Resumen de lo más significativo de este curso teatral que ha finalizado recientemente

Demasiados cursos ya sin que se obtenga un ramillete de espectáculos destinados a permanecer en la memoria durante un largo tiempo o, incluso, a situarse dentro del canon del siglo XXI. Parece que hemos alcanzado una reconfortante medianía, donde apenas las ideas que pululan en nuestra sociedad se exprimen en las contradicciones. Y los teatristas casi no arriesgan su prestigio abandonando en alguna medida los motivos consabidos. Podría afirmar que el cuestionamiento de la verdad ─sin caer en la posverdad contemporánea, pero aceptando la circunstancia─ ha sido el tema que mejor se ha elaborado durante estos meses. Por otro lado, da la impresión de que las formas de posteatro se han aposentado en lo convencional. Y los que apuestan por lo supuestamente rompedor ofrecen funciones inanes (véase LEXIKON o Tinieblas). Sigue leyendo
Para que sigamos lanzando loas sobre Iván López-Ortega (acaba de dirigir de manera elocuente
Desde luego, si el espacio Salón de los Balcones – Andrea D’Odorico ha de ocuparse de piezas que no alcancen la hora de duración (deseable sería propiciar el doblete con las otras salas del Teatro Español), esta obra de August Strindberg, dramaturgo sueco que dialoga con su compatriota Ingmar Bergman (
Otra vez que una dramaturga del siglo XXI no renunciará a los mecanismos artísticos trillados de nuestro presente (que vienen de hace ya tanto). A saber: mucha metaliteratura en el modo de mostrar el work in progress, los tintes autoficcionales y mucho yoísmo hasta el punto de situar como protagonista a un dramaturgo. Déjenme repasar únicamente propuestas del mismo estilo en el último mes: 
Somos afortunados de poder asistir a un espectáculo teatral con un elenco de veinticinco intérpretes. En la versión de Lluís Homar no se llegó tan lejos y, en la más reciente de 