José María Esbec dirige este díptico del belga Paul Verrept sobre una pareja desasosegada por la llegada de migrantes

A pesar de las similitudes, esto no es como en La clausura del amor. Igualmente nos encontraremos a una pareja que se rompe y, además, atenderemos la narración de cada uno de ellos por separado. Cuarenta y cinco minutos cada uno. Sin embargo, aquí se traza un díptico con varios grados de distanciamiento. El tema es que el dramaturgo belga Paul Verrept escribió inicialmente el texto Pleamar, que es el primero que escuchamos, y luego discurrió sobre la mirada del varón. De este modo, Rebeca Hernando, quien viene de hacer Duerme bajo las aguas, donde, también, procedía con diversas narraciones, toma la palabra para narrar y narrar. Sigue leyendo


Desde luego, tal y como les han ido a otros dramaturgos estadounidenses de entreguerras, lo justo hubiera sido que Susan Glaspell hubiera tenido un reconocimiento mayor, pues en ella reconocemos los influjos de Ibsen o de Maeterlinck acomodados a su realidad de su país. Seguramente, O`Neill, que fue, en cierta medida, auspiciado por ella, la haya opacado. Aunque el hecho de que fuera una mujer vinculada al movimiento feminista haya influido lo suyo. Ella estuvo embarcada en el Club Heterodoxy del Greenwich Village, en Nueva York, grupo que, además de concentrarse en las razonables preocupaciones de las féminas en la segunda década del siglo XX, daba cobijo a muchas lesbianas. Esta cuestión, por un momento, me hizo pensar que en esta obra que nos compete existe una pulsión erótica. No obstante, como veremos, entre la protagonista y Margaret, su amiga del alma, no se habría llegado a tal extremo (sería, en cualquier caso, más que coherente). 
No sé si podemos tener en consideración intelectualmente a una dramaturga que toma para sí la siguiente afirmación: «La violencia machista mata más que el cáncer. La violencia machista mata más que el terrorismo de ETA». Aceptar comparación tan espuria puede indicarnos por qué se discurre en esta obra de la manera que lo hace. Es decir, no intentar comprender las implicaciones sociales, culturales, económicas, biológicas, legales, morales y políticas del hecho para atinar con la solución más precisa.

