La compañía Pont Flotant aborda con gran entereza su aproximación a la etapa vital más conflictiva

Después que la compañía Pont Flotant dejara su rastro en el Teatro de La Abadía con El hijo que quiero tener y Eclipse total, desembarcan con su último proyecto. Muchas han sido las obras que han tratado la adolescencia en estos tiempos, me quedo con Future Lovers, y ahora me guardo esta propuesta que han creado Joan Collado, Jesús Muñoz y Pau Pons. Ellos han logrado perfilar una sustancia escénica muy sugerente, muy fluida y muy acogedora. Vuelven a exprimir su estilo con esas dosis de autoficción y de metateatralidad para elaborar una función sin demasiada complejidad escenográfica. Lo entrañable y lo sencillo se conjugan con esa profundidad que se da cuando se tocan esos temas que atañen tanto a la intimidad.
Tratar esta etapa de la vida suele conllevar acudir a los tópicos y, también, a esa «mofa» o esperpentización de lo que pasa por nuevo. Esos muchachos son seres en estado de metamorfosis, gentes «desequilibradas» que requieren nuestra atención. Al principio, el reparto dialoga espontáneamente para introducirnos en materia. A su alrededor se aposentan los muñecos ataviados con esas prendas deportivas, esas sudaderas con capucha y otros adminículos a la moda que llevan hoy los jóvenes, un uniforme que, de ser obligatorio, sería odiado. En los varones se da una paradójica imitación, una mímesis, cuando las oportunidades para vestir de modo diferente son aplastantemente múltiples. Con ellas, el asunto es distinto. Ambas actitudes tienen perfecta justificación. La compostura que adopta en escena Jesús Muñoz, con esa manera afable y algo macarra de afrontar la vida, está repleta de pragmatismo. Aporta su propio bagaje (no sabemos si verdadera o no; creíble, en cualquier caso): fue el típico que se dedicaba a poner motes ingeniosos, sin mala fe; aunque, ya se sabe, luego algunos de esos apodos se convertían en despreciables formas de insulto. Frente a él, Joana Alfonso configura un talante casi contrario, que nos sirve de complemento. Ella ha tenido una infancia más corriente, parece más responsable, más preocupada, más cuidadosa. Son personalidades que se subsumen con mucha suavidad en los papeles que deben interpretar, es decir, de padres y de madres de adolescentes.
Tiene su lógica que primero se ocupen de un chico y, después, de una chica. Andreu que, para molar más, quiere ser llamado Andrew, ha empezado su fase retadora. La propia Joana desarrolla con mucha verosimilitud esa incapacidad para adoptar la postura adecuada. Para ser estricta en las normas y comprensiva, a la vez, con esas recientes exigencias de su hijo. Querer salir hasta tarde, solo, con unos colegas que apuntan maneras ─pronto vemos cómo se cuelan en el metro─, teñirse el pelo de rubio. Ante todo, está el deseo de ser aceptado por su grupo. Los miedos, por supuesto, permanecen latentes. Quizás, ese primer acto discurra por unas situaciones más generales, más estereotípicas sobre el comportamiento grupal en los medios de transporte, esas fanfarronadas, ese lenguaje vulgar e inédito. Con el móvil mediante, la figura indeleble que media entre todo, y que determina la comunicación. Creo que tiene menos recorrido.
El segundo acto me ha parecido fascinante; porque llega al fondo de la cuestión. Tiene un planteamiento, un nudo y un desenlace claros que logran llevarnos al punto de la sensibilidad más precisa. La vida misma en una aventura que no tiene nada de extraordinaria; pero que, a la vez, nos compete demasiado. Discurriremos por los azares y conflictos habituales de una quinceañera que, como le ocurría al anterior, también anhela ir a divertirse a la Infiniteen, la discoteca idónea para iniciarse en la nocturnidad (de ahí, claro, el propio título). Confluye aquí la vivencia de los adultos, con sus propias cuitas, sus propios divorcios y sus anodinas existencias (el número de amigos íntimos es precario). Se da, en cierta medida, una nostalgia inventada, sobre una época inquietante, cargada de arrepentimientos y de circunstancias angustiosas, además de alocamiento. Lo que fue y lo que no, rebrota con los hijos. Tan similares y tan distintos. La muchacha se verá en la tesitura de su primera experiencia erótica, con otra tía, más mayor. El tema «Hey Boy, Hey Girl», The Chemical Brothers, pinchado en la mesa de mezclas por Javi Vega impone un clímax que propicia comunión entre esos progenitores intrusos y sus vástagos. Afortunadamente, la diversión es posible en este mundo de temores, donde, como se manifiesta aquí, las mamás y los papás se turnan para recoger a las criaturas a las tantas de la madrugada.
Posee este montaje dos epílogos. Uno, verdaderamente conmovedor: la hija se abre ante la madre, quien estaba viendo Twin Peaks, y le revela su iniciación sexual. La iluminación de Marc Gonzalo genera las sombras pertinentes para que esos muñecos, movilizados con la ayuda de Yolanda García, nos parezcan chavales auténticos. Las preguntas retóricas surgen al final. Una ristra de voces que emiten, que claman, que reclaman, con mucha sensatez, su hueco. Fuera de las exageraciones y de las nuevas tecnologías las incógnitas siguen siendo las mismas. Y este espectáculo demuestra que es así.
Texto y dirección: Joan Collado, Jesús Muñoz y Pau Pons
Reparto: Joana Alfonso, Yolanda García, Jesús Muñoz y Javi Vega
Escenografía y vestuario: Joan Collado
Iluminación: Marc Gonzalo (AAIV)
Espacio sonoro: Adolfo García
Composición musical: Adolfo García y Javi Vega
Asesoría artística: Fermín Jiménez
Diseño gráfico y audiovisual: Joan Collado
Fotografía: Nerea Coll
Vídeo promocional: Nacho Carrascosa
Asesoría de contenidos: Berta Pérez, Merche Sánchez de las Matas, Imma Serrano y Pau Tarrés
Voces en off: Neus Ivars, Nerea llopis, Zack López, Germán Ordóñez, César Tirado e Iria Trashorras
Producción: Escalante sobre creación de Pont Flotant
Colabora: TEM (Teatre El Musical)
Agradecimiento especial a: Maribel Saiz, Mara Blanco, David Llago, Martina Hernández, César Sanchis, Pau Sanmartín y a todes les jóvenes y adolescentes que han colaborado a lo largo del proceso
Teatro de La Abadía (Madrid)
Hasta el 26 de octubre de 2025
Calificación: ♦♦♦♦
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