Don Quijote somos todos

Teatro del Temple se enquijota a través de una fantasía irónica y absurda con el clásico de Cervantes

Don Quijote somos todos - FotoEl Teatro del Temple lleva unos meses en Madrid mostrando sus trabajos y evidenciando cuáles son sus concepciones estéticas. Lo hemos comprobado con Los hermanos Machado y con El Buscón, que todavía se puede disfrutar en la Fiesta Corral Cervantes. Presentan ahora Don Quijote somos todos y detectamos la misma línea intermedia entre la delectación y la didáctica. Un montaje lleno de curiosidades en relación a nuestro clásico por antonomasia; pero con el freno echado respecto de visiones políticas que se insinúan y que tienen mucho que ver con unos pensamientos actuales bastante pujantes. En este último término, la idea de la «España vacía» puesta en circulación tan exitosamente por Sergio del Molino, un autor afincado en Zaragoza (como la propia compañía), y que ahora vuelve a las andadas con su nuevo ensayo Contra la España vacía, sirve de espita para dejar que la ensoñación quijotesca surja como un hálito de esperanza ilusorio; pues, al igual que le ocurre a todos esos pobladores de las zonas más deshabitadas de nuestro país, exigir atención a su estado es como luchar contra gigantes. Sigue leyendo

Los hermanos Machado

Teatro del Temple lleva a escena el texto de Alfonso Plou sobre el imaginario encuentro entre los dos poetas al finalizar la guerra

Los hermanos Machado - Foto¿Se deben dar por sabidas, aunque sea someramente, la biografía de Antonio Machado y las circunstancias políticas y sociales de la España en que vivió? Definitivamente, sí. Porque es un autor que forma parte de nuestro acervo popular mucho más que otros (un poco por debajo de Lorca) y porque es de esos autores que todavía se enseñan en las escuelas y en los institutos —algo que no ocurre de la misma manera, por ejemplo, con Pedro Salinas, al que me refería por aquí a cuenta de la obra de Julieta Soria. Por lo tanto, un dramaturgo que nos hable de este escritor y de aquellos tiempos, es decir, los treinta años anteriores a la guerra civil, tan revisitada constantemente, no puede situarse en una posición —así ocurre en bastantes ocasiones en esta función— tan didáctica, asumiendo que el público desconoce casi todo. Eso es pensar demasiado en los bachilleres que puedan sentarse en las butacas. El lenguaje explicativo es el más antiartístico que existe; pero si encima se da en un teatro, donde las redundancias semánticas son más abundantes; entonces, se produce también un desprecio por el asistente al montaje. Alfonso Plou ha querido hacer un encaje de bolillos y, al final, ha descuidado la vivificación de los personajes sobre el escenario. Sigue leyendo

El tiempo y los Conway

La historia de una extensa familia ante la tesitura de anticiparse a un destino aciago

El tiempo y los Conway - FotoLa obra más famosa de J. B. Priestley contiene una serie de problemas que es necesario sujetar desde el principio. Uno es el espacio, puesto que todo transcurre en un salón y el de La Pensión de las Pulgas es algo reducido y esto repercute, a su vez, en el segundo problema: hasta diez personajes interactuando simultáneamente. Una de las formas de resolver estas coyunturas puede ser dotar de un ritmo vivo interpretativamente a la escenificación, pero más en un sentido vocal que corporal porque la función puede deslizarse hacia la espesura. La versión que aquí dirige Adolfo del Río lo consigue en el primer acto, pero en los otros dos (fundamentalmente en el segundo) el tono se vuelve macilento. El tiempo y los Conway se puede relacionar con el espíritu de la novela de Dickens, Cuento de Navidad, o con el aura evangélica de algunos films de Frank Capra como Qué bello es vivir. Sigue leyendo