La exitosa novela de Cristina Morales sobre cuatro primas con «discapacidad intelectual» salta a escena de la mano de Alberto San Juan, desde una perspectiva que devalúa su carga política

Resulta no solo sorprendente, sino altamente decepcionante, que alguien como Alberto San Juan, que está embarcado en el Teatro del Barrio, un espacio muy vinculado a las propuestas políticas desde la izquierda; y que una escritora, Cristina Morales, que se ha mostrado plenamente radical desde esferas anarquistas, hayan presentado esta adaptación tan despolitizada, donde ella contribuye con su faceta de coreógrafa antiacademicista con su grupo Iniciativa Sexual Femenina.
Partimos de una novela que ganó el Premio Nacional de Narrativa en 2019 y que, desde mi punto de vista, es una de las mejores obras literarias del siglo XXI. Un texto incisivo, bronco, punki y que dispara en todas las direcciones posibles, además de emplear todo tipo de escrituras. Nos plantea una situación polémica: a Marga, una mujer con discapacidad mental, que vive con sus primas en un piso tutelado, y que también tienen diversidad funcional con distintos porcentajes certificados, va a ser esterilizada, puesto que su lubricidad está desaforada. Así, Carlota Gaviño está cachonda perdida y entrega su cuerpo a la causa masturbatoria. De hecho, ella marca la tónica provocadora de la función: el sexo en diferentes escenas como grandes acontecimientos dramáticos.
Que dos polvos vengan a «tapar» un contexto totalmente controvertido, no parece razonable. A saber, toda esa crítica sobre los mecanismos de control de la administración, de cómo están elaboradas las leyes, de cuestionar la posición de los jueces a la hora de coartar sumamente la libertad de unos individuos que, quizás, con ayuda, podrían tener un margen de acción en la sociedad mucho mayor. Todo esto lo suelta la Nati en la novela con inquina y mucha furia. No obstante, Alberto San Juan se la ha cargado o, mejor, la ha dejado inane políticamente hablando, y Estefanía de los Santos, quien se expresa con mucha energía, se queda sin líneas potentes. Aquí el movimiento okupa parece una asociación de vecinos. Y esto, además, se percibe más con la escenografía carcelaria de Beatriz San Juan que, ni por asomo, manifiesta la viveza de esos centros de lucha y activismo que siempre están trufados de eslóganes abrasivos. Y es allí donde se «fabrican» los fanzines, como el que aparece en la novela y donde se le da caña al «facho-macho» del periodista Juan Soto-Ivars. También esto está desaparecido.
Luego, sí, Anna Marchesi, que hace de Ángeles, quiere escribir su propio relato en «lectura fácil», para que la pueda comprender todo el mundo, y tiene su gracia por cómo explica con ironía cada párrafo que plasma. Aunque la actriz que sobresale por su desfase «comedido» es Pilar Gómez, que se encarga de Patri y que intenta convencer a su señoría de que se van a portar adecuadamente, antes de que las expulsen del fantástico piso en el que viven.
Siento que dramatúrgicamente se ha optado por funcionar bajo los procedimientos del teatro «inclusivo», que implica, entre otras cosas, una falta de interacción entre los actores y un exceso de monólogos casi dirigidos al público. La intervención de algunos actores con diversidad funcional —todos ellos hábiles y con esa expresividad tan cruda teatralmente— quizás deberían tener menos protagonismo, pues sus papeles no dan para tanto. Así ocurre con la actuación surrealista de Pablo Sánchez, el striptease de Marcos Mayo o la diatriba de la jueza, que encarna Desirée Cascales. Estas compensaciones en las formas de hacer que ha fusionado el director, aunque logran que la propuesta sea más cómica, inciden en la despolitización.
Creo que se ha perdido una oportunidad de revitalizar una novela magnífica, que también tendrá su versión televisiva (denigrada por la autora). Supongo que lo transcurrido en el Valle-Inclán, sí le ha molado.
Dirección y dramaturgia: Alberto San Juan
Reparto: Desirée Cascales Xalma, Laura Galán/Carlota Gaviño, Pilar Gómez, Anna Marchessi, Marcos Mayo, Pablo Sánchez y Estefanía de los Santos
Voz Yifi: Nacho Marraco
Escenografía y vestuario: Beatriz San Juan
Iluminación: Raúl Baena
Composición musical: Fernando Egozcue
Percusión: Gabriel Marijuán
Vídeo: Arantxa Melero
Caracterización: Marta Pereira
Movimiento (Iniciativa Sexual Femenina): Elisa Keisanen, Élise Moreau y Cristina Morales
Coaching interpretación, asesoría y apoyo en inclusión: Kube Escudero (AMÁS escena)
Ayudante de dirección: Anna Serrano
Ayudante iluminación: Eduardo Vizuete
Ayudante de escenografía y vestuario: Arantxa Melero
Ayudante de dirección temporada: Antonio de la Casa
Realización escenografía: Mambo Decorados
Diseño de cartel: Equipo SOPA
Coproducción: Centro Dramático Nacional y Bitò
Equipo Bitò
Jefa de producción: Macarena García
Director de producción: Josep Domènech
Adjunta dirección de producción: Blanca Arderiu
Gestión de producción: Eduardo Garre
Coordinación técnica: Pedro Pablo Pérez
Teatro Valle-Inclán (Madrid)
Hasta el 8 de enero de 2022
Calificación: ♦♦
Texto publicado originalmente en La Lectura de El Mundo.
Un comentario en “Lectura fácil”