Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo

La comedia de Miguel Ángel Cárcano insiste en el tema de la fidelidad para construir una obra demasiado previsible

Más allá de lo que pueda parecer y de cómo se ha promocionado abundantemente esta obra en sus diversas adaptaciones, el sexo no es ni lo importante ni el argumento principal. La infidelidad es el motor de esta comedia; sin embargo, tal y como se refleja, ser fiel es más una rareza. Si rascamos aún más, también podemos sostener que las relaciones de pareja están viviendo la mayor crisis conocida. Jóvenes y mayores se concitan en esta hecatombe y el descontento de una gran parte de la población no para de aumentar. Sube el consumo de pornografía igual que el anhelo de instantaneidad. Baja el erotismo en la misma proporción que la lentitud que implica construir algo valioso. De esto pretendía hablar Octavio Paz en Los amores feroces, entre poesía y abuso, entre rechazo y pasión, tal y como lo vimos en La Abadía hace meses.

En el planteamiento de Miguel Ángel Cárcano se asienta el vaciamiento imperante, ahíto de mercadeo corporal. Esto no es un texto del Siglo de Oro donde la honra sea el valor más definitorio de cualquier persona y el adulterio, el delito más grave. Hoy entre los enamorados sigue vigente el pacto de fidelidad; pero este, realmente, se respeta poco. Por lo tanto, a diferencia de la alta comedia, no nos reímos del cornudo, quien, muy probablemente, se crea a salvo de todo engaño. Así lo hemos contemplado hace poco en La verdad, de Florian Zeller. Y, si persistimos en el tema de la verdad, como también pasa en el montaje que nos compete, La ilusión conyugal de Eric Assous aborda con impotencia la cuestión de revelar o no revelar, cuando los amigos andan por el medio. Ante la inevitabilidad de caer en la tentación, el juego lo gana quien aguante mejor con su conciencia.

Inicialmente, en un insustancial prólogo, conocemos en un apartamento extremadamente sencillo a dos parejas. Los visitantes son algo mayores, cuarentañeros largos. Se describen ante nosotros con levísimas descripciones que no permiten ninguna profundización. Verónica Bagdasarian hace de Virginia, una psicóloga a la que acaban de ascender en su empresa. Intenta resultar agradable, pues ella acude como mujer de Daniel. Este es encarnado por un Juan Martín Gravina con un tono algo bronco, chulesco, con una forzada necesidad por demostrar veteranía y no perder los papeles ante la situación que se presenta. Es un cocinero de cierto éxito, que ha llegado, asimismo, a realizar un programa de televisión. Carlos, su pupilo, los ha invitado a cenar, pues aprovechan el viaje desde Barcelona a Madrid. Este enseguida demuestra su bisoñez general: sus comentarios sobre sus destrezas sexuales serán lo más irrisorio de un espectáculo sin chispa. José Dávila aporta una creíble espontaneidad que vale para desfondar un carácter insolvente. Su compañera, Marta, que interpreta Agustina Bisio con atractivo y sensualidad, es una modesta actriz de teleseries que está rabiosa porque el chef, hace un tiempo, le soltó que su novio había estado con otra, para después desdecirse y plantar en ella la duda. Y de esto va el primer acto, el que equívocamente se titula «Teoría», donde estos dos contendientes se quedan solos para dirimir si verdaderamente Carlos le ha sido infiel a esta chica en alguna ocasión. Minutos y minutos de insistencia, de rodeos quisquillosos, de aspectos en absoluto interesantes o que están tan a la orden del día que suenan demasiado comunes. Que ella se lo quiera «follar» por venganza tiene poco recorrido.  

Por otro lado, aceptamos que es verosímil que hablecn en «argentino», con su jerga repleta de «pelotudos» por doquier, aunque no hayan integrado en la versión referencias a su origen. El mayor inconveniente que encontramos, más allá del empuje actoral, es que su conversación gira sobre sí misma, sin que un contexto peculiar lance la función hacia particularidades más originales.

De igual manera ocurre en la segunda parte, denominada «Práctica». Los otros dos, con la excusa de que Virginia tenía que coger un vuelo y que el anfitrión tiene moto, han terminado en el garaje haciendo lo mismo que en los últimos meses, es decir, trajinándose. Si la discusión de aquellos era circular, esto ya es un erre que erre insufrible. Que se atraigan físicamente tiene un pase, que ella ansíe algo más serio, ya resulta increíble. En cualquier caso, el momento más gracioso se sucede aquí, puesto que ambos se ven interrumpidos en sus quehaceres amatorios y, además, deliberan, por fin, acerca de sus habilidades en la «mecánica del sexo».

Finalmente, el epílogo que ha escrito Cárcano parece un as en la manga bastante zafio. Si a esas alturas Daniel descubre de corrido (¿algún respiro dramático?) un secreto que cierre el círculo ─tal y como preveíamos en una comedia de este estilo─, entonces confirmamos lo que concluíamos ya en el inicio: todos pecadores en esta sociedad del descreimiento. El propio cocinero transmite su laxa moral, bastante hipócrita, sobre cómo adaptarse al fundamento de la fidelidad, para dejarnos reflexionar sobre el definitivo cambio de paradigma.

Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo olvida de elaborar el temperamento de los personajes y se atasca en una estructura roma que se enfoca demasiado en obtener una resolución e, incluso, una enseñanza. A pesar de ello, tenemos instantes de explosión actoral atrayentes, la obstinación con algunos asuntos resta viveza a la propuesta.

 

Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo

Dirección: Juan Martín Gravina

Idea original: Miguel Ángel Cárcano

Dramaturgia: Miguel Ángel Cárcano

Reparto: Agustina Bisio, José Dávila, Verónica Bagdasarian y Juan Martín Gravina

Escenografía: Hay Olor a Gol producciones

Iluminación: David Amandi

Vestuario: Hay Olor a Gol producciones

Ayudante de dirección: Verónica Bagdasarian

Producción: Hay Olor a Gol producciones

Producción ejecutiva: Verónica Bagdasarian

Técnico de iluminación y sonido: Israel Carrión

Prensa y comunicación: Verónica Bagdasarian

Teatro Lara (Madrid)

Hasta el 15 de agosto de 2026

Calificación: ⭐⭐

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