Sansón de las islas

Luciano Castro se encarna en un célebre luchador de pressing catch para recrear un espectáculo con el trasfondo de la guerra de las Malvinas

Foto de Carlos Furman

Hace unos meses regresaba a las tablas ¡Esta noche, gran velada!, de Fermín Cabal para retratar esa podredumbre que ha rodeado siempre el boxeo, el que se alimenta de púgiles de barrio que caen en los amaños por su pura necesidad e ignorancia manifiesta.

Nos encontramos con un montaje de mimbres convencionales. Con loables intenciones, a la hora de recordar aquella maratón televisiva ─mayo del 82─ que se organizó para que las estrellas del país animaran a los conciudadanos a donar todo lo que fuera posible para ayudar a las tropas. Por lo visto, aquella recaudación no llegó a sus destinatarios previstos; sin embargo, aquí el caso se centra, como icono patético, en un púgil celebérrimo venido a menos. Un juguete pop, un personaje de esos que nos rodean por doquier, alguien emanado de aquel espectáculo tan chusco, a la postre, que era el pressing catch (observemos qué nimia repercusión tuvo en España la reciente muerte de Hulk Hogan, cuando había sido una megaestrella de los noventa). Como se afirma en la función, el «catch ha muerto». Ejercicio circense, solo apto para ingenuos y para aquellos que anhelaban fantasear con lo que hoy es la verdad más violenta, el MMA que tanto triunfa.

Me parece que Gonzalo Demaría, firmante de este texto, se recrea y se demora, en los diálogos, extensos, en las pocas escenas que ocupan este breve proyecto. Siempre es admirable que los autores depuren sus obras y que no regalen explicaciones innecesarias a los espectadores; aunque no tengo claro que el público español (como ha sido en esta ocasión) vaya a empatizar con el conflicto de fondo. Aquella guerra de las Malvinas ─se volvió sobre ella hace un par de años con El salto de Darwin─ nos queda lejos, emparedada por otras conflagraciones de mayores dimensiones, en un mundo ansioso. Es decir, contemplamos a estos individuos sobre el tapiz y no alcanzamos a medir la auténtica dimensión de su desdicha.

Nuestro Sansón, quien ha pasado por la peluquería, que cojea de una pierna porque un autobús lo pasó por encima; pero que conserva un cuerpo musculado enviable a pesar de frisar los cincuenta años, es un exluchador, es el tipo que atiborró el Luna Park, cuando hace una década fue unos de los hombres más insignes de aquella Argentina que Maradona iba a reinar. Luciano Castro encaja a la perfección en el papel y resulta enormemente convincente en sus gestos pugilísticos y en su cariz de hombre tullido. Si escuchamos atentamente a su esposa, Lea, que había cumplido sobre el ring las funciones de Dalila, entenderemos que esos luchadores, como ha ocurrido históricamente en el planeta, procedían de barrios pobres y contaban con poca educación. Nuestro protagonista sabe leer, a diferencia del resto, que han encontrado puestos de brigadistas de la dictadura (terminaría justo después de la batalla). Bien que lo recalca Vanesa Maja con ese tono cómico de mujer echada para adelante, cuando se las tienen que ver con el coronel Garmendia. En este hallamos un rol más escurridizo. De esos seres que ejercen el poder a cada instante, aquí marca el ‘vos’ y el ‘usted’ con distanciamiento y soberbia. Y, en esa idea tan explorada desde el nazismo, aquello de la sensibilidad al arte y la capacidad para el asesinato en el mismo humano. Lo discurríamos sobre ello la temporada anterior en Música para Hitler. En este militar la afición por la ópera es una perdición. Se marcará un paralelo entre Tosca y nuestro drama, con las súplicas de Dalila por su marido. Para apostar firmemente por esta intertextualidad y favorecer el camino hacia la espectacularización, Constanza Díaz Falú y Fernando Ursino cantan pequeños fragmentos de la obra de Puccini. Quizás esa veta podría haberse exprimido más. Igualmente, el homoerotismo de este coronel habría dado, incluso, más juego. Su apadrinado, el joven luchador Jorgito, nos deja a un Gonzalo Gravano repleto de inocencia, quien resulta un antagonista magnífico para provocar el contraste. Sansón deberá vestirse de pirata inglés para aceptar la derrota pactada y así animar a los patriotas, pues el ganador será el gauchito, quien se presentará de azul celeste con las boleadoras en las manos. El vestuario, sobre todo de los contendientes, de Jorge López perfila con gran precisión el simbolismo que se arrastra.

La dirección de Emiliano Dionisi gana en el desenlace. El combate permite alzar el vuelo dramatúrgico, darle una lógica dinamicidad, una búsqueda épica del pundonor, que es, al final, con lo que debemos quedarnos. De todas formas, creo que es una propuesta que se queda coja en su esfera política. El sarcasmo sobre las palabras empleadas en la lengua anglosajona es apenas un rasguño crítico para rememorar aquella insensatez.

Sansón de las islas

Texto: Gonzalo Demaría

Dirección: Emiliano Dionisi

Elenco: Luciano Castro, Manuel Vicente, Vanesa Maja y Gonzalo Gravano

Cantantes: Constanza Díaz Falú y Fernando Ursino

Diseño de iluminación: Lucía Feijoó

Diseño de vestuario: Jorge López

Diseño de escenografía: Cecilia Zuvialde

Música original y dirección musical: Manuel De Olaso

Directora asistente: Julieta Abriola

Coordinación de producción artística: Juliana Ortiz y Constanza Comune Páez

Coordinación de producción técnica: Pedro Colavino

Coordinación de escenarios: Julián Castro, Lucas Pulido

Coordinación de talleres de realización: Guadalupe Borrajo

Coordinación de talleres de vestuario: Camila Ferrín y Laura Parody

Asesor en lucha: Javi Guerrero

Una producción del Teatro San Martín-Complejo Teatral de Buenos Aires

Con la colaboración de Air Europa

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 12 de octubre de 2025

Calificación: ♦♦♦

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La verdadera historia de Ricardo III

Calixto Bieito desborda con excesos dramatúrgicos la tragedia de Shakespeare, para dejar que brille Joaquín Furriel en los Teatros del Canal

Foto de Carlos Furman

Pronto a nosotros también sufriremos una escoliosis, aunque sea por pura mímesis. La tragedia de William Shakespeare aspira al trono absoluto de obras hiperadaptadas en nuestra escena. Puedo hacer un somero repaso y fijarme en la versión de Miguel del Arco y Antonio Rojano o de Marco Paiva o de Yolanda Pallín o la particular performance de Sara Beer o la extraordinaria expresión de Joan Carreras en Historia de un jabalí o aquella Lady Anne del año pasado. Por no referirme a la antología trágica que dirigió el propio Calixto Bieito hará un par de temporadas (Erresuma / Kingdom / Reino). No quiero ir más lejos, ni más atrás. Sigue leyendo

Escena – Fin de temporada 2024-25

Repaso a los espectáculos más sobresalientes de este curso que acaba de finalizar en la esfera teatral

Foto de Jean Louis Fernandez

Que la tendencia conservadora y buscadora de públicos más talluditos y fieles se va imponiendo en la mayoría de los teatros es ya una obviedad. De alguna manera, esta pulsión arrastra también a creadores que estarían dispuestos a arriesgarse más; sin embargo, ven que el propio ambiente lo ha hecho más complicado. Parece que ciertas líneas se van difuminando como, por ejemplo, esas ínfulas juveniles de otros años donde se nos esputaban consignas sobre su sacrosanta identidad; pero con tono victimista y ñoño. Sigue leyendo

Los empeños de una casa

Aurora Cano organiza una fiesta barroca repleta de boleros con una sugerente escenografía, para esta comedia de sor Juana Inés de la Cruz

En varias ocasiones se ha llevado a escena esta comedia de enredo de sor Juana Inés de la Cruz. La última memorable fue aquella de 2018 que representaron los jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Ahora llega la Nacional de México a sobredimensionar esta obra hasta llevarla más allá de las dos horas. Todo un exceso, producto de la inclusión de los boleros más célebres del planeta para que la fiesta barroca se haga contemporánea y se folclorice otro tanto. Realmente, todos los elementos artísticos que se ponen en juego permiten que el espectáculo resulte más llevadero, entretenido y gustoso, pues el texto no es gran cosa. Sigue leyendo

Blaubeeren

Sergio Peris-Mencheta dirige con sobriedad esta obra de teatro-documento sobre la cotidianidad de los nazis en Auschwitz a través de un álbum de fotos

Foto de Javier Tolosa

El contexto actual es, como todos sabemos, la masacre que está aconteciendo delante de nuestros ojos en Palestina. De allí también aparecerán álbumes con el rostro de la «banalización del mal». Es la sempiterna idea, que tanto remite al concepto de teodicea. Si Dios existe, ¿por qué permite este horror? Cuando asistimos a estas obras sobre el nazismo, debemos reconocernos en este 2025 atenazados por, insisto, puestas en escena que nos remiten a la invasión israelí. En los mismos Teatros del Canal hemos asistidos hace muy poco a House, Amos Gitai o a Todos pájaros, de Wajdi Mouawad. Sigue leyendo

Coriolano

Antonio Simón cuenta con un buen elenco para dirigir esta tragedia de Shakespeare en los Teatros del Canal

Coriolano – Foto de Jero Morales

Si a principio de temporada daba cuenta de la versión contemporánea ofrecida por Emilio del Valle, ahora llega la mirada más ajustada al original de Antonio Simón para trazar la biografía de héroe. Ambas propuestas dialogan, en cualquier caso, con nuestro presente. Es fácil encontrar líderes por doquier tan ambiciosos como nuestro protagonista rodeado de grupos igualmente pertinaces. Volvemos a encontrarnos, por lo tanto, con una función que sobresale, ante todo, porque el elenco está configurado por actores y actrices de gran solvencia. Creo que Roberto Enríquez es una estrella de la interpretación teatral que no está considerado como se debe. No hará ni unos meses cuando demostró sus habilidades en Los cuernos de don Friolera. Sigue leyendo

Divinas palabras

Atalaya recupera su visión sobre el clásico de Valle-Inclán para insistir en su estilo expresionista

Si hace unos meses los Teatros del Canal daban cobijo a Los cuernos de don Friolera, uno de los esperpentos más logrados de Valle-Inclán, ahora vuelven los de Atalaya sobre su montaje de 1998. La compañía sevillana ofrece su habitual estilo expresionista de influencia germánica que tan pertinentemente se ajusta a las concepciones de nuestro célebre dramaturgo. Muy distinto de la estética propuesta por José Carlos Plaza quien presentaba su visión nuevamente en 2020 (sobre su idea de 1987) y muy contrario a la crítica vitriólica que exponían los gallegos de Chévere con su Divinas palabras revolution en 2018. El Brujo, con El alma de Valle-Inclán, discurrió por sus propios derroteros.

Ricardo Iniesta exprime hasta la saciedad un objeto, un símbolo, un motivo, que observaremos durante toda la función. El cono luminoso, multiplicado por otros tantos y a varios tamaños, que nos sirven de caperuz semanasantero, tipi de estos indios correcaminos, arboleda fantástica, copas doradas de licores deletéreos, velorio de veladores en sacristía, riscos para cabras montesas y hasta cunnus empoderante. Sigue leyendo

House

El cineasta israelí Amos Gitai traslada al teatro su trilogía sobre la ocupación en diversos territorios de Palestina

Foto de Simon Gosselin

Estamos ante una sinécdoque, una parte que da cuenta de un (casi) todo. Observamos desde un satélite cómo se ha ido procediendo a la ocupación israelí sobre los territorios de Palestina y uno contempla todas esas nuevas construcciones que han nacido sobre el derrumbe de otras. Terrible es que este montaje que recorre tanto tiempo vaya a ser tamizado a partir de un contexto actual tan acuciante. Cómo vamos a caldear el ambiente nosotros desde nuestra conciencia, pues lo que descubrimos en escena es bastante frío, bastante distanciador, tan carente de una violencia expresa. Este hecho nos puede echar para atrás. La propuesta no es muy atractiva en su ritmo y en su estatismo. Menos, si tenemos que leer tanto. Más de cuatro lenguas se emplean, entre ellas el francés, el inglés, el yidis y el árabe.

El director de cine Amos Gitai decidió hace unos años enlazar teatralmente los documentales House (1980), A House in Jerusalem (1997) y News from Home News from House (2005). La primera parte ─si uno quiere visionar la película─ informa de cómo se ha derrumbado una casa y cómo se está construyendo de manera casi idéntica. Todo ello en blanco y negro, con los trabajadores golpeando la piedra. Así se representa sobre las tablas. La contundencia de esos martillazos no tiene nada que ver con las explosiones de los últimos meses, pero perturba el espacio escénico. Los andamios flanquean el foco central, y en ellos se hospedan los músicos. Alexey Kochetkov tocará el violín distintas ocasiones con tinte folclórico para matizar las discrepancias, mientras que, en el otro lado, Kioomars Musayyebi se ocupará del dulcimer para insistir en la tensión creciente. Sumémosle un pequeño coro, con la sobresaliente y conmovedora actuación de Dima Bawab, que logra verdaderamente despertarnos del tedio que, de vez en cuando, nos atenaza. De hecho, la música es el elemento que más infunde la pasión dentro de un proyecto algo monolítico en sus expresiones directas, pues se presentan con sus nombres y detallan su biografía en un procedimiento reiterativo.

Porque no asistimos apenas a diálogos que supongan agrias discusiones políticas. Los dos obreros, al principio, gentes de los pueblos cercanos, se manifiestan desde la derrota, con humildad y con furia contenida. Lanzando, si acaso, preguntas retóricas a los propios espectadores sobre qué haríamos nosotros si nos usurpasen nuestras propiedades. Se habla, entonces, de una casa que tuvo que ser abandonada por un médico palestino en 1948, durante la guerra árabe-israelí. Es la familia Dajani, la que tuvo que emprender el camino del exilio. Por eso, de una forma muy elocuente, observaremos a Bahira Ablassi encarnándose en una anciana que nos resume el periplo.

Por otra parte, conoceremos a Michel, un artista belga que es interpretado con descaro y un ápice de soberbia por Micha Lescot, un sionista convencido de su posición ideológica. Muy convincente en sus intervenciones. Se acoge a la huella de sus ascendentes, asesinados unos y otros supervivientes del holocausto. Ofrece, desde luego, el contraste a la evidencia de un robo.

Algunas escenas de los susodichos documentales se cuelan en la gran pantalla. También algunos fragmentos de otras películas del cineasta. El repaso de la historia del último siglo en aquel territorio queda marcado con una serie de hitos. Se escucha a un constructor hablar sobre la casa, revelarnos los significados del nombre de aquella calle: Dor Dor Vedorshav, que deja hoy un panorama espléndido de chalets repletos de enredaderas. Otros individuos sucumben a la melancolía que exige la desesperanza. De todas formas, el asunto se extiende enormemente. No querer incurrir en el propio conflicto de modo tajante implica, de alguna manera, que nos movamos en círculos, que volvamos una y otra vez sobre la metáfora principal. Las cuestiones geopolíticas, el terrorismo o la actitud del resto de países indirectamente implicados a lo largo de estos años queda para que nosotros completemos la función.

Hace unos meses, en los mismos Teatros del Canal, asistíamos a Todos pájaros, de Wajdi Mouawad. El propio director de La Coline ha sido el responsable de enviarnos el espectáculo de Gitai. Podríamos considerar que sus procedimientos dramatúrgicos insisten en la incomunicación; pero las importantes remisiones son, en el presente, ineludibles.

House

Texto y dirección: Amos Gitai

Reparto: Bahira Ablassi, Dima Bawab, Irène Jacob, Alexey Kochetkov, Micha Lescot, Pini Mittelman, Kioomars Musayyebi, Menashe Noy, Minas Qarawany, Mark Bonney, Danielle O’Neill, Nathan Mercieca y Ghassan Ashkar

Asistente de escenario: Talia de Vries

Adaptación del texto: Marie-José Sanselme y Rivka Gitai

Escenografía: Amos Gitai asistido por Philippine Ordinaire

Vestuario: Marie La Rocca asistida por Isabelle Flosi

Iluminación: Jean Kalman

Sonido: Éric Neveux

Dirección musical: Richard Wilberforce

Colaboración en el video: Laurent Truchot

Peluquería y maquillaje: Cécile Kretschmar

Preparación y dirección de sobretítulos: Katharina Bader

Construcción de escenografía: taller de La Colline – théâtre national

Producción: La Colline – théâtre national

Estreno en La Colline – théâtre national 14 marzo 2023

Extractos de las películas de Amos Gitai: House (1980), House in Jerusalem (1998), News from Home / News from House (2005), Kippur (2000) y Field diary (1982)

Con la colaboración de la Fundación Casa Pintada – Museo Cristóbal Gabarrón

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 26 de abril de 2025

Calificación: ♦♦♦

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El efecto

Juan Carlos Fisher dirige el éxito de la dramaturga británica Lucy Prebble, un drama sicologista sobre el poder de la química en nuestro cerebro

Foto de Elena C. Graíno

El efecto es efectista. Se la recomendaría, para que se entretuviesen, a los adolescentes. Cuesta pensar que el público adulto que suele ocupar las butacas de los Teatros del Canal no vaya a detectar las simplificaciones con las que se acomete el planteamiento. Por un lado, habría que señalar que la obra, tan acuciante para el momento que vivimos a partir de este constructo tan avieso de la «salud mental», se ha quedado anticuada. De hecho, ya lo estaría en aquel 2012 en el que se publicó. Los fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina han sido puestos tan en cuestión que la siquiatría más seria declara abiertamente que esa vía antidepresiva apenas «funciona» en el 10% de los casos. Sigue leyendo