Everywoman

El director y dramaturgo Milo Rau continúa insertando vídeo en sus propuestas teatrales para indagar en la enfermedad y en la muerte

Everywoman - Armin Smailovic
Foto de Armin Smailovic

¿Hasta qué punto estamos fuera de contexto con el planteamiento de Milo Rau? Hace pocos meses disfrutamos de su montaje Antigone in the Amazon, algo bastante más elaborado que esta función en el María Guerrero. Quienes hayan seguido la trayectoria de este director no les extrañará, en absoluto, el uso de vídeos con los que algún intérprete interactúa. Una forma de crear nuevas perspectivas, desde luego; pero también de abaratar costes, acortar distancias (nos ha trasladado de lugares realmente alejados; fijémonos, por ejemplo, en Orestes in Mosul) o, como ocurre de forma muy justificada en el espectáculo que nos compete, para eternizar a una persona que nos ha dejado. Sigue leyendo

Las locuras por el veraneo

Noviembre Teatro la emprende en el Matadero con un texto de Goldoni con un montaje que resulta un tanto naíf

Las locuras por el veraneo - Vanessa RabadeVuelve a los escenarios esta primera parte de la Trilogía del veraneo, de Carlo Goldoni. Los de Venezia Teatro ya la habían emprendido con bastante gracia y posmodernizada con gusto en 2016. Antes, en 2009, Toni Servillo nos deleitó en los Teatros del Canal con la reunión de las tres obras en una propuesta repleta de ironía y sagacidad. Ahora es Eduardo Vasco quien, con su compañía Noviembre Teatro (vienen de mostrarnos Abre el ojo, de Rojas Zorrilla), pretende trasponer aquel XVIII burgués a los años veinte (no demasiado locos) del siglo XX. Sigue leyendo

Un arte frágil, efímero y con miedo al abismo

Coronada y el toro, de Francisco Nieva, dirigida por Rakel Camacho; y La madre de Frankenstein, adaptación de la novela de Almudena Grandes, sobresalen en un año teatral que ha mostrado decenas de propuestas carentes de atrevimiento

Convengamos en que es agotador seguir cada año hablando de la crisis del teatro, de la precariedad, de la censura y, ahora, de los concejales de algún partido extremo que demandan otros contenidos. Pero es que resulta muy difícil descubrir espectáculos que no redunden en la insignificancia y que no ansíen complacer a un público que, reconozcámoslo, cada vez es más escaso y menos exigente.

Con mi alter ego Kritilo he deglutido ciento cuarenta montajes este 2023, la cantidad, qué quieren, también es importante, para que no se piensen que se elaboran los dictámenes con cuatro piezas sin más. Me he regocijado, ante todo, con la visión rompedora de Rakel Camacho a la hora de versionar a Francisco Nieva con su Coronada y el toro. Una obra que recoge de manera grotesca la zafiedad del folclore español para esputárselo a los espectadores del presente, quienes, en este caldo de nihilismo, se ven influidos por nuevas formas de expresión desabrida en las redes. Sigue leyendo

Los gestos

Pablo Messiez se enfanga en esta obra, donde la repetición y la carencia de argumentario nos dejan con la sensación fracaso

Los gestos - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

La ambición de Pablo Messiez en esta propuesta me parece desnortada, sin rumbo. Alguien que nos ha dejado memorables obras como La voluntad de creer ansía boicotear su argumento, su posible relato, para caer en un ejercicio de deshumanización, tal y como propugnaba en su célebre ensayo Ortega y Gasset («Un cuadro, una poesía donde no quedase resto alguno de las formas vividas serían inteligibles, es decir, no serían nada, como nada sería un discurso donde a cada palabra se le hubiese extirpado su significado habitual»). Sigue leyendo

La ilusión conyugal

Antonio Hortelano dirige esta comedia burguesa de Eric Assous, para insistir en el habitual entretenimiento de siempre en el Teatro Bellas Artes

La ilusión conyugal - FotoEsta obra es lo que parece. Si ustedes tienen el prejuicio afinado, después de asistir a este montaje lo convertirán en aseveración. La sempiterna comedia francesa con idiota por el medio (y con cena quemada incluida), con humor de ironía tontorrona, o sea, la manifestación ridícula y ridiculizante de la clase alta de nuestro exquisito país vecino. Nadie perderá las formas, las cuales, ante todo, son lo fundamental. Por eso funcionan tan bien los Chiens de Navarre con sus espectáculos satíricos. Algo necesitan satirizar. Sigue leyendo

Y… Lo que el viento se llevó

Los avatares de cómo se produjo la célebre película se convierten en una comedia repleta de ritmo con Gonzalo de Castro a la cabeza

Y... Lo que el viento se llevó - FotoNada mejor que volver a devorar los entresijos del cine hollywoodiense para comprobar hasta qué punto se llevan perfilando esos productos no solo en busca de abundantes clientes, sino de votantes, de acólitos o de patriotas. Hoy, que vivimos en el paroxismo del algoritmo atomizador, aquello de cómo se pergeñó una de las películas más exitosas de la historia, nos parece pura artesanía; pero, desde luego, merece la pena auscultar las bambalinas, el atrezo y hasta los cambios azarosos. Sigue leyendo

La casa del árbol

El espectáculo navideño del Circo Price regresa como cada año con una propuesta que decepciona respecto de ediciones anteriores

Circo Price en Navidad - La casa del árbol - FotoResulta toda una tradición acudir al Circo Price a disfrutar de su principal espectáculo navideño. Si comparamos esta última propuesta con las anteriores ediciones, convendremos con facilidad en que se ha bajado bastante el pistón en todas las áreas del montaje. Sospechemos más en una menor inversión que en una falta de ímpetu creativo en sus responsables, incluida, María Folguera como máxima garante del espacio. O sea, La vuelta al mundo de Cometa (2021) y Los mundos del Price (2022) fueron obras más divertidas, más animadas y con números circenses más llamativos y atrayentes. Hasta las coreografías y las composiciones musicales fueron más grandiosas, en general. Además de unos vestuarios claramente más deslumbrantes. Sigue leyendo

Tan solo el fin del mundo

Israel Elejalde dirige la obra del francés Jean-Luc Lagarce, una pieza autobiográfica sobre la muerte de su joven protagonista

Tan solo el fin del mundo - Vanessa Rabade
Foto de Vanessa Rábade

No tuvo buenas críticas la versión cinematográfica de esta obra del francés Jean-Luc Lagarce que realizó Xavier Dolan. En muchas ocasiones, en las obras teatrales, las elipsis se nos antojan absolutamente necesarias; porque muchos escritores tienden a remarcar y a explicar lo que sencillamente se debe mostrar. Esta es la clave. Pero también se dan situaciones, y creo que esta es una de ellas, en las que el exceso de elipsis genera un cortocircuito con el espectador. Cuando el conflicto familiar se sitúa en el centro, uno espera la explosión de sinceridad que provoque la catarsis en el público. Quien más y quien menos arrastra rencillas de cierta enjundia. Sin embargo, en Tan solo el fin del mundo no está la furia de aquel Agosto de Tracy Letts, tampoco, como pasa en el Teatro Español, hay una octogenaria Espert fustigando a hijas y nietas. Sigue leyendo

La isla del aire

Nuria Espert se convierte en la abuela fustigadora en una obra muy endeble del novelista Alejandro Palomas

La isla del aire - Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

El género familiar abunda tanto en la escena ─más que en el cine─ que uno termina agotado de costumbrismo y de la misma estructura. Y eso que aquí Alejandro Palomas se salta su propio esquema y concentra en ochenta minutos la hecatombe que propicie la limpieza ritual de una familia, que la libere de sus pesares y de sus cuitas y, a la par, nos convoque a tal oxigenación a nosotros mismos desde la platea. Sin embargo, convengamos en que se roza la telenovela. Es una mala obra teatral que adapta una novela que busca excesivamente la sentimentalidad a través de entresijos forzados.

Nuria Espert se despide del teatro ─la recordaré por su participación en Incendios y, sobre todo, por La violación de Lucrecia─ para hacer de Mencía, una abuela que ha esperado a verse rodeada de sus dos hijas y de sus dos nietas, para soltarles el rapapolvo con un buen repaso vital entre sarcasmos, y mientras carga su boca de tacos para regocijo de un público que cae en ese tipo de chabacanerías. No será este su personaje más brillante, desde luego, porque ninguno de los papeles, ni siquiera el suyo, son lo suficientemente solventes como para pergeñar un argumento mínimamente verosímil. Al menos, la escenografía de Sebastià Brosa, ese hábitat rocoso que nos traslada al Mediterráneo, resulta de lo más sugerente con el leve desplazamiento que nos indica una nueva perspectiva, una visión del mar y de la Isla del Aire. En ella, las proyecciones de Álvaro Luna (con la ayuda de Elvira Ruiz) logran una ambientación de lo más llamativa, un movimiento entre tanto estatismo melodramático.

En definitiva, aceptemos que a la función le falta prólogo, contexto, atmósfera de cierta normalidad; ya que si vamos repasando a cada uno de los personajes casi podríamos pensar que los ha mirado un tuerto, y que han viajado hasta ese islote para hallar a la vieja pitonisa que las ilumine en su presente y futuro aciagos. Ninguna se libra. La misma protagonista, Mencía, no es que frise los noventa y esté sentada en una silla de ruedas, y que pierda la conciencia y explore la realidad con pesadillas que sobrevienen, es que tiene el brazo lesionado. Podemos admitirlo, claro; pero si su hija, con la que suele vivir, Flavia, y con quien lleva una relación de amor-odio muy acendrada requiere muletas, porque se ha lastimado una pierna; pues la verosimilitud se quiebra. Además, Teresa Vallicrosa no tiene tiempo para desarrollar de una forma más concisa su papel; parece que su vida está determinada por un hecho del pasado que, como no podía ser de otra manera en una obra así, conoceremos al detalle (mal de amores). Otro tanto le ocurre a Candela Serrat, quien inserta su historia ya avanzada la pieza. Una catástrofe personal más que daría para un desarrollo muy superior, pero que es anecdótica. Si se ha enamorado de una mujer, cuando lleva años casada y tiene un hijo, entenderemos que el cambio es brusco, pues, encima, su marido se ha enterado. Además, en ella no observamos una interacción coherente con el resto, y eso aumenta la falta de familiaridad que debemos presumir en ese grupo de mujeres, por mucho que las desavenencias vengan de lejos. Peor se da el asunto con Clàudia Benito, que hace de Bea, la más joven, y que tiene más protagonismo. La conexión con su abuela es entrañable; aunque establecen un juego de contarse secretitos que es demasiado naíf. También la muchacha ha roto su noviazgo. Otro desastre para esta calamidad bizantina (o turca). Ni si quiera se dibuja tímidamente el contraste entre aquellas dos hijas de la anciana. Una más bronca y dolida; la otra, Lía, encarnada por Vicky Peña con paciencia y candor, es una señora que cede enseguida, que se vuelve complaciente ante las adversidades. Por eso su progenitora consiguió con facilidad que volviera al redil cuando se descubrió que su yerno era un adúltero.

Uno se pregunta si el recuerdo de Helena, esa tercera nieta desaparecida en el mar hace un año en esa Isla del Aire no debería ser más inspiradora; si no debería suponer una atracción mayor para las demás, cuando parece que era la más «artista» de todas. Únicamente es otra «excusa» para que la matriarca ejecute su poder terapéutico aplicando su soberbia.

Tampoco creo que debamos caer en el habitual estudio sicológico, donde terminemos por derivar de esa madre fustigadora cada una de las particularidades emocionales de sus descendientes. Sus debilidades propiciadas por ella y la paradójica exigencia de fortaleza in extremis. Un ejercicio masoquista repleto de manipulación. Todo ello resulta demasiado evidente y merecería una complejidad de más calado, no vaya a ser que al final nos quedemos con que todo el montaje está destinado solamente a que la Espert demuestre su arte interpretativo. Desde luego, el director, Mario Gas, ha puesto todo su empeño para que así sea.

La isla del aire

Autor: Alejandro Palomas

Dirección: Mario Gas

Reparto: Nuria Espert, Vicky Peña, Teresa Vallicrosa, Candela Serrat y Clàudia Benito

Diseño de espacio escénico: Sebastià Brosa

Diseño de vestuario: Antonio Belart

Diseño de iluminación: Paco Ariza

Música original y espacio sonoro: Orestes Gas

Videoescena: Álvaro Luna con la colaboración de Elvira Ruiz

Caracterización: Núria Llunell

Voz: Anabel Moreno

Una producción de Teatre Romea con el apoyo de ICEC

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 14 de enero de 2023

Calificación: ♦♦

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