Hipatia de Alejandría

La versión sobre la filósofa neoplatónica que se presentó en Mérida queda bastante deslucida en el Teatro Reina Victoria

hipatia-de-alejandriaUno acude con los ecos de lo que fue este espectáculo en el Teatro Romano de Mérida y siente que se nos entrega una versión low cost. Está claro que el marco incomparable no se puede trasladar; pero hay que hacerse cargo de ello para que distintos aspectos dramatúrgicos no se vean tan menoscabados. Primeramente, contamos con una caja escénica en el Reina Victoria algo escueta como para ocuparla por una coherente escalinata circular que debe jugar simbólicamente con las órbitas planetarias. Se nota que el sitio queda constreñido cuando aparece un coro de tres seres de aspecto mitológico con casquetes algo carnavalescos que nos introducen en esa aproximación astrológica comandada por los dioses. Pienso que en la ciudad extremeña pudieron tener un sentido, pues resulta necesario ambientar el espectáculo e irlo hilando con aire trágico; no obstante, aquí, tan cerca, estos danzarines resultan algo estrafalarios y no parecen que se puedan mover con suficiente viveza. Insisto en que parece una buena idea; pero que aquí no encaja. Eso sí, el vestuario de Rafael Garrigós parece más satisfactorio en el resto de personajes, pues, ante la ausencia de una escenografía más consistente, su buen hacer en los diseños es lo que auténticamente nos traslada imaginariamente al siglo V en Egipto.

Lo que aquí sí encaja, y debería hacerlo más, es el diálogo sapiencial. Es ahí donde mejor funciona la obra firmada por Miguel Murillo, que dirige Pedro A. Penco; porque, como veremos, el dinamismo que surge cuando los cristianos coptos anhelan terminar con el círculo de Teón y, después, con su hija Hipatia, las acciones violentas se resienten actoralmente en el espacio reducido. O sea, las revueltas, las luchas y los movimientos de los distintos grupúsculos que debemos intuir en un teatro a la italiana resultan deslucidos.

Por otra parte, al elenco (compuesto por otros intérpretes respecto de Mérida) le falta fuerza y conjunción en diferentes momentos. Errores propios de un estreno que no favorecen una buena realización. En cualquier caso, Silvana Navas, quien esta temporada ya hizo de «bruja» en Fiesta de farsantes, se encarna ahora en la filósofa neoplatónica para realizar un recorrido apreciable entre la muchacha ansiosa de saber y, después, como mujer algo monjil (el ascetismo aquí es persistente, cuando Orestes intenta seducirla) que vive por y para la astronomía hasta caer en la desgracia absoluta. De hecho, el momento eureka en el que nos explica el movimiento elíptico de La Tierra posee un didactismo amable y, a la vez, certero. Sí es cierto que la obra va encajando frases de carácter feminista muy destinadas al público actual; pero, en general, no se nos abruma con grandes lecciones científicas. Luego, Teón, que toma Antonio M. M., resulta del todo afable, aunque algo estereotipado como sabio bonachón. Por eso, el contraste con Pedro el Lector, que está al servicio del patriarca Cirilo, es demasiado maniqueo. Este es malo malísimo, un asesino absolutamente alejado de lo que podríamos considerar hoy un seguidor de Cristo. Y Chema Pizarro lo ejecuta con verdadera vesania. Luego, entre esos personajes intermedios, como cohesionadores de esos mundos extremos e incompatibles, disfrutamos con el Loco de Cirene, que Francis Lucas recrea con gran equilibrio y con gran persuasión humorística. Me parece que sus frases, en este montaje, son más útiles dramatúrgicamente para enlazar las distintas escenas, que el propio coro. Por otra parte, Paca Velardíez es una esclava atenta a las enseñanzas celestes de sus amos. Y Alberto Puerto, saca adelante con sensibilidad y sencillez al discípulo Sinesio, para ir completando ese vaivén extremista entre las distintas sectas en disputa dentro de esa Alejandría aún manejada por los romanos.

En verdad, intuimos un territorio de sincretismo extraordinario, donde las ideas más racionalistas se ven menoscabadas por todas aquellas visiones religiosas que seguían ampliando su capacidad de influencia. Y aunque visualmente la propuesta no ofrezca una factura más creíble, al menos poseemos una historia fascinante. Ya sabemos que Hipatia, como filósofa, se ha ido recuperando en las últimas décadas, ya sea por la película de Alejandro Amenábar u otras publicaciones, como alguna biografía, como también por el movimiento feminista. Esta versión teatral también ayudará a su conocimiento.

Hipatia de Alejandría

Dirección: Pedro A. Penco

Dramaturgia: Miguel Murillo

Reparto: Silvana Navas, Rafael Ortíz, Antonio M.M., Alberto Puerto, Paca Velardíez, Chema Pizarro, Juan Carlos Tirado, Francis Lucas y Gema González

Vestuario: Rafael Garrigós

Una coproducción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y de Amarillo Producciones

Teatro Reina Victoria (Madrid)

Hasta el 19 de junio de 2022

Calificación: ♦♦

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