La comedia de costumbres firmada por Ferran González aborda con desenfreno la hipocresía que anida en muchas parejas
El número de comedias que nos ubican en una cena de amigos para dirimir su estatus no deja de aumentar. La confrontación de las costumbres y la lucha por ocultar la hipocresía son el motor esencial en estas obras. Para que todos nos carcajeemos va a surgir imparable esa figura retórica llamada preterición o paralipsis. Es decir, hacer aquello que se niega que, en realidad, se está acometiendo. Concretamente, la revelación de intimidades una detrás de otra. Y así se dispone el simple argumento que ha pergeñado Ferran González, quien, como vamos a ver, se encierra en un esquema excesivamente angosto. Sigue leyendo

El año pasado (y nuevamente este) Fernando Fernán Gómez «regresó» al teatro que lleva su nombre con
Desgraciadamente, tanto el dramaturgo Mark Rosenblatt, como los responsables de traernos este proyecto tan pronto a España, han tenido el don de la oportunidad. Los bombardeos sobre Gaza, esa terrible matanza cometida por Israel, añadidos a los últimos acontecimientos han devuelto al debate internacional conceptos como sionismo, responsabilidad de los judíos, antisemitismo y toda una serie de aspectos consabidos y de tan ardua solución. Con esta misma tesitura se encontró Roald Dahl en aquel turbulento verano de 1983. 



