Escena – Fin de temporada 2018-19

Una vez terminado el curso, llega la hora de repasar lo más destacable de la esfera teatral

Foto de marcosGpunto

Al final siempre ocurre lo mismo, los montajes excelentes se reducen a un escueto puñado; pero, si echo la vista atrás y comparo esta temporada con las cuatro o cinco anteriores, parece que la cosecha ha sido, en general, peor. Puede ser por diferentes motivos, entre otros, mi propia percepción subjetiva (puedo estar equivocado) o que la crisis no se ha terminado para el mundo teatral (seguramente nunca pase ya y sea necesario acostumbrarse a esta situación), o, también, que cuesta más atrapar a un público que vive sometido por muchas tentaciones «culturales», como, por ejemplo, las series de televisión. La clave sigue siendo el espectador. Y la crítica, claro. Aunque no pueda competir en influencia contra cientos de retweets claqueros. Merece la pena hacer un repaso para recalcar cuáles han sido los mejores montajes y señalar, además, alguna obra que, por distintos motivos, si no ha sido grandiosa sí que ha conllevado detalles sobresalientes. Primeramente, es justo reconocer que algunas de las versiones o adaptaciones de clásicos (antiguos o de nuevo cuño, de aquí o de otros lares) han ofrecido facturas encomiables. Como fueron La fiesta del viejo, con la idiosincrasia argentina para traer a la actualidad El rey Lear (lo pudimos disfrutar durante muy pocas fechas en El Umbral de Primavera). Sigue leyendo

Metálica

Iñigo Guardamino despliega su habitual estilo con esta sátira sobre nuestra sexualidad en el futuro robótico que nos aguarda

Foto de Mario Zamora

El inconfundible estilo de Íñigo Guardamino se plasma ahora en la llegada de los robots a nuestras vidas (él nos traslada al 2044; pero todo llegará mucho antes) y, sobre todo, se centra en las disquisiciones sexuales. Digamos que Metálica posee elementos de sátira descarnada y negra, de pornografía insaciable y mucha carga de deshumanización. Y todo ello sin que los personajes hayan mutado en transhumanos, que es lo que se espera para entonces. Continuando el mismo esquema que empleó en su anterior propuesta, Monta al toro blanco, es decir, una estructura de sketches entreverados en los que vamos a conocer tres ejemplos de relación con robots acompañantes. En los últimos tiempos varias películas han atinado bastante y de forma seria en la cuestión, reformulando la visión que la ciencia-ficción había ofrecido hasta el momento. Si nos fijamos, por ejemplo, en Ex Machina (2015), de Alex Garland o en Eva (2011), de Kike Maíllo, la convivencia con estos androides va a resultar tan conflictiva o placentera, como inevitable. Antes de evidenciar las virtudes de la propuesta, es necesario señalar algunos deméritos que, a pesar de la ironía, restan valor al conjunto. Me refiero a uno de los habituales fallos en toda obra de arte de carácter futurista, y es remarcar la comparativa entre lo que se hacía antes (o sea, nuestro presente) y lo que se hace ahora (o sea, el futuro y tiempo real en la función). Sigue leyendo

Monta al toro blanco

Cuatro relatos que satirizan políticamente sobre una Europa en permanente tensión ante un futuro aciago

Foto de Carmen Prieto

La incuestionable mirada satírica de Íñigo Guardamino se inmiscuye en nuestra Europa y su devenir. Tema verdaderamente necesario y, en absoluto, manoseado. Digamos rápidamente que las cuestiones que aborda resultan verosímiles, inteligentes y, además, pavorosas. También reconozcamos que, a pesar del tono humorístico, se ha puesto algo más serio en el lenguaje; no parece aspirar el autor a remarcar con chistes sorpresivos cada frase de cada diálogo ―como suele ser habitual en él. Y si ha rebajado la comicidad, ha aumentado el análisis y, por lo tanto, la profundidad de casi todas las piezas que componen este fresco tremebundo de un futuro que podría llegar ipso facto. Asistimos a cuatro piezas que se nos ofrecen entremezcladas. Todas ellas podrían interpretarse como las pesadillas de una Alta Representante de la Unión Europea, quien ha decidido echarse la «siesta de la cuchara» antes de reunirse con los Ministros de Exteriores. No faltan los aderezos mitológicos sobre el Rapto de Europa, varias interpolaciones, como esa interesante declaración engreída de un chino, un estadounidense, un árabe y un ruso portando la balsa hinchable donde terminarán los europeos; o el tema musical tan hortera y pegadizo que los espectadores deberán tener verdadero cuidado si no quieren que el estribillo les retumbe durante una semana. Sigue leyendo

El año que mi corazón se rompió

Una comedia irreverente con un gran trasfondo crítico sobre los homosexuales de los años 80

Es fácil estar cansado de que el tema «homosexual» en las obras artísticas sea, en la mayoría de los casos, la revelación del secreto y el consiguiente conflicto social y familiar que supone dentro de una sociedad que no acepta con comodidad tal hecho. Si nos fijamos en el cine de este cariz, ciertamente, existen películas que indagan ya en otras cuestiones de interés humano; aunque las cintas que resultan más populares parece que le están comunicando a la gran parte del público que el trance por el que deben pasar, siempre ha sido angustioso (no lo pongo en duda). Lo que plantea Iñigo Guardamino es volver sobre esa bomba nuclear que estalla en el centro de las familias que deben «lidiar» con un acontecimiento del todo imprevisto («esto siempre le pasa a otra gente»); pero lo ha llevado a cabo con su estilo particular (muy genuino dentro del panorama teatral): el sarcasmo desorbitante, el humor negro (negrísimo, a veces) y esa forma de sinceridad hiriente e «inapropiada» que nos saca permanentemente de contexto (o todo lo contrario) y que nos lleva a la carcajada estentórea. Sigue leyendo

Castigo ejemplar, yeah

Vitriólica comedia sobre unos padres en la tesitura de salvaguardar la educación de su hijo

Castigo ejemplar - FotoCon tanto advenedizo descalabrado en los últimos tiempos y todos aquellos que han visto diezmado su estatus, no parece extraño encontrarse a una pareja allanando el despacho del director de un colegio privado y religioso. La misión casi imposible consiste en «extraviar» los expedientes que han abierto la puerta de salida a su retoño de diez años. Su hijo, adelantémonos un poco, es la encarnación de Mefistófeles y este está dispuesto a liderar un movimiento con camino directo al apocalipsis. Básicamente, lo que nos encontramos es una comedia de situación. Allí, encerrados los progenitores, vemos cómo su propia convivencia en tan extraña coyuntura les lleva a cuestionarse el papel que han representado ellos en la educación de su hijo. Él, un abogado que no parece haber atesorado bastante poder ni autosuficiencia, declara que ha entregado esa noble labor instructiva a esa pulcra institución, y que son ellos, en definitiva, los responsables de aquel desvío en su conducta. Rodrigo Sáenz de Heredia es el papá pusilánime que atisba un futuro esplendoroso para su vástago si se convierte en una especie de pilarista con una buena cartera de contactos incluidos en el título de Bachillerato. Su interpretación se balancea entre chispazos de macho alfa y declaraciones que se sumergen en un patetismo verdaderamente elocuente. Sigue leyendo