Gaviota

El clásico de Antón Chejov es nuevamente visitado con esta interpretación cercanísima de cinco actrices argentinas en los Teatros del Canal

Gaviota - Foto de Francisco Castro Pizzo
Foto de Francisco Castro Pizzo

One more time. De nuevo frente a La gaviota de Chéjov, otra vez una incursión que se sale del naturalismo y que pretende derivarnos por un territorio interpretativamente feminizado; aunque en el tono y en la energía no se produzca una contravención tajante. Si la semana pasada era Chela De Ferrari (quien, por cierto, se encontraba en este estreno) quien nos presentaba su mirada «invidente» de este clásico, ahora es Guillermo Cacace quien se pone al frente de estas cinco chicas para dirigir la dramaturgia escueta de Juan Ignacio Fernández. Sigue leyendo

Gemelos

El gran cuaderno, la novela de Agota Kristof, se convierte en un guiñol tenebroso a cargo de los chilenos Teatro Cinema

Gemelos - Foto de Monserrat Antileo
Foto de Monserrat Antileo

Que tras 25 años del estreno de este montaje en el Festival de Aviñón las gentes de Teatro Cinema continúen sumando funciones es un éxito descomunal. Gemelos se ocupa de la primera parte de la trilogía conocida como Claus y Lucas, de la escritora húngara Agota Kristof. En El gran cuaderno conocemos a dos muchachos que se van a quedar a vivir con su abuela. Su madre no puede hacerse cargo de ellos. Están huyendo de la guerra. Uno será el narrador (algo trastocado en la escena). La relación explosiva de estos tres individuos, entre la suciedad, el hambre y la miseria en una casa destartalada a las afueras de la ciudad se representa con las técnicas del expresionismo. Sigue leyendo

DÄMON. El funeral de Bergman

El nuevo espectáculo de Angélica Liddell se aproxima al mundo del cineasta sueco a través de un malditismo reiterativo

Dämon - Foto de Luca del Pia
Foto de Luca del Pia

Difícilmente podría superar Angélica Liddell su Vudú (3318) Blixen en el que ensaya su propio velatorio. Aquella parecía el colofón espléndido a su carrera o, cuando menos, al cierre de la trilogía que ahora continúa con Dämon. El funeral de Bergman. Permanece asentada en ese «destino» que está en el «tiempo». «El teatro es tiempo. El tiempo mata», afirma. Verdaderamente asistimos a un manierismo, a una reiteración cansina de sus modos y de sus temas, con un desarrollo conceptual más leve, menos intimista. Quizás la creadora está produciendo espectáculos por encima de sus vivencias y está exprimiendo su estilo para que los acólitos se rindan a su desfachatez. Sigue leyendo

Síbaris

La única obra teatral del exitoso novelista Domingo Villar sube a escena en una propuesta con todos los vicios de la comedia burguesa

Síbaris - FotoTambién los Teatros del Canal se manejan con el efecto halo como así lo han hecho en el CDN con David Trueba. El exitoso autor de novela negra Domingo Villar falleció de manera sorpresiva hace un par de años y dejó escrita su primera incursión teatral. El espectador habitual quedará, pienso, estupefacto, pues el producto que se presenta es propio de teatros comerciales sin fuste y espacios off, que acogen cualquier comedieta al uso, a ver si suena la flauta. Que Síbaris no hay por dónde cogerla eso se huele a la primera de cambio; porque la construcción de los personajes es endeble. Empezando por el protagonista, el escritor Víctor Morel, que ha decidido volver a la esfera pública después de veinte años; ya que está terminando su nueva obra. Carlos Blanco encarna este papel con una displicencia que resulta poco atractiva. Sigue leyendo

Kill me

Marina Otero construye una performance con los habituales elementos del teatro posdramático para redundar en el tema de la salud mental

Kill me - Foto de Pablo Lorente
Fotografía de Pablo Lorente

En los entresijos del arte contemporáneo, las obras cargadas con una compleja conceptualización elaborada con formas que desbordan los marcos referenciales se entremezclan con otras (la inmensa mayoría) que únicamente son copias de procesos, plagios de emulsiones y repeticiones de técnicas dramatúrgicas en ese cajón de-sastre que es el teatro postdramático. Para mí, una de las claves es filosófica. Si la propuesta carece de ideas, el cliché se impone. Esto es lo que ocurre aquí. Vayamos directamente al final. ¿De verdad Marina Otero ha cerrado su performance haciendo una recreación del «Wrecking Ball», de Miley Cyrus? Igual desnudez y delgadez. Sigue leyendo

Polar

Rulo Pardo construye con su habitual humor sarcástico una obra desigual, con el cambio climático de fondo

Polar - Foto de Pablo Lorente
Foto de Pablo Lorente

Todavía tengo que descubrir por qué se tilda esta obra de «comedia ecológica»; porque el ecologismo, como pensamiento político, no lo veo por ningún lado de un modo consistente más allá de la situación en la que nos encontramos. Desde luego, si Rulo Pardo se ha inspirado en acontecimientos climáticamente anómalos como la nevada Filomena, pues estupendo. Pero lo cierto es que aquí se nos plantean tres piezas muy distintas entre sí, que se pretenden hilar con una historia inasible que narra Aitana Sánchez-Gijón, mientras se nos entretiene en el proceso de cambio en el decorado. Aprovecho para comentar que Silvia de Marta se ha esmerado para darle realismo a un estiloso apartamento, a un bar de pueblo y al monte Caribú, allá en Canadá. El diseño escenográfico es de lo mejor de la propuesta, pues nos permite, no solo adentrarnos creíblemente en lo inverosímil, sino que favorece la sorpresa (véase la cristalera en el primer sketch). Sigue leyendo

Ficciones

La compañía ex_límite continúa su andadura teatral con otra propuesta enormemente sugestiva sobre los límites de la realidad a través del arte

Ficciones - Foto de Carla Maró
Foto de Carla Maró

La gente que está metida aquí viene demostrando su desparpajo y su humor, su desvarío y su pujanza juvenil, en los últimos tiempos. La compañía ex_límite, que tiene su guarida en la sala del mismo nombre en Usera, ha ido entregando proyectos de cierta dimensión como Cluster. Ahora se lanzan con Ficciones, y rápidamente debemos pensar en Borges, el cual también aparece en escena. Dentro del susodicho libro de relatos debemos extraer Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, toda una exacerbación del idealismo frente al materialismo, donde la cabalgata de personajes reales e inventados es tan imparable como nuestra función. «Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres», afirma en su cuento el escritor argentino. Sigue leyendo

Las confesiones

Alexander Zeldin relata los avatares de su madre a través de un espectáculo de aire novelístico repleto de efusiones existenciales y políticas

Las confesiones - FotoCompararemos inevitablemente esta obra con Madre, de Wajdi Mouawad, que él mismo subió a estas tablas de los Teatros del Canal hace unos meses. Las similitudes son evidentes en cuanto a que se observa la mirada del hijo, la admiración y la contemplación de unas épocas mucho más duras que las actuales, en general, en nuestro ámbito occidental. Alexander Zeldin nos traslada los avatares de su progenitora para dar cuenta de toda una serie de peculiaridades que son las que nos deben motivar, más allá de que a él le incumba lo común y lo cotidiano.

Al comienzo, irrumpe por un lateral hasta el escenario Amelda Brown, muy segura de sí, una actriz que hace de madre, que pululará por aquí y por allá desdoblándose en otros personajes, y permaneciendo como espectro testifical.  Nos soltará que su vida no es interesante. Y puede que tenga razón, pues en las primeras andanadas todo resulta bastante convencional o, si se quiere, costumbrista. Estamos en Australia; sin embargo, nadie dudaría en afirmar que posee todos esos rasgos estéticos que los americanos nos han transmitido a través del cine, esas películas realistas, un tanto conservadoras, de los años sesenta, en el entorno de la guerra de Vietnam. En una fiesta de fin de curso, tres jóvenes quieren ligar con unos marineros y alguna, incluso, se pone picantona. Luego, la representación de la familia prototípica, que intenta infundir unos valores tradicionales, donde la muchacha disuelva sus pretensiones individualistas y hedónicas, para asumir su papel de ángel del hogar. Por un lado, encuentro ese naturalismo un tanto melodramático, propio del Spielberg que hemos hallado en los Fabelman; aunque también encontramos esa espontaneidad caótica que mostró Krystian Lupa, igualmente en esta Sala Roja, con su Imagine. No obstante, el propio dramaturgo ha reconocido las influencias Annie Ernaux y de Édouard Louis, de que quien hemos conocido varias obras suyas, pero más en relación a su padre.

A mí esta obra me parece muy interesante en cuanto que señala un periodo del feminismo verdaderamente significativo y que parece desvanecerse en el narcisismo que hoy impera. Mujeres que se enfrentaron a su realidad para emanciparse y realizar su vida, que marcaron sus límites, evidentemente solo algunas lo consiguieron. Aquel empoderamiento auténtico supuso decisiones desgarradoras que iban contra lo aprendido y, sobre todo, contra lo ordenado de manera falaz, ya fuera por vía maternal y paternal, ya matrimonial. Así vemos cómo le ocurre a nuestra Alice, encarnada por Hannah Morrish, quien tiene la oportunidad de echarse el montaje a sus espaldas y evolucionar con gran verosimilitud. En una de las escenas más patéticas, evidenciaremos cómo Graham, su marido, quien regresa de la batalla, se comporta como un mequetrefe, como un hombre débil, brusco, que exige dejarla embarazada como si aquello fuera un trámite de cara a la galería. Jacob Warner expone su nerviosismo con gran elocuencia.

Está claro que se quiere contar mucho y esto, a veces, nos destina a lo novelesco sin que algunas etapas puedan trascender mayormente. La diferencia del primer acto con el último es patente. En aquel los diálogos son fértiles y en el otro se vuelven más sintéticos y melancólicos. En cualquier caso, la idea del perdón, en la que se insiste a lo largo de la función es evidente. Ya que tenemos un momento clave, una violación, que sucede en ese ambiente artístico y literario, muy hippie en el que se introduce nuestra protagonista. El estudio de un viejo pintor es el lugar donde acontece. El ejecutor es un tipo fanfarrón, con él hálito de la poesía y su discurso académico, que aborda a su víctima en el cuarto de baño. La acción está oculta para nosotros, pero el silencio sostenido del artista es más que elocuente.

Además, la respuesta a esta tropelía tiene que ver mucho con la rebelión expelida en la contracultura. Así, podemos pensar en Germaine Greer, feminista australiana, cuando contemplamos a la actriz Pamela Rabe establecer tajantemente que hay que dejarlo pasar, que hay que tener fortaleza y enfrentarse a todos esos hombres, sin ataduras. Tengamos en cuenta que aquí se quiere materializar el célebre dictum de Simone de Beauvoir: «No se nace mujer, se llega a serlo».

Por supuesto, destaca el movimiento escenográfico, esa fluidez con la que las estructuras se mueven y se cambian los decorados, mientras suena la banda sonora de Yannis Philippakis, con ciertos tonos de rock progresivo y elementos distorsionadores que inciden en las angustias de nuestra heroína. Todo el espacio es aprovechado al máximo, incluidas las butacas, donde se hospedan, en ocasiones, los actores; aunque esto suponga un uso molesto de las luces de sala.

Las confesiones es un espectáculo que nos permite inmiscuirnos en una de esas existencias ejemplares de tiempos cercanos. Salirse de lo establecido nos empuja a la intemperie, donde suele hacer frío.

Las confesiones

Director: Alexander Zeldin

Reparto: Amelda Brown, Jerry Killick, Lilit Lesser, Brian Lipson, Hannah Morrish, Pamela Rabe, Gabrielle Scawthorn, Jacob Warner y Yasser Zadeh

Diseño de escenografía y vestuario: Marg Horwell

Movimiento y coreografía: Imogen Knight

Diseño de iluminación: Paule Constable

Música: Yannis Philippakis

Diseño de sonido: Josh Anio Grigg

Director de casting: Jacob Sparrow

Directora de casting en Australia: Serena Hill

Directora asociada: Joanna Pidcock

Coordinadora de intimidad: Katharine Hardman de EK Intimacy

Apoyo dramatúrgico: Faye Merralls, Sasha Milavic Davies

Directora de voz: Cathleen McCarron

Apoyo para el dialecto: Louise Jones, Jenny Kent

Producción: A Zeldin Company / A Zeldin Compagnie

Encargo de: The National Theatre of Great Britain, RISING Melbourne y Les Théâtres de la Ville de Luxembourg

Coproducción: Wiener Festwochen, Comédie de Genève, Odéon-Théâtre de l’Europe, Centro Cultural de Belém, Théâtre de Liège, Festival d’Avignon, Festival d’Automne à Paris, Athens Epidaurus Festival, Piccolo Teatro di Milano – Teatro d’Europa, Adelaide Festival, CDN de Normandie-Rouen.

Alexander Zeldin es Artista Asociado del National Theatre of Great Britain, Odéon-Théâtre de l’Europe, Les Théâtres de la Ville de Luxembourg y Centre Dramatique National de Normandie-Rouen

Compagnie A Zeldin tiene el apoyo del Ministerio de Cultura de Francia (DRAC Île-de-France)

A Zeldin Company tiene el apoyo de The Astra Foundation

Patrocinadores de la producción: Nancy y Michael Timmers, David Schwimmer, Cas Donald, Elisabeth de Kergorlay, Mazdak Rassi and Zanna Roberts Rassi, Andrew and Raquel Segal, Victoria Reese and Greg Kennedy, Studio Indigo Architects & Interior Designers

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 12 de abril de 2024

Calificación: ♦♦♦

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Las noches malas de Amir Shrinyan

Los Teatros del Canal dan cabida a esta historia firmada por Albert Tola sobre un joven homosexual iraní que requiere asilo político

Las noches malas de Amir Srinyan - Foto deEl periplo por el que deben pasar muchos migrantes para lograr asilo político es pasmoso. Más peculiar es, todavía, si la orientación sexual es la razón imperiosa que se esgrime para conseguir los dichosos papeles. Resulta, por lo tanto, pertinente tratarlo en una obra teatral y este es el gran aliciente que nos depara este montaje. De hecho, la primera escena es la más elocuente; porque nos sitúa directamente, de una manera tajante y brusca, en una entrevista donde un funcionario, interpretado por Carlos Lorenzo, imponiendo su cuerpo con pujanza, somete a un joven iraní a un cuestionario repleto de preguntas capciosas y que atentan claramente contra la intimidad del solicitante. Sigue leyendo