Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos

María Velasco dirige su propio poema escénico para discurrir sobre el amor en las Naves del Matadero

Foto de Jesús Ugalde

El díptico siempre es el mismo en la literatura: amor y muerte. De esta última se ocupó María Velasco en sus dos últimas propuestas: Harakiri y Primera sangre. Después de la resaca que punza en la ruptura amorosa, llega, como ocurre con el alcohol, un subidón de adrenalina que te lanza a la estratosfera eufórica para arramblar con todos los placeres. Mecanismo de defensa lógico que el propio organismo acomete pues la depresión sobrevuela. Aquí se pide un alienígena (un otro extravagante, un ser de otro planeta), que a mí me suena a aquello de Alaska con «Mi novio es un zombi»: «Es un muerto viviente / que volvió del otro mundo / para estar conmigo». Parece que para este poema escénico la dramaturga se ha puesto romántica, idealista y se ha dejado subyugar por la imaginación y por el deseo de que aparezca alguien que la transporte a unas vivencias esperanzadoras. En gran medida, observamos el espectáculo como una ensoñación que posee tintes de ingenuidad, de viaje al pasado, de ciencia-ficción ochentera, algo cutre, donde la responsabilidad de la cotidianidad y, también, de esas exigencias imperantes en la creación de la pareja se desvanecen; porque ha llegado un ente de los cielos que viene abierto y positivo a adaptarse a ella. ¿Qué debemos hacer nosotros con esta fantasía? Quizás observar la contraparte. A la mujer en la crisis de los cuarenta en pleno desamor. Volver a empezar; pero no desde el principio. Con más sabiduría; pero con más pesadumbre. Con otro cuerpo, con otros miedos: los propios de la edad adulta, como autónoma que pende de un hilo, con la soledad soliviantando el silencio.

Sucede que el argumentario, una vez que no se quiere acoger a cuadros realistas, a concreciones particulares que se recreen de una forma más fidedigna, se agota. Los otros elementos performativos deben configurar el asunto y rellenar los huecos que producen las reiteraciones. Se da líricamente un desbordamiento creacionista, las metáforas sobre el amor, como pasa con los célebres poemas de Lope («Desmayarse, atreverse, estar furioso, […], quién lo probó lo sabe») y de Quevedo («Es hielo abrasador, es fuego helado,…»), podrían seguir hasta el infinito. El propio texto viene amplificado con la canción «El amor», que hizo tan célebre Massiel, escrita por Rafael Pérez Botija. Quien canta es el polifacético Carlos Beluga, subido a un escenario que está iluminado por unos neones que dejan la frase: «El amor es un ovni». El actor y bailarín había irrumpido antes en la nave del Matadero para desarrollar una sugerente coreografía gravitacional, ataviado con caso de astronauta, mientras sonaba el ya clásico tema «Space Oddity», de Bowie. Quizás fuera un tanto esperable, y más si luego se vuelve a utilizar la misma canción en versión italiana para trazar un bailecito algo tontorrón y tiktokero a dúo. Y es que la cursilería se impregna en el discurso que Mariciel Álvarez esputa. Su declamación porteña posee una sentenciosidad muy rotunda. Le da alegría la actriz y propende con seguridad; a pesar de que tenga para nuestros oídos un engolamiento algo artificioso. En cualquier caso, logra arrastrarnos en su devenir sentimental a través de la escenografía que ha montado José Novoa, con una gran cama central, que da cuenta de la «derrota», y una especie de invernadero destinado a la exploración. Ambos intérpretes recogen distintos momentos de pulsión entre la danza, la música y lo poemático para que recobremos el interés a cada instante. Y, sí, falta «trama». Apenas se contempla una escena de mayor naturalismo, cuando se comunica con un sobrino pequeño ─Lucas Sánchez aparece en la pantalla como si fuera un holograma─ con el que debe charlar de sexo.

Aunque resulte paradójico, estos espectáculos de María Velasco ─me refiero a los más poéticos, y también referidos al (des)amor como La soledad del paseador de perros o Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra─ contienen los textos que a mí me parecen más persuasivos y genuinos en ella. Su poesía me resulta motivadora, atrayente y, además, me divierte, sobre todo, porque avanza con una crítica (y autocrítica) social muy sagaz, con todo el desencanto posible, con el cinismo gozoso y con un desparpajo libidinal que hablan de una artista que observa el mundo desde un lugar dinámico. Como ocurre siempre en estas tiradas imparables, uno se ve incapaz de asimilar los pensamientos y los discursos políticos y sociales que están impresos. Ciertamente, la autora es una gran escritora y merece la pena leerla con detenimiento.

El amor hoy en día, como producto, como suvenir, como demostración heroica, como ejercicio deportivo, no es amor, es colección de experiencias con otras y otros para ganar puntos en el ranking del narcisismo. La autoficción poética de María Velasco, con versos que resumen esta cultura, con todas sus insensateces, pretende vertebrar el más complejo de los sentimientos desde algún modo de precariedad. Un imposible al que asistimos con curiosidad.

Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos

Texto y dirección: María Velasco

Reparto: Maricel Álvarez y Carlos Beluga

Con la participación de Giancarlo Pia Mangione (voz eccehomo) y Lucas Sánchez (niño)

Diseño de espacio escénico: José Novoa

Diseño de iluminación: Pilar Valdelvira

Diseño de vestuario: Albert Coma

Diseño de sonido y composición de música original: Tagore González

Escultura: – FX Sarai Núñez Fx Estudio (casco astronauta) y Amador Rehak (máscara alienígena)

Coreografía: Josefina Gorostiza

Producción (Pecado de Hybris): Ana Carrera

Asistente artístico: Cristina Simón Alcaine

Ayudante de dirección: Ruth Rubio

Agradecimientos: Sara Rey Camacho, Jairo Sánchez Yuste y Didier Otaola

Con el apoyo de Goethe-Institut Madrid y SIMEI

Una producción de Nave 10 Matadero y Pecado de Hybris (Ana Carrera y María Velasco)

Nave 10 Matadero (Madrid)

Hasta el 11 de mayo de 2025

Calificación: ♦♦♦

Puedes apoyar el proyecto de Kritilo.com en:

donar-con-paypal
Patreon - Logo

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.