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Romeo Castellucci traza con brutalidad la antropología de la violencia a través de un cuerpo de policía paródico

Bros - FotoSuperficialmente esta obra compleja puede resultar repetitiva e insulsa, una vez estamos acostumbrados ­—nuestro mundo audiovisual así lo ha propiciado— a ciertas imágenes de violencia. Como ocurre con los grandes directores teatrales, es necesario deconstruir su propuesta, escarbar en las entrañas de la dramaturgia para comprobar si, detrás de lo evidente, hallamos una construcción potente, enérgica y solvente filosóficamente hablando. Desde mi punto de vista, Romeo Castellucci ha trenzado con gran inteligencia y hasta valor y entereza, unos conceptos gravosos que nos exigen abstraer un discurso que pretende conectar, como un arcano: el origen de la violencia. Que inicialmente tengamos que soportar una especie de máquina destructora sonando como si se pretendiera aturdirnos, ya es una captatio desafiante y aplaca nuestra impaciencia y demuestra nuestra docilidad. Sigue leyendo

Go down, Moses

Romeo Castellucci plasma sobre la escena su concepción de la maternidad a través del mito mosaico

Foto de Guido Mencari
Foto de Guido Mencari

Epatar ante todo. Desplegar todos los recursos para generar un espectáculo subyugante y dejar a medio hervir la platea en la inauguración del XXXIV Festival de otoño en primavera. ¿Cuánto es necesario que le aportemos a la obra en cuestión con nuestras interpretaciones, con nuestro bagaje cultural, con nuestras paranoias subjetivas? Castellucci trabaja con los materiales del arte conceptual, pero te somete a su observación como si fueras el visitante de un museo. Este Go down, Moses (Desciende Moisés) expone varios cuadros lo suficientemente inconexos como para que tengamos, si queremos, que unirlos en una especie de relato algo endeble, lo cual requiere una descodificación. Inicialmente, un grupo de alborotados burgueses se reúnen en una exposición donde la acuarela de Durero, Liebre joven, da el pistón de salida. Tomemos cuenta. La liebre como símbolo de la fertilidad, pero, a la vez, como alimento prohibido, según le indicó Yahvé al propio Moisés (por ser rumiante, afirmaba el Ser Supremo. Sí, una liebre rumiante, dice la Biblia). Segundo cuadro: una turbina en acción provocando un gran estruendo, capaz de despedazar largos mechones femeninos. Tomemos cuenta. El poder de la máquina actual y su capacidad destructora, del sacralizado progreso barruntando su escalada prometeica, de la invalidación de la mujer como única dadora de vida, del futuro posthumano y desespiritualizado. Tercer cuadro. Cual pintura hiperrealista de Antonio López: un cuarto de baño. La mamá del profeta despatarrada, desangrándose y con el bebé como Carlos V. Sigue leyendo