El cielo que me tienes prometido

Ana Diosdado se despidió con este insustancial choque entre Teresa de Jesús y la princesa de Éboli

Foto de Guillermo M. Díez
Foto de Guillermo M. Díez

La dramaturga falleció en octubre de 2015, pocos meses después de que hubiera presentado esta obra sobre el breve encuentro entre Teresa de Jesús y la princesa de Éboli. Lo que parece ser un drama de circunstancias, creado ad hoc para el quinto centenario del nacimiento de la mística, muy menor respecto a otros textos y creaciones de la autora, se convierte en el punto álgido del homenaje póstumo. Da la impresión de que se tenía en mente a cierto público abulense, proclive a fagocitar cada una de las propuestas que revaloricen a la santa carmelita; porque, como vamos a ver, el producto que se nos presenta ahora en el María Guerrero no cuaja en casi ninguna de las facetas. La primera cuestión que hay que dirimir es por qué un enfrentamiento, ya de por sí carente de trascendencia en la vida de Teresa, se reduce aún más en una función que no pasa de la hora y veinte minutos, dedicándole apenas media hora. Más aún, el núcleo se desvigoriza porque el larguísimo preámbulo transcurre en una conversación de cierta hondura entre la santa y Dios, y otra entre esta misma y la criada de la princesa que, como tal, se expresa con la inocencia y la tozudez de alguien sin las letras que nos pudieran deparar una charla con mayor recorrido. Es una especie de relleno hasta que llega Ana Mendoza, pero más relleno es que, previa fanfarria tipo lámpara maravillosa, la voz de Emilio Gutiérrez Caba aparezca para recitar a San Juan de la Cruz aquello de «Vivo sin vivir en mí / y de tal manera espero / que muero porque no muero», de las «Coplas de el alma que pena por ver a Dios» (luego, regresará con más versos). La insistencia por encajar sucesivamente la poesía del otro gran místico, no deja de ser un pegote que ahonda en esa idea de espectáculo teatral que debe tener un poco de todo para que los profundos conflictos celestiales no cohíban la atención. Entre tantas, claro, pues se nos dan a conocer, de forma bastante expositiva, diferentes anécdotas sobre Teresa de Cepeda, un picadillo biográfico con algo de sus achaques, amoríos de poca enjundia o sus opiniones sobre la lírica. Luego, cuando por fin irrumpe la princesa de Éboli, asistimos a un combate desigual entre alguien que ha impuesto unas normas de devoción verdaderamente coherentes con su fe y una viuda que quiere tomar los votos, pero a su manera, como alguien capaz de fundar la primera congregación pija de monjas en los albores del Barroco. Podríamos quedarnos con las interpretaciones, aunque estas también se muestran desiguales. Si bien María José Goyanes, en el papel de Teresa, cumple con profesionalidad, aportándole ese aire cercano y hasta hogareño de una mujer en perpetuo conflicto interior. Sin embargo, lo que le ocurre a Elisa Mouliaá con su criada Mariana es que su personaje no da más de sí y se alarga en exceso; y lo que debería ser un apuntalamiento cómico, termina en cotorreo sin más. Finalmente, Irene Arcos gana en la furia, pero se desvanece en lo íntimo y sentido de su princesa entristecida. Por otra parte, la escenografía y el vestuario preparados por Alfonso Barajas no se conciben para una función que no se manifiesta dentro de lo simbólico, donde sí se podría justificar tanta blancura, tanta asepsia. Igualmente la iluminación tan generosa de Rafael Echeverz, nos usurpa un mayor acompañamiento en esos tímidos momentos en los que podría darse algún escorzo interpretativo.

¿Cuáles han sido auténticamente los motivos para realizar este montaje? Probablemente, poner en escena una simple semblanza sobre Teresa de Jesús. Pero El cielo que me tienes prometido se queda en una insustancial obrita con la que desgraciadamente se despidió Ana Diosdado. Un buen homenaje requerirá propuestas de superior calado y dimensión.

El cielo que me tienes prometido

Texto y dirección: Ana Diosdado

Reparto: Irene Arcos, María José Goyanes y Elisa Mouliaá

Voz en off: Emilio Gutiérrez Caba

Escenografía y vestuario: Alfonso Barajas

Iluminación: Rafael Echeverz

Música y espacio sonoro: Luis Delgado

Director ayudante: Diego Sabanés

Diseño cartel: BYG / Isidro Ferrer

Fotos: Guillermo M. Díez

Producción: Salvador Collado

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 18 de septiembre de 2016

Calificación: ♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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