueno, porque me ha emocionado». Que no se enfaden las excepciones reflexionantes.

Nada resultaría más sugerente y más alentador que los creadores fueran contra sus propias proclamas, contra su propia ideología, y que elucubraran a través de la ficción con otras vivencias posibles. Escapar del redil mental sería oxigenante para todos, aunque supusiera polémica. Reconozcamos que en la escena patria apenas acontece la controversia. La excepción ha sido Altsasu, de María Goiricelaya, que soliviantó a ciertos partidos, que animaron a la censura. Estupenda noticia, desde mi punto de vista, que se logre la agitación desde un arte tan poco influyente en nuestra sociedad.

Peor todavía, parece que unos polvos mágicos de ingenuidad se han esparcido por doquier para que el personal se evada de los males del mundo. Algo así como la psicología positiva aplicada a la dramaturgia. Alegría Station, en todo un Matadero, se llevó la palma. Después están los «vanguardistas» de la nadería formalista. Como Una isla, de Agrupación Señor Serrano o Kill me, de Marina Otero.

Ante todo, me debo fijar en lo más excelso. Una decena de espectáculos, donde resalta de manera apabullante el Vudú (3318) Blixen, de Angélica Liddell. Sin duda, uno de los montajes más grandiosos del siglo XXI. Más de cinco horas de experiencia subyugante, donde la artista supera sus planteamientos sublimando el romanticismo y entregándose vivamente a la angustia amorosa. Un sacrificio, un desgarro, un ritual y una ensoñación que nos permite adentrarnos en su estética de modo extático. Luego, he podido disfrutar de otra serie de propuestas estupendas y verdaderamente estimulantes. La Hedda de Aurore Fattier multiplicó las perspectivas combinando no solo cine y performance, sino diferentes metateatralidades. Por su parte, Pablo Rosal hizo regresar su Castroponce al Teatro del Barrio. Un texto de un ingenio notable, muy afín al humor que debemos considerar absolutamente hispano y que se alimenta del absurdo y del casticismo. Muy distinta fue la apuesta de otro Pablo, Remón, quien nos «sometió» a un doble visionado del Tío Vania de Chéjov. Dos veces la misma obra para propiciar un diálogo, que lograba más que la suma a través de un elenco afinado.

Por otro lado, merece la pena destacar otras tantas piezas de gran calidad. La adaptación de La madre de Frankenstein, que realizó Anna Maria Ricart y que dirigió Carme Portaceli, superaba la novela de Almudena Grandes. Mientras que me han satisfecho totalmente dos interpretaciones por encima del resto. En mitad de tanto fuego nos entregaba a un Rubén de Eguía embebido de su Patroclo para dar voz a los poéticos fragmentos de Alberto Conejero. Y La madre, de Florian Zeller, que Aitana Sánchez-Gijón encarnó con una entrega formidable.

En el apartado de rarezas, me gustaría señalar ANGELA (a strange loop). Si bien la concepción de Susanne Kennedy nos destinaba al tedio, hay que reconocerle su originalidad en el momento de plasmar ese proceso alquímico dentro de nuestra contemporaneidad. También jugaron con la extrañeza las gentes de ex_límite, con Juan Ceacero y Fernando Delgado-Hierro a la cabeza, para hacer unas Ficciones tan borgianas como estrafalarias (espero que regresen a las tablas).

Finalmente, una de las mejores direcciones de estos meses ha sido la de Iñaki Rikarte con El monstruo de los jardines, de Calderón de la Barca; pues ha sabido trasladar las ideas de las fiestas barrocas y cortesanas con los lenguajes del presente.

Siempre es, en definitiva, una gran satisfacción toparse con obras que aún mantienen vivo el auténtico espíritu teatral. Esta circunstancia es la que empuja a uno a continuar una temporada más aplicando el tamiz para atisbar lo sobresaliente.

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2 comentarios en “Escena – Fin de temporada 2023-24

  1. Muchas gracias por esta notable página de crítica teatral seria y afinada, se puede estar de acuerdo o no, como es lógico y hasta salubre, pero lo que no se puede negar es la pasión del crítico y la profundidad de sus argumentos y referencias que, acertadas o no, enriquecen a quien las lee y le generan curiosidad por seguir indagando en este necesario Arte.

    Me ha extrañado que no haya esperado a incluir en la reseña final de temporada la obra 14.4, que acabo de venir de ver en Matadero y ciertamente es una función reseñable, al igual que Festen, que no aparece mencionada

    Feliz Verano y que regrese usted con ánimos renovados.

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