Iván López-Ortega plantea en su montaje junto a Macarena Sanz un estudio peculiar de nuestra tendencia a lo morboso
Para que sigamos lanzando loas sobre Iván López-Ortega (acaba de dirigir de manera elocuente Tormenta, de Strindberg), antes de que abandone su condición de joven promesa, debemos contemplar Taxidermia de una alondra, que es su creación más genuina y la que nos puede dar la pista acerca de sus concepciones estéticas y filosóficas. A priori, me animo a relacionarlo con Nao Albet y Marcel Borràs, por aquello de la falsificación y la infinita autoficción, y por todos esos efectos de la autorrecursividad que procura la escritura metaficcional. Mecanismos que hallo igualmente en Las apariciones, de Chaves y Delgado-Hierro. Por otra parte, rezuma la influencia de Pablo Rosal, quien presentó, por ejemplo, en este mismo Teatro del Barrio, su Castroponce. Es decir, ironía, posthumor, paradojas que se ensamblan performativamente en espectáculos de carácter ensayístico y conferencial. Sigue leyendo
Desde luego, si el espacio Salón de los Balcones – Andrea D’Odorico ha de ocuparse de piezas que no alcancen la hora de duración (deseable sería propiciar el doblete con las otras salas del Teatro Español), esta obra de August Strindberg, dramaturgo sueco que dialoga con su compatriota Ingmar Bergman (
Otra vez que una dramaturga del siglo XXI no renunciará a los mecanismos artísticos trillados de nuestro presente (que vienen de hace ya tanto). A saber: mucha metaliteratura en el modo de mostrar el work in progress, los tintes autoficcionales y mucho yoísmo hasta el punto de situar como protagonista a un dramaturgo. Déjenme repasar únicamente propuestas del mismo estilo en el último mes: 
Somos afortunados de poder asistir a un espectáculo teatral con un elenco de veinticinco intérpretes. En la versión de Lluís Homar no se llegó tan lejos y, en la más reciente de 