Iribarne

Esther Carrodeguas dirige y protagoniza una sátira grotesca sobre Manuel Fraga para desembocar en una soflama galleguista

Iribarne - Foto de Geraldine Leloutre
Foto de Geraldine Leloutre

¿A quién le importa ahora Manuel Fraga? A tenor de lo observado en esta comedia, más a los gallegos que al resto de los españoles. Porque este panfleto posee el mensaje expreso de que nuestros compatriotas del noroeste deberían votar a un partido que pueda negociar en Madrid sus peticiones. Ya saben: o Bloque galego o nada. Quizás no haya que tomarlo en el estricto sentido nacionalista; sino, más bien, como otro más… ¿qué hay de lo mío?, en plan regionalista. Sigue leyendo

Pequeño cúmulo de abismos

Cris Blanco entremezcla costumbrismo, absurdo y metateatro para llevarnos hacia una dimensión oculta en el Teatro María Guerrero

Pequeño cúmulo de abismos - Geraldine Leloutre
Foto de Geraldine Leloutre

¿Si una obra la monta una joven compañía, con pocos recursos, en la sala más remota del off se debe entender que hacen lo que pueden con lo poco que tienen; pero que si esto mismo se hace adrede en el Centro Dramático Nacional es algo rompedor y vanguardista? A mí me parece que después de que la temporada anterior Cristina Rojas la emprendiera en esta misma Sala de la Princesa en el Teatro María Guerrero con la enésima pieza de autoficción y de metateatro (Algunos días), con sus dosis de peloteo a los responsables del corral, que venga ahora Cris Blanco con remiendos similares; ya me parece de una pobreza dramatúrgica insostenible. Sigue leyendo

Una isla

La Agrupación Señor Serrano se acoge al Chat GPT para pergeñar una perfomance desde cero en el Centro CondeDuque

Una isla - Foto de Leafhopper
Foto de Leafhopper

Partamos de una aseveración: nos hemos vuelto locos demasiado pronto con el Chat GPT (y otras IA). No dejamos de ser probadores (como así hacemos con Windows mismamente); para que la maquinita aumente las posibilidades. Muy lejos de algo que se pueda denominar inteligencia humana. Muy lejos de que integre existencialmente la pérdida física (presbicia, mutilación de extremidades, etc.), psicológica (demencia)… El aparato «vive» sin riesgo en su infinitud. Además, no incluye las auténticas derivas de la imaginación como el absurdo o el surrealismo. Sigue leyendo

Asesinato y adolescencia

En el Matadero se pretende un simulacro de M, el vampiro de Düsseldorf que únicamente destaca por su expresionismo

Asesinato y adolescencia - Foto de Esmeralda Martín
Foto de Esmeralda Martín

De esta función, lo que menos comprendo es la ‘y’ del título. En qué medida tanto Alberto San Juan, como autor, y Andrés Lima, como director, creen que en escena se unen el asesinato y la adolescencia. Principalmente, si esta última se representa con la mera emisión de unos vídeos donde salen chavales con distintas preocupaciones y ansiedades (no osaré determinar sus posibles traumas). Nada mucho más nuevo, quizás el foco, la exacerbación, aquello de la sociedad del cansancio. Son fragmentos aquí y allá sin demasiada profundización. Generalidades sin contexto. Todavía si, como se hizo con Prostitución, se hubiera emprendido algo similar llamado Adolescencia; tendría algo a lo que agarrarnos. Sigue leyendo

Castroponce

Pablo Rosal inventa en este magnífico proyecto un simposio sobre teatro y política para incidir con fino humor en sus ambivalencias

Castroponce - FotoPablo Rosal, como demostró en Los que hablan (con todas sus pegas), posee una visión peculiar dentro de la escena; a pesar de que su último trabajo Asesinato de un fotógrafo me defraudara. Darles una vuelta sustancial a los textos, observarlos tangencialmente, cuestionar el mismo lenguaje o llevar a un terreno paradójico los distintos tipos de discurso es su tarea artística. Otros lo intentan con la matraca del metateatro más básico; pero él acentúa algunas claves que proceden más de la poesía y de cierta narrativa experimental que del teatro más convencional. Castroponce. Teoría y praxis del teatro político en el siglo XXI es una obra de gran inteligencia, compleja, divertida y, sobre todo, incisiva. Sigue leyendo

Abre el ojo

La compañía Noviembre Teatro insiste con otra obra de Rojas Zorrilla para acercarnos una de sus comedias más cínicas

Abre el ojo - Foto de Asís G. Ayerbe
Foto de Asís

¡Qué distinto cadencia y tono tiene esta propuesta de Noviembre Teatro frente a aquella tan divertida de Entre bobos anda el juego! Verdad es que aquella era comedia de figurón y esta de Abre el ojo (o Abrir el ojo) sea de costumbres. Aunque se quiera proceder con el vaivén del vodevil, lo cierto es que uno ve el esquema demasiado marcado casi desde el principio. Y luego, encima, se resuelve el asunto en un pispás, o en dos; porque el epílogo se acopla con premeditación. Sigue leyendo

Ricardo III

Marco Paiva lleva a cabo esta atrayente propuesta sobre la obra de Shakespeare con un elenco que emplea la lengua de signos

Ricardo III - Foto de Geraldine Leloutre
Foto de Geraldine Leloutre

Me pregunto cómo sería esta función sin los sobretítulos, si el público sordo que se expresa con lengua de signos se sometiera a esa experiencia. En el Teatro Valle-Inclán se presenta el Ricardo III, de Shakespeare, con un elenco que emplea el sistema signado español y portugués. ¿Qué se entendería? ¿Qué se perdería? Me refiero, por un lado, al dilema de cómo adaptar la literatura, con sus figuras, con sus metáforas, con una mayor adjetivación, a una expresión que, con mucha frecuencia, es más restrictivo en su matización que el lenguaje escrito. ¿Es posible la «traducción»? La cuestión es que, de alguna manera, poder leer la obra hace que el espectáculo tenga truco, incluso para los sordos que pueblan la platea. ¿No tiene esto, quizás, algo de esteticismo vacuo? Sigue leyendo

La comedia de los errores

Andrés Lima y Albert Boronat ponen mucho ritmo a una de las obras más endebles de William Shakespeare

TEATRO por el Fotografo Pablo Lorente
Foto de Pablo Lorente

Solo desde la locura y desde el desenfreno se puede enfocar esta obra de Shakespeare. Así lo entendieron los Propeller, cuando nos visitaron en 2011. No lo enfocaron así Alberto Castrillo-Ferrer y Carlota Pérez-Reverte con La comedia de los enredos que presentaron en el Matadero en 2016. Y es que esta obra que, como es sabido, se apoya en Los Menecmos de Plauto; recoge toda la tradición de las novelas bizantinas o griegas con esa cantidad de anagnórisis inverosímiles. Albert Boronat, responsable de la versión, ha intervenido el texto hasta el punto de favorecer un show directo, donde el público es plenamente partícipe; y en el que disciplinas más contemporáneas se ponen en perfecta organización para el disfrute del personal. Sigue leyendo

Búho

La compañía Titzina se queda a medias a la hora de transmitirnos la angustiosa vivencia de un antropólogo forense que ha perdido la memoria

Búho - FotoResulta verdaderamente difícil expresar en escena la amnesia sin caer en la intromisión externa. ¿Qué ocurre en el cerebro? ¿Cómo se entremezclan los recuerdos asentados en el tiempo con esos retazos inasibles que se suceden en el presente? Pablo es un antropólogo forense. En el descenso a una gruta ha sufrido un accidente que le ha provocado una severa pérdida de memoria. Desde ese momento, el público duda ante lo que observa. Es habitual en las historias que nos cuentan los de Titzina ─así lo comprobamos en La zanja o en Distancia siete segundos─ que se expongan a través de aproximaciones en marcha, con el acontecimiento comenzado, con voces y fragmentos que luego se deben reconstruir. Nunca se da esa linealidad que nos facilitaría el camino y que nos haga comprender ipso facto de qué están hablando. Por eso, el susodicho experto graba sus conclusiones provisionales acerca de los huesos que ha encontrado en aquella caverna. ¿Estamos en algo que ha vivido o en lo que debería haber hallado si no se hubiera caído?

Diego Lorca, autor del texto, interpreta a este paciente estupefacto en ese hospital donde se ha despertado. Frente a él, un neuropsicólogo le hace preguntas tremendamente básicas para evidenciar su lamentable estado. Quizás ahí la obra baje demasiado su atractivo. Pako Merino hace su labor médica de una manera prototípica y no nos concede ningún asidero que nos destine más allá. Y es que en esta función me falta un punto intermedio, un elemento de enlace en la crónica; porque las metáforas están expuestas con las señas de identidad que estos dos creadores manejan desde hace años; aunque no se abunda en un argumento escurridizo. Uno se queda pensando en la mera semblanza, en el hecho mostrado sin desarrollo subsiguiente, en el pozo oscuro de fondo o en el impás. Es más, cuando se quiere engarzar el sufrimiento de Pablo, en su confusión, lo que se supone que nos quieren contar de él, el doctor nos avanza una serie anécdotas sobre la vida de este hombre, explicaciones que se sueltan de forma abrupta sin una verdadera representación, como si se hubieran quedado atascados en ese diálogo nublado e impotente. Ya que apenas podemos adivinar que está divorciado, que tiene hijas, que lo vienen a visitar y que su madre se llama Ariadna (como no podía ser de otro modo), para alguien que no es capaz de escapar del laberinto. Y, sobre todo, el truculento suceso de su hermana fallecida con trece años. ¿A cuento de qué viene esto? ¿Qué relación tiene con su situación? Esto nos puede hacer especular con que hayamos sido engañados y nuestro protagonista, en realidad, viva en shock y su desmemoria tenga que ver con la autoprotección de su propio cerebro, con la necesidad de no sufrir más. Porque discurrir por una metáfora más global, más concretamente histórica, y que nos competa a todos me parecería un exceso crítico. En definitiva, todo esto no se acopla con la ambientación, con su viaje «espeleológico».

Puesto que lo auténticamente valioso de Búho (ese animal con el que tanto se identifica el malhadado) está en las técnicas teatrales que aplican estos dos artistas, en esa manera de conjugar la gestualidad ─a veces para adentrarnos en lo onírico, como en el juego de brazos y manos superpuestos─, en los movimientos, en este caso, a través de la animalización con esa ave nocturna que Merino acoge y que nos sugestiona; o con ese aprovechamiento del espacio tan sutil como dinámico, con la iluminación de Jordi Thomàs que lleva al extremo la tenebrosidad. Así, la escenografía de Rocío Peña, con dos grandes paneles móviles, vale para crear la habitación de la clínica, también un pasadizo y, sobre todo, unas paredes sobre las que ir reflejando las pinturas rupestres que deben aunarse en una especie de conciencia primitiva, una expedición de la mente hasta alcanzar esos vestigios, quizás seguramente alejados del arte, y más próximos al indicio, a la señal de que ahí se encuentran esos animales. Una pista, como esas en las que un antropólogo forense debe fijarse para descubrir la verdad.

La breve pieza está realizada con primor, con gusto y con un detallismo encomiable; pero esta vez el relato parece inconcluso o, si se quiere, incapaz de hallar un destino más fértil. Por eso el espectador se puede quedar a medias.

Búho

Idea y creación: Diego Lorca y Pako Merino

Dirección: Diego Lorca y Pako Merino

Dramaturgia: Diego Lorca

Interpretación: Diego Lorca y Pako Merino

Composición musical y sonido: Jonatan Bernabeu y Tomomi Kubo

Iluminación: Jordi Thomàs

Espacio escénico: Rocío Peña

Construcción escenografía: Albert Ventura y La Forja del Vallès

Diseño proyecciones: Joan Rodón

Vestuario: Ona Grau

Diseño gráfico compañía: Isa Besset

Dirección técnica: Albert Anglada

Producción: Luz Rondón

Fotografía: Quim Cabeza

Técnicos en gira: Marto y Jordi Thomàs

Titzina Teatro

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 22 de octubre de 2023

Calificación: ♦♦

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