Dos tronos, dos reinas

Nacho Guerreros y Nicolás Pérez Costa se encarnan con lucimiento en Isabel I y en María Estuardo para recrear un encuentro imaginario

Dos tronos, dos reinas - FotoResulta cuando menos llamativo cómo se le han dedicado en los últimos años varias obras teatrales a la figura de María Estuardo y, por consiguiente, a Isabel I. Mantenemos en la retina el fulgor lumínico de aquel de espectáculo de Robert Wilson, Mary Said What She Said, que protagonizó Isabelle Huppert; pero también la extravagancia de Denise Despeyroux con su Ternura negra. Además, durante el 2018 pudimos visionar el film María, reina de Escocia, la cual ya dejaba un imaginario encuentro entre las dos monarcas. Así lo había dejado escrito en su drama Schiller en 1800. Por lo tanto, no sorprende que se juegue con esa especulación, con ese enfrentamiento quizás deseado; no obstante, nunca ocurrió.

Pepe Cibrián nos entrega un texto abigarrado, con rimas que se cuelan entre los diversos tonos que se manejan. Al igual que en la película, se focaliza en la cuestión femenina, en que dos mujeres pudieran pactar o llegar a algún tipo de acuerdo. Es palpable que debían luchar contra los hombres que pretendían quitarlas de en medio, que fueron bastantes; pero también es cierto que el tema religioso queda un tanto soslayado. Aquel momento histórico fue convulso, no debemos olvidar que María Tudor, católica, se ganó el sobrenombre de Sanguinaria. Aunque es justo reconocer que su sucesora, nuestra protagonista, Isabel I, no se quedó «parada» con su imposición nuevamente del anglicanismo. Que tuviera que verse con otra papista exigía asentar unos apoyos dentro del reino bien sólidos. En la obra, observamos cómo la Estuardo se consuela, antes de «perder la cabeza», con que probablemente su hijo Eduardo lograría la corona y haría regresar la verdadera fe a esos territorios. No lo haría, a pesar de reinar.

En una función que apenas supera la hora se condensa el embate con no pocos altibajos en la pulsión. Se agradecen las pausas y esos momentos de tensión corporal, como si verdaderamente pudieran llegar a golpearse. Esa fuerza se observa de modo fehaciente en Nicolás Pérez Costa, quien se maneja con la baza más soez, intentando sonsacar a la Reina Virgen sus amoríos ocultos. Se cae en el tópico de la promiscuidad, pues no se duda en dejar clara la lubricidad de esta visitante, que ha llegado para salvar su vida desesperadamente. Este es uno de los logros de la propuesta: observar cómo la esperanza declina después de un diálogo vertebrado por el cinismo. Aunque, por otra parte, pienso que en este actor quedan más evidenciados los amaneramientos de un hombre que se trasviste de mujer. Ya sabemos que los personajes femeninos eran interpretados por varones en el teatro isabelino; pero así, en nuestro tiempo, se percibe, en algunos instantes, una pérdida de la credibilidad. Otro asunto es su labor como director del proyecto. En este sentido, ha sabido dotar de ritmo vigoroso a toda la trama.

Nacho Guerreros ─quien ya se «transformó» en Juguetes rotos─ destaca por su sobriedad y la apostura que evidencia, algo que permite equilibrar el cariz general. Bien cargado de maquillaje. Tenemos constancia de que la monarca se contagió de viruela y que debió cubrir su rostro de manera acendrada. En cualquier caso, Isabel domina la situación y no se deja obnubilar por las pullas de su rival. Además, a ambos, el vestuario de Rubén Díaz, si bien es un tanto recargado para unas damas que se reúnen fuera de una ceremonia que lo justifique, les favorece y logra aumentar la fantasía. Lucen amplios guardainfantes, más que verdugados, que había introducido desde España Catalina de Aragón, para disimular embarazos. Se puede afirmar que, más allá de los tres tronos de diferentes tamaños, el espectáculo es vistoso.

Es, desde luego, un montaje apreciable e interesante, que va directo al grano y que exige de nosotros una contextualización histórica para trascender lo acontecido.

Dos tronos, dos reinas

Autor: Pepe Cibrián Campoy

Dirección: Nicolás Pérez Costa

Reparto: Nacho Guerreros y Nicolás Pérez Costa

Vestuario: Rubén Díaz

Maquillaje y peluquería: Patricia Yepes

Ayudante de dirección: Brian Huallamares

Fotografía: José Ángel Fernández Córdoba

Diseño de luces: Nicolás Pérez Costa

Una producción de El Tío Caracoles, IFAM, Rokamboleskas

Teatro Bellas Artes (Madrid)

Hasta el 1 de octubre de 2024

Calificación: ♦♦♦

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