La judía de Toledo

Laila Ripoll versiona con insuficiente ambición esta desconocida obra de Lope de Vega

El acontecimiento teatral del siglo XVIII fue La Raquel de Vicente García de la Huerta, una tragedia basada en una leyenda castellana sobre la judía amante de Alfonso VIII. Sobre el mismo tema ya había escrito el mismísimo Lope de Vega con el título de Las paces de los Reyes y judía de Toledo, publicada en 1617. Desde luego, ya podemos afirmar que no es el mejor texto del Fénix, principalmente por las incoherencias estructurales entre el primer acto y los otros dos. De hecho, el planteamiento es resuelto por la versión de Laila Ripoll con una extensa contextualización en vídeo, donde comprendemos que nos hemos de trasladar a los años 60. Se establece un «juego» con imágenes del NO-DO en las que aparece Franco, por supuesto; pero también Fabiola y Balduino, que se utilizan para narrar el enlace entre Alfonso VIII (1155-1214) y Leonor de Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania. Pero el meollo del asunto radica en el súbito enamoramiento del rey de una judía llamada Raquel que encuentra un día en la orilla del río y con la que se recluirá siete años en un castillo hasta que todo se finiquite por las bravas. A mitad de camino entre la historia de amor fronterizo y el thriller político, en un pim pam pum (fuego) se deshace el nudo. Hora y media con muy poca chicha; y eso que la Compañía Micomicón nos la «vende» como: «La judía de Toledo es un texto complejo, como complejo queremos que sea el espectáculo, como complejo es el momento que estamos viviendo, como compleja es la situación que nos rodea». Asumimos que son anhelos teóricos, puesto que lo que se observa en escena es bastante simple, tanto para lo que actualmente estamos acostumbrados en esto de las conjuras, como para Lope, quien solía incluir varias tramas que terminaban por confluir en el desenlace. Y este es el gran problema de este montaje, el texto no da para más y se ha querido versionar a lo moderno para cautivar al respetable; pero el andamiaje y otras cuestiones que detallaré ahora, no logran remontar. Sorprenden las interpretaciones de algunos actores. Federico Aguado, se mete en la piel del monarca, y se muestra con insuficiente empaque. Su esposa, interpretada por Ana Varela, va perdiendo el acento inglés a marchas forzadas; mientras que su hijo, el príncipe Enrique, nos depara a un Jorge Varandela —a quien siempre he valorado muy positivamente— gritón y con una furia inverosímil. Mejoran el plantel, Elisabet Altube —la mismísima Raquel— y Teresa Espejo quienes irrumpen playeras y con desparpajo a lucir bañador, y un aire que rompe con el acartonamiento. Correctos y sobrios tanto Manuel Agredano como Mariano Llorente en sus papeles de nobles dispuestos a cumplir con su deber. Me quedo con Marcos León, el hortelano que, según cuentan algunos entendidos, pudiera ser el trasunto de Lope; dinamiza las escenas con sus intervenciones y aporta su punto de gracioso. Aunque la pega mayor que se les puede achacar a ellos y a la directora, es que uno se larga del teatro preguntándose si la obra era en prosa o en verso.

Es necesario comentar la escenografía de Arturo Martín Burgos, que ha plasmado sobre las tablas a las dos religiones en liza, con arcos ojivales góticos en un lado y arcos polilobulados —propios de las sinagogas— en el otro; pero lo que consigue es un pastiche anacrónico, más inconsecuente todavía al sumarle la ribera del Tajo. Naturalismo e idealismo se mezclan alrededor del elemento más destacable e impresionante de todo el montaje, y es el Transparente de la catedral toledana que aquí sirve de pantalla circular sobre la que se reflejan las imágenes que ha preparado Álvaro Luna y que estéticamente salvan mucho el espectáculo. La iluminación de Luis Perdiguero también ayuda a mejorar ciertas escenas resueltas con poco tino, como el asesinato de Raquel (disparos raudos y falta de tensión).

Seguramente no haya sido buena idea escoger esta obra de Lope de Vega; apenas da de sí. Tras El triángulo azul, esperábamos de Laila Ripoll una versión y una puesta en escena más ambiciosas de La judía de Toledo; pero esta vez no ha sido así.

La judía de Toledo

Autor: Lope de Vega

Versión y dirección: Laila Ripoll

Reparto: Manuel Agredano, Federico Aguado, Ana Varela, Mariano Llorente, Elisabet Altube, Teresa Espejo, Marcos León y Jorge Varandela

Videoescena: Álvaro Luna

Música original y espacio sonoro: Mariano Marín

Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas

Iluminación: Luis Perdiguero

Escenografía: Arturo Martín Burgos

Producción ejecutiva: Joseba García (A priori)

Coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Micomicón

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 26 de marzo de 2017

Calificación: ♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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