Safo

Con la cantante Christina Rosenvinge al frente, este espectáculo, dirigido por María Pazos, es un concierto teatralizado acerca de la mítica poetisa griega

Safo - Foto de Pablo Lorente
Foto de Pablo Lorente

El proemio ya nos debe dar cuenta de cuál es el marco con el que se nos pretende vender este montaje, con sus dosis de Wikipedia, sus proclamas feministas anacrónicas y el relleno, cual totum revolutum, que completa los ochenta minutos de algo que se denomina «poema escénico, musical y visual». Si las musas, como las guitarristas de Robert Palmer adictas al amor, se ponen en fila frente al micrófono para informarnos de esa biografía endeble con la que contamos de aquella Safo de Lesbos, de Mitilene, del siglo VII, que debió de escribir unos diez mil versos, pero de la que solo conservamos unos ciento sesenta y ocho fragmentos y un único poema completo, el «Himno a Afrodita». Así las plañideras que, puestas en fila, de riguroso luto, unas supuestas musas que nos van dando la información pertinente para que el personal no se pierda y descubra que lo de lésbico es por Lesbos y, por ende, por Safo. Sigue leyendo

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Lo fingido verdadero

Una obra de Lope de Vega totalmente deslavazada, donde sobresale la interpretación juiciosa de Israel Elejalde

Lo fingido verdadero - Foto de Sergio ParraAfirmar que esta obra es un tríptico o que encierra tres piezas en una, puede ser una manera respetuosa de honrar a un gran autor; no obstante, también podríamos considerar que es un texto sin la debida cohesión y que es un pastiche incongruente. Ni drama histórico, ni de santos, ni comedia metateatral. De todo esto hay; aunque cada parte va por separado sin que se imbriquen como un conjunto orgánico. Si, además, lo que debiera ser verdaderamente humorístico, pegado a lo popular, queda un poco finolis; pues tendremos que fijarnos en otros elementos más destacables. No será tampoco la escenografía de Jose Novoa, fría como la propia dramaturgia y que, en su insignificancia, pues no quiere disuadirnos con objetos accesorios, termina por destinar a los personajes-espectadores a un lugar tan bajo como poco visible. Sigue leyendo