Fernando Gil impone su protagonismo histriónico en esta adaptación de la obra de Lars von Trier dirigida por Ricardo Hornos
Foto de Pablo Lorente
Cualquiera que haya visto la película de Lars von TrierEl jefe de todo esto, presentada en 2006, quedará patidifuso con el tono adoptado en esta versión que firman Ricardos Hornos ─responsable de la dirección─ y Fernando Gil ─máxime protagonista, demasiado, diría─. Y de esto va el asunto, del tono propiciado. Porque el director danés, más allá de sus experimentos cinematográficos con su «automavisión», permea su comedia de una pátina de acibarado sarcasmo que la vuelve más inteligente. Sigue leyendo →
La actriz y dramaturga Ana Rujas nos entrega los vericuetos de su intimidad en una propuesta que se combina con la filmación
Foto de Jesús Ugalde
Ana Rujas anhela insertar en la dramaturgia española contemporánea, tras La mujer más fea del mundo, otro episodio más de sus confesiones desgarradas. Trasforma teatralmente su obra homónima, publicada hace un año, construida a retazos, entre versos y versículos, donde desgrana sensaciones agraces y vivencias consternadoras. Un texto poético que bebe de la influencia confesa de malditos como Angélica Liddell (fundamentalmente) y de otros como Houellbecq o los Panero. En escena, ese espíritu de perversión íntima se suaviza mucho con la inclusión de personajes y diálogos. Y ella, que impone su energía actoral con elegancia, quizás abusa ─suele hacerlo─ de su rictus de imperiosa seriedad (súmenle su peculiar voz grave). El contraste dulcificado sin cinismo sería pertinente. Sigue leyendo →
El clásico drama judicial salta al escenario del Teatro Fernán Gómez bajo la dirección de Fernando Bernués
Teniendo en cuenta que el thriller judicial se ha explotado tanto en cine en los últimos tiempos, y que es un género que lucha denodadamente por escapar de su encorsetamiento burocrático, Testigo de cargo es el paradigma más caduco posible para saltar a escena. Lo que les pasa a sus personajes nos la trae al pairo, y más, si se le imprime ese tonito irónico tan propio de los británicos. Es decir, el asunto carece de enjundia, máxime si la interfecta es una viejecita que ya está liquidada antes de que comience el embrollo. No se produce ningún efecto empático y, por lo tanto, como ha ocurrido históricamente con ese estilo novelístico, nuestra motivación está alimentada únicamente por el juego del ingenio. Sigue leyendo →
José María Esbec versiona esta obra del Nobel Jon Fosse en el Teatro Español, para destilar un «poema escénico» de carácter críptico
Foto de Javier Naval
Difícil tarea es la de aproximarse a una obra del escritor noruego Jon Fosse, pues su teatro se recrea con situaciones complejas donde faltan asideros consistentes. Pocos personajes, que apenas se definen en su propia vivencia precaria. Sterk vind (Viento fuerte) se publicó en 2021 y se añadía a otra treintena más para contribuir a ese cripticismo. Sigue leyendo →
Carla Pulpón vuelve a encarnar a la extraterrestre Cometa para deleitar con sus gracias a las familias en un espectáculo de variedades navideñas
El personaje de Cometa se nos descubrió hace ya unos años con distintos espectáculos navideños en el Circo Price, como La vuelta al mundo de Cometa. Luego, una vez fuera de ese espacio, la temporada anterior continuó sus andaduras con Cometa soy yo. Ahora, en el Teatro Edp Gran Vía nos encontramos su segunda parte. La cuestión es que esta extraterrestre tan pizpireta «ha soltado» los números circenses que la acompañaban para presentarnos un espectáculo más televisivo, valga la redundancia, para esta Misión Televisión. Sigue leyendo →
Drama familiar con el trasfondo árabe-israelí, firmado por Wajdi Mouawad y dirigido por Mario Gas en los Teatros del Canal
Foto de Pablo Lorente
Sigue siendo la realidad tozuda e imperante. Si la semana pasada, Wajdi Mouawad nos devolvía a la tesitura libanesa, de la que él procede, con esa primera obra suya que ha estado estos años recuperando (Journée de noces chez les Cromagnons). Ahora por fin asistimos a la adaptación de Todos pájaros (fue suspendida en 2020), con la dirección de Mario Gas, mientras persiste el ruido de las bombas en Gaza. Llegados a este instante, creo que hay que ser más incisivo con la crítica hacia este dramaturgo; porque, ciertamente, este texto me parece un descalabro. Un dramón que incurre, como veremos, en una concatenación de discursos inverosímiles que nos pueden hacer sospechar de alguna pretensión «alucinatoria» sobre las religiones. Cada capítulo será un pájaro, como una metáfora del tiempo, la historia y las huellas que sobrevuelan por encima de estas gentes en su aciago devenir.
El planteamiento, desde luego, nos recuerda a la azarosa vivencia representada en su célebre Incendios. Esos paralelos que tanto motivan al creador con las tragedias griegas que él mismo ha adaptado en algunas ocasiones (véase Les larmes d’Oedipe o Inflammation du verbe vivre). Inicialmente observamos a Eitan y a Wahida en una biblioteca universitaria. Se conocerán mediante esas formas azarosas que se estilan en las películas románticas actuales. Él, que es encarnado con enorme energía y gran disposición por Aleix Peña Miralles, soportará el peso del protagonismo sin decaer en sus convicciones. Es un joven estudiante de Genética que se define como «objetista para quien todo es objeto y que no soporta la idea de dejarse llevar por ensoñaciones inútiles». Ella es acogida por Candela Serrat, quien se maneja con candor y seriedad. Pronto nos revelará que está haciendo su tesis sobre León el Africano (recordemos la novela del libanés Amin Maalouf). Se pretende hacer un paralelo con aquel diplomático y el mundo actual. En su indagación se preguntará: «¿Hasta qué punto debemos atarnos a nuestra identidad perdida?», comenta. Como ocurre en la literatura con los romances fronterizos, el amor ha surgido entre un judío (alemán) y una musulmana; aunque vivan fuera de la fe.
Gran parte de la obra transcurre en Israel, adonde han acudido para visitar a la abuela de Eitan, Leah, una señora hosca, que se muestra con gran distanciamiento, y que Vicky Peña interpreta con mucha pujanza. Lo terrible es que el muchacho termina siendo víctima de un atentado y se debate entre la vida y la muerte en un hospital. Después, entre los saltos temporales, que se van sucediendo, todavía encontramos una interesante velada, donde se establecen esos límites, esas inquinas que siguen reverberando por el planeta. Nos hallamos en una cena de Pascua, en el Séder, en Nueva York, para que nuestro protagonista presente a su novia. Es ahí cuando la madre, Norah, que nos deja a una Anabel Moreno remarcando el estereotipo de la alta sociedad judía, comienza a poner reticencias; mientras que el abuelo, entrañable y bonachón, con un Manuel de Blas contenido, primeramente, en ese tráfago de sentimientos, aboga por una concepción más abierta, más moderna. Es el padre, David, quien nos entrega a un Pere Ponce furioso, que emprenderá una subtrama que recargará la fábula en demasía. Repleto de odio hacia el enemigo palestino, embebido por la tradición, no puede soportar las pretensiones de su hijo. Alcanzado este momento, parece que Mouawad se deja contaminar por el telefilme turco, tan inverosímil en esos esquemas que beben de la novela griega o bizantina. Cómo se puede cohesionar con cordura la propia irracionalidad de fe con anagnórisis que se suceden a través de monólogos que, si bien logran un apreciable grado de lirismo, se regodean sin fin en autoexplicaciones de lo insondable. Y así le ocurre directamente a este David, quien descubre que es un niño adoptado. No diré más, ni especificaré cómo el dramaturgo expone el caso en una analepsis recargante. Lo que llega a afirmar este tipo ya valdría de sobra para configurar un drama solvente. Esto se aunará con una confesión de Wahida que nos lleva por esos derroteros de la fe inserta en los cromosomas de musulmanes y de judíos, ni bautismo requieren para pertenecer inextricablemente a una religión, a un pueblo, a una etnia. «Soy árabe y nadie me había enseñado a serlo…», afirma. El personaje hubiera requerido unas vivencias superiores ante nuestros ojos para que unas aseveraciones así no suenen algo cursis en alguien con madurez y formación. Solamente son unos ejemplos, porque, en realidad, hay mucho más. A mí, sinceramente, esta estructura y este argumento no me convencen. Creo que el autor ha caído en su propio borbotón, en la turbina de su escritura, y no ha sabido darle equilibrio intelectual.
Luego, visualmente la sencillez de la escenografía que ha diseñado Sebastià Brosa, con unos escalones y unas rampas, favorecen el movimiento. Quedan, de fondo, las llamativas imágenes de Álvaro Luna para crear una ambientación que se entrevera con la iluminación taciturna de Carla Belvis. Igualmente, la estupenda composición musical de Orestes Gas nos traslada a los sonidos tradicionales de esa zona del Mediterráneo como una confluencia de visiones. La factura general del espectáculo es, por lo tanto, notable. De todos modos, nos perdemos las distintas lenguas que deberían escucharse y una hondura superior en esas sentencias tan rotundas. Al final, tanta ansia de complejidad, quiebra la verosimilitud.
Reparto: Aleix Peña Miralles, Candela Serrat, Vicky Peña, Manuel de Blas, Pere Ponce, Anabel Moreno, Lucía Barrado, Juan Calot, Núria García y Pietro Olivera
Escenografía: Sebastià Brosa
Ayudante de escenografía: Igone Teso
Vestuario: Antonio Belart
Ayudante de vestuario: Eva Mendoza
Iluminación: Carla Belvis
Música original y audioescena: Orestes Gas
Videoescena: Álvaro Luna
Colaboradora videoescena: Elvira Ruiz
Ayudante de dirección: Montse Tixé
Producción ejecutiva: Pilar de Yzaguirre – Ysarca
Subdirectora de Ysarca: Pilar García de Yzaguirre
Dirección de producción: Elisa Ibarrola
Producción delegada: Elena Martínez, Álvaro de Blas
María Adánez representa en el Matadero a una mujer extremadamente exigente con la corrección lingüística en esta sátira escrita y dirigida por Ernesto Caballero
Foto de David de la Morena
No le voy a restar pertinencia a este artefacto de Ernesto Caballero; pero convengamos en que nos ha situado a un «sujeto femenino» de muy bajo nivel como para que no lo tildemos de clasista. Él mismo nos da la clave con Pigmalión, aunque al revés, dicen. Resulta que una chica de la limpieza, empleada en la RAE, ha sufrido un accidente laboral. Un montón de gramáticas han caído sobre su cabeza y se ha producido el hechizo, el trastorno, el superpoder por el cual detecta todo tipo deslices lingüísticos en los conciudadanos con los que se cruza. Sigue leyendo →
Alfredo Sanzol se pone al frente de los Nuevos Dramáticos para discurrir por las cuitas mentales de una niña
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
En el 2021 se inició esta andadura Nuevos Dramáticos, donde se trabaja con niños y niñas de entre 8 y 10 años. Si en otras temporadas asistimos a Luna en Marte, Play! y Los columpios, ahora le toca al mismísimo director del CDN, Alfredo Sanzol, abordar una cuestión sicológica que aborda el «trastorno» actual de los adolescentes. Rápidamente observamos concomitancias con las exitosas películas Del revés 1 y 2. Esa incursión intracerebral de nuestra protagonista Ensi (mismada) que, como corresponde a su etapa de desarrollo, se debate entre la necesidad de evadirse para evitarse enfrentamientos y problemas o aceptar que las cosas no funcionan como una quiere. Retazos, fundamentalmente, de Alicia en el País de las Maravillas, donde algunos aspectos sobre lógica a través de adivinanzas nos ponen en esa tesitura. Sigue leyendo →
Lola González y Bob Nico retoman la dirección de este espectáculo navideño para ofrecernos una experiencia llena de rimo y atractivo circense
El espectáculo Circo Price en Navidad recupera vigor después del fiasco de la temporada anterior con La casa del árbol. Para esta ocasión han recurrido de nuevo a Lola González y Bob Nico, quienes han proseguido con la idea que reflejaron hará dos años, es decir, contar con ese grupo de cinco personajes que nos destinarán a una nueva aventura para encontrar al espíritu de la Navidad. Hay que reconocer que vuelven con más energía y con un montaje repleto de ritmo. Sigue leyendo →