Habrás de ir a la guerra que empieza hoy

Pablo Fidalgo Lareo recupera la historia de su abuelo, un exiliado de la Guerra Civil

Foto de Marta Pina
Foto de Marta Pina

Viene el montaje de Pablo Fidalgo Lareo avalado por la consideración del diario Público de Portugal como Mejor Espectáculo de Teatro en 2015. Habrás de ir a la guerra que empieza hoy es de esas obras que parece que necesitan la hiperrealidad, la hiperautenticidad, para que el monotema de la Guerra Civil española penetre en el oído de los compatriotas con aire renovado. Partimos de la propia contextualización que nos ofrece el dramaturgo en el centro de las tablas. Sostiene el libro «auténtico» del que parte todo, Papiro-zoo, de Giordano Lareo, su abuelo y, a la sazón, protagonista de lo que vamos a escuchar a continuación. Debe quedar claro que esta historia está basada en hechos reales. Guarda el folio que ha leído y comienza la función. Pero adelantemos el final, pues tampoco debemos considerarlo una sorpresa y, quizás, tampoco deberíamos considerarlo parte de la obra. El actor que interpreta el monólogo, se desenmascara y se convierte en el intérprete angoleño Cláudio da Silva, el «auténtico» Cláudio da Silva, que nos lee, folio en mano también, y en portugués, su penosa historia personal como exiliado. Este es el aparataje propio del arte conceptual. ¿Qué pasa si lo que nos cuentan es todo inventado? ¿Funciona la obra? ¿Somos capaces de disfrutarla, entenderla e, incluso, criticarla si no supiéramos estos hechos que pretenden comprometernos? Si lo tengo en cuenta, considero que quieren hipersensibilizarme y, además, lo consideraré más testimonio que expresión dramatúrgica; si retiro el prólogo y el epílogo (ahora mismo prefiero retirarlos de mi mente), entonces la función va como sigue, y su juicio también.

Al igual que muchos españoles, Giordano Lareo tuvo que salir de su Galicia natal después de librarse de un «paseo» (más bien una «saca»). Ya en Argentina se dedica a la traducción, gracias a su dominio de varios idiomas y de la máquina de escribir que se ha traído consigo. A partir de ahí vamos conociendo sus avatares en Buenos Aires, su relación con su mujer y su hija, su renuncia al pasaporte argentino como forma de esperanza por regresar a su patria, su afición por la papiroflexia, etc. Mientras, en escena, vemos cómo Cláudio da Silva va acompañando el relato que interpreta con la parsimoniosa colocación de pajaritas de papel; trece filas con trece figuritas cada una. Una detrás de otra; un paseo detrás de otro desde el montón hasta la hilera. Es, al fin y al cabo, la gran metáfora de toda la representación. Ahí tenemos el paso del tiempo, el delicado proceso del origami, la cojera de Cláudio, la relación entre Giordano Lareo y Giordano Bruno (del que procede su nombre. No olvidemos que el filósofo napolitano, aparte de un proscrito, fue un avezado estudioso de la mnemotecnia, baste recordar su Arte de la memoria)…

Habrás de ir a la guerra que empieza hoy es una carta, al fin y al cabo, al futuro, a su hija, que viene simbolizada por el sencillo despliegue escenográfico; y es ahí, en esa concreción alegórica, donde trasciende el relato particular de un exiliado más, a una abstracción sobre lo común, sobre el presente de las migraciones involuntarias y sobre las fronteras en las que uno se puede partir la crisma. Es, definitivamente: un campo de minas, un cielo copado por la Legión Cóndor, un reloj que supera el medio día, las esquirlas de una explosión, una bandada de estorninos cuando llega el invierno, la procreación del tiempo infinito o el simple desencadenante de los recuerdos.  Me quedo con el intimismo estético que se plasma en escena, con su dolor mientras suena Alfonsina y el mar, de Ane Brun; con su esperanza mientras baila Mulemba Xangola, el tema angoleño de Bonga, Marisa Monte y Carlinhos Brown. También, después de todo, me quedo con la honrosa intención de Pablo Fidalgo Lareo por dar constancia y dejar patente que el pasado sentimental se olvida si nosotros no ponemos empeño en recordar.

Habrás de ir a la guerra que empieza hoy

Texto y dirección: Pablo Fidalgo Lareo

Interpretación: Cláudio da Silva

Diseño de luz: José Álvaro Correia

Espacio sonoro: Coolgate (Joao Galante)

Piano: Ásia Rosa

Música: Corrandes d`exili, de Lluís Llach; Alfonsina y el mar, de Ane Brun; Mulemba Xangola, de Bonga, Marisa Monte y Carlinhos Brown.

Técnico: Nuno Figueira

Apoyo artístico y asistente de producción: Amalia Area

Producción y difusión: Materiais Diversos

Un espectáculo coproducido: Teatro Municipal Maria Matos (Lisboa), Festival TNT (Terrassa), Festival BAD (Bilbao) y Festival de Otoño a Primavera (Comunidad de Madrid)

www.pablofidalgo.com

Sala Cuarta Pared (Madrid)

Hasta el 28 de mayo de 2016

Calificación: ♦♦♦

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