Elisabeth Larena ha escrito y dirigido una primera obra teatral repleta de inconsistencias estructurales para retratar todo tipo de herencias familiares
El tiempo pasa, ya estamos en 2026, pero resulta que la guerra civil fue ayer, aunque en breve estaremos con los fastos del centenario. María Galiana, la veterana de la interpretación, cumplirá 91 años dentro de poco. Todavía parece que la primeriza Elisabeth Larena encuentra la posibilidad de hallar un personaje que haya sido el paradigma de una mujer de la Sección Femenina. De hecho, así se presenta delante de nosotros, en un prólogo que nos pone sobre aviso, es decir, tal y como no debe hacerse. Y es que esta obra incumple una de las máximas fundamentales de todo arte visual, como el cine o el teatro: la explicación. Explicar lo que debe representarse o vivificar es un desprecio para el público mínimamente cultivado. Aquí ocurre constantemente, hasta el punto de crear un aparte para ilustrarnos sobre qué es la susodicha Sección, creada por Pilar Primo de Rivera en 1934. Nuestra protagonista también se llama Pilar y está muerta. Sigue leyendo


Teniendo en cuenta que el thriller judicial se ha explotado tanto en cine en los últimos tiempos, y que es un género que lucha denodadamente por escapar de su encorsetamiento burocrático, Testigo de cargo es el paradigma más caduco posible para saltar a escena. Lo que les pasa a sus personajes nos la trae al pairo, y más, si se le imprime ese tonito irónico tan propio de los británicos. Es decir, el asunto carece de enjundia, máxime si la interfecta es una viejecita que ya está liquidada antes de que comience el embrollo. No se produce ningún efecto empático y, por lo tanto, como ha ocurrido históricamente con ese estilo novelístico, nuestra motivación está alimentada únicamente por el juego del ingenio.
No sé si esta obra de Patxo Telleria, a quien recordamos por su exitoso 

¿No es esto exprimir a un valor seguro que incide en lo mismo? En los últimos tiempos, la editorial Salamandra ha conseguido que las «novelas» (o crónicas noveladas) de Édouard Louis también sean un éxito aquí en España, como lo han sido en Francia. El propio escritor ha estado en varias veces en nuestro país, ya sea para avalar la adaptación que realizó La Joven sobre
Para empezar, digamos que Del color de la leche funciona mejor en su puesta en escena que como novela. Esta se ha convertido en casi un bestseller. No me extraña, ya que no solo es breve, sino que está escrita por Nell Leyshon con un artificio que favorece la lectura y que, incluso, podría recomendarse a los adolescentes. Porque entendamos que la verosimilitud es más que cuestionable. Una quinceañera que acaba de aprender a leer y a escribir no solo es capaz de narrar su historia de una manera legible y correcta (pocos errores sintácticos u ortográficos, amén de un vocabulario variado aceptable), sino que llega a usar metáforas (el mismo título referido a su pelo) y otras figuras retóricas que raramente se le pasarían por la cabeza.