Castigo ejemplar, yeah

Vitriólica comedia sobre unos padres en la tesitura de salvaguardar la educación de su hijo

Castigo ejemplar - FotoCon tanto advenedizo descalabrado en los últimos tiempos y todos aquellos que han visto diezmado su estatus, no parece extraño encontrarse a una pareja allanando el despacho del director de un colegio privado y religioso. La misión casi imposible consiste en «extraviar» los expedientes que han abierto la puerta de salida a su retoño de diez años. Su hijo, adelantémonos un poco, es la encarnación de Mefistófeles y este está dispuesto a liderar un movimiento con camino directo al apocalipsis. Básicamente, lo que nos encontramos es una comedia de situación. Allí, encerrados los progenitores, vemos cómo su propia convivencia en tan extraña coyuntura les lleva a cuestionarse el papel que han representado ellos en la educación de su hijo. Él, un abogado que no parece haber atesorado bastante poder ni autosuficiencia, declara que ha entregado esa noble labor instructiva a esa pulcra institución, y que son ellos, en definitiva, los responsables de aquel desvío en su conducta. Rodrigo Sáenz de Heredia es el papá pusilánime que atisba un futuro esplendoroso para su vástago si se convierte en una especie de pilarista con una buena cartera de contactos incluidos en el título de Bachillerato. Su interpretación se balancea entre chispazos de macho alfa y declaraciones que se sumergen en un patetismo verdaderamente elocuente. Su esposa, una mujer en esa edad tan difícil de las madres contemporáneas, no acude con el mismo aliento rastrero de su marido, sino más bien arrastrada por él, aunque con el pundonor necesario para reivindicarse a la primera de cambio e, incluso, iniciar las hostilidades. En este complejo papel se mete Natalia Díaz en barrena llegando a límites donde la moral va perdiendo su razón de ser. Realmente engrandecen el texto de Iñigo Guardamino que, es, al fin y al cabo, el que ha generado todo este mecanismo de parodia, sarcasmo y efecto psicótico. No deja de ser una comedia en la que destaca por encima de todo un lenguaje repleto de ironía y de salvajadas que incluyen prácticas de acoso escolar propias de la mili en otros tiempos. Desde luego el dramaturgo maneja excelentemente un humor vitriólico que nos sumerge en el macilento desgaste matrimonial, en el que comienzan a chirriar la paciencia, la falta de sexo y los detalles cariñosos. Resulta irrisorio verlos husmear con avidez en los archivadores, mientras caen en una anécdota pasada a modo de flashback para rememorar tiempos mejores. Luego, efectivamente, regresan a sus acusaciones veladas y no tanto sobre la responsabilidad en la educación de su pequeño monstruito.

La máxima amenaza que se cierne sobre sus vidas no es solo la expulsión, sino la educación pública; representada aquí bajo el estereotipo de cierto sector pijo de nuestra sociedad que ve esos centros como verdaderas pocilgas donde escasea la comida y donde la supervivencia es una constante diaria. Por lo tanto, de lo que se trata es de la lucha sin cuartel por el ascenso social en una atmósfera religiosa que parece influirles según transcurre la función, como si fuerzas del más allá los dirigieran hacia una epifanía o, todo lo contrario, hacia un juicio final, hacia el castigo ejemplar.

Se le puede poner como pega al dramaturgo que no haya concentrado más la acción principal y los giros sorpresivos, y que haya demorado un poco el final, quizás se debieran ajustar más los tiempos. Pero, desde luego, se adentra fulgurantemente en el esperpento que supone la impotencia de todas aquellas familias de la extinta burguesía española hacia sacrificios propios de los gusanos. Castigo ejemplar, yeah es mucho más que un reflejo deformado y cómico de unos padres en apuros, es el retrato de una sociedad empujada a una competitividad desmesurada y deshumanizante.

Castigo ejemplar, yeah

Dirección y dramaturgia: Iñigo Guardamino

Reparto: Natalia Díaz y Rodrigo Sáenz de Heredia

Escenografía: Maijo Pazos

Iluminación: Pedro Guerrero Briones

Vestuario: Iñigo Guardamino

Música: Joan Cerveró

Producción: La caja negra en colaboración con Tinglao Producciones

Teatros Luchana (Madrid)

Sábados – Junio (2016)

Calificación: ♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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