Don Gil de las calzas verdes

El Teatro de la Comedia pone en marcha de nuevo a los jóvenes valores de la Compañía Nacional con esta briosa dirección de Sarah Kane

Foto de Mauro Testa

La obra que nos compete ha sido visitada y revisitada con mucha frecuencia en las últimas décadas y ha logrado recorrer en sus diversas adaptaciones gran parte del territorio español. Hasta el punto de que en estas mismas fechas Laura Ferrer dirige su propuesta en el Corral Cervantes. Puesto que ha sido altamente «exprimida», quizás merezca la pena observarla en relación a Valor, agravio y mujer, y, por lo tanto, podemos preguntarnos cómo se debe tomar un clásico en nuestros tiempos. Es decir, si este embrollo tan cargado de equívocos puede funcionar más allá del entretenimiento. En cierta medida, creo que sí en tanto que se refleja el ingenio femenino, tan vilipendiado a lo largo de los siglos, aunque con distintas intensidades. Si la pieza de Ana Caro de Mallén fue desarrollada, también, por la energía de los jóvenes educados en la Compañía Nacional de Teatro Clásico discurrió con gran seriedad, en un tono de negritud barroca, en la veta más pesimista y resarcidora de honores; Sarah Kane, con intérpretes esta nueva hornada de pupilos, ha hecho una apuesta festiva. Total contraste para un mismo argumento, ya que aquella dramaturga áurea tomó los mismo motivos que Tirso de Molina.

En los primeros embates, Ania Hernández se ocupa con holgada frescura y sensatez de doña Juana, y concuerda con el criado Quintana, que realiza de buen grado Antonio Hernández Fimia, poner en marcha la treta. Será poco después, cuando percibamos, ante todo, el plante y la planta que posee Cristina Marín-Miró. Sabe caminar con elegancia y aprovecha excelentemente su esbeltez para ejercer un dominio corporal que le sienta estupendamente al papel. Que muestre esa agilidad, ya me parece un punto de partida sugerente. A esto hay que añadir que el vestuario de Pier Paolo Alvaro y Roger Portal resulta admirable, de una sutileza inconmensurable y de un trabajo con el color muy preponderante, no solo por el verde esmeralda que tanto brilla, sino otros colores cálidos para las damas. El uso de tules, da cierto toque de afeminamiento versallesco a las féminas investidas de varón. Capas, corsés, sombreros emplumados y mangas acuchilladas y un sinfín de detalles que considero cumplimenta, seguramente, lo más atractivo de todo el espectáculo. Y no es por desmerecer, en absoluto, las interpretaciones; pero, insisto, este vestuario requiere un premio. Por otra parte, la escenografía de Elisa Sanz es suficientemente sencilla para no entorpecer el movimiento, pues se compone de un gran portalón giratorio que vale para crear diferentes espacios. Además de ello, la iluminación de Paloma Parra resulta ineludible, pues logra que cada uno de los matices resalte a cada momento con mucha precisión.

Como afirmaba antes, la protagonista, como vilipendiada de un seductor, no espera que ningún padre la proteja o venga a resarcirla, será ella misma quien incite toda una estrategia de enmascaramiento. No hablamos de venganza, pues estamos en una comedia, sino de recuperar a su amado. Emprenderá su aventura con la ayuda de Caramanchel, que es capaz de ofrecernos sus intervenciones tan agudas como inconvenientes con sus chirridos musicales. Así lo consigue Xavi Caudevilla, quien posee monólogos ocurrentes para relatar sus desventuras picarescas.

A ese perseguido, el tal don Martín, que se ha puesto el nombre de don Gil de Albornoz, lo acoge Iñigo Arricibita con una chulería que marca con elocuencia. Él y ese pretendido suegro, don Pedro, que Pascual Laborda carga con esa peluca de rizos algo ridícula, se muestran muy por debajo de la presteza mental de las chicas. Como la propia pretendida e hija, doña Inés, que nos deja a una Miriam Queba repleta de entusiasmo. Por ella sufrirá unos celos enormes don Juan, encarnado por Felipe Muñoz, con inmejorable rostro de estupefacción.

Una vez establecidas las circunstancias en el primer acto, Brenda Escobedo y Sarah Kane forzarán al espectador a estar más atento todavía, pues han complicado el enredo situando a otra actriz ─y van tres─ en el desdoblamiento de personalidades de doña Juana, pues a la invención de doña Elvira la interpreta Cristina García, con ímpetu certero. No quedarán ahí los engaños, ya que nuestra heroína es imparable. Se desdice, se descubre y emprende su escaramuza en un lío monumental que nos convoca a la confusión. Noticias sobre una muerte falsa, igualado con un embarazo que trastoca algunos planes y así hasta desembocar en el final esperado y feliz. Todo ello nos lleva a concluir que, entre tanto disloque, tanto disfraz, y tal intercambio de actrices, algunos de los conceptos que maneja Tirso queden un poco difuminados. Es decir, la ironía, el pragmatismo y hasta el empoderamiento que hoy podemos intuir en la conducta de la autodenominada Gil de las calzas verdes, quien se aleja del trauma y observa la vida con esplendor y esperanza.

Resulta a la postre una función burlesca, colorida y musicada con esas canciones que canta Elena Brea Sandín, acompañada por Marc Servera a la vihuela, con aquello de «…despertad a mi niña / porque me escuche». Por lo tanto, la directora ha logrado que toda esa vivacidad y esa conjunción sinestésica nos divierta; aunque terminemos un tanto enredados.

Don Gil de las calzas verdes

Dirección: Sarah Kane

Versión: Brenda Escobedo y Sarah Kane

Reparto: Iñigo Arricibita, Xavi Caudevilla, Cristina García, Ania Hernández, Antonio Hernández Fimia, Pascual Laborda, Cristina Marín-Miró, Felipe Muñoz, Miriam Queba, María Rasco y Marc Servera

Diseño de escenografía: Elisa Sanz – AAPEE

Ayudante de escenografía: Sofia Lovisa Skantz

Diseño de iluminación: Paloma Parra

Ayudante de iluminación: Victor S. Bermúdez

Diseño de vestuario: PIERPAOLOALVARO (Pier Paolo Alvaro y Roger Portal – AAPEE)

Asesor de verso: Vicente Fuentes

Movimiento escénico y coreografía: Sol Garre

Ayudante de dirección: Jorge Gonzalo

Arreglos y composición musical: Laura Fernández Alcalde

Arreglos y montaje de canciones: Beatriz de La Banda Soriano

Intérprete: Elena Brea Sandín

Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico

Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 28 de marzo de 2025

Calificación: ♦♦♦

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