La Política

Una alegoría insidiosa y sagaz sobre nuestra democracia y nuestro país dirigida por Patricia Benedicto en Nave 73

La Política - FotoParece lógico, en estos tiempos de supuesta crispación —diría, por ejemplo, que nuestro parlamento es una sospechosa balsa de aceite comparado con otros hemiciclos y otras épocas—, donde las trincheras de la nimiedad se cancelan y se la cogen con papel de fumar, tratar sobre la Política en su encarnación alegórica; aunque se entrevera indefectible y filosóficamente con «lo político». También es cierto que dada la tendenciosidad de gran parte del teatro tildado de «político» que trufa nuestra escena, cualquier espectador avisado acuda a ver la propuesta de la compañía La trapecista autómata, con los prejuicios afinados y a flor de piel. Y sí que encontramos varios detalles más escorados hacia un prototípico lado de nuestra historia, fundamentalmente en algunas frases de los últimos minutos, que recuerdan a proclamas de corte guerracivilista, cuando el discurso principal, como vamos a ver, se maneja desde una perspectiva teórica muy distinta. Y, además, la gansada grotesca de proceder con la «Gasolina», de Daddy Yankee, que es ya un lugar común de corte clasista, y que está muy relacionado con la visión peyorativa que se tiene del reguetón, por estar vinculado, en general, con estratos sociales bajos. Sigue leyendo

Ahora que nos dejan hablar

Anodina propuesta de la compañía Mudanzas López sobre un esbozo de El coloquio de los perros, de Cervantes

Ahora que nos dejan hablar - Foto de Erica M Santos
Foto de Erica

Si las nuevas generaciones vienen para anclarse en la machacona autoficción, entonces hay que batirse en retirada; porque esto es insoportable. El problema máximo de dicho procedimiento literario no radica tanto en las posibles técnicas e intertextualidades posdramáticas que se puedan poner en juego (casi siempre las mismas, esa es la verdad); sino en que hay que pensarse mucho qué se autoficcionaliza, pues la mayoría de las vidas de nuestro presente son enteramente anodinas y, en absoluto, extraordinarias. Aunque, claro, dile tú a la generación más narcisista de la historia que no te hablen de ellos. En este caso, el principiante Adrián Perea se la ha cargado con todo el equipo. El ahora renombrado Teatro Quique San Francisco (antes Galileo), ha sacado el Festival Sala Joven, dirigido por Karina Garantivá, para que, justamente, las nuevas voces tengan una buena oportunidad para mostrar sus trabajos. Ahora que nos dejan hablar iba a ser en un principio un proyecto para adaptar El coloquio de los perros y presentarlo al Festival de Almagro de 2020. De esto nos enteramos con pelos y señales desde el propio inicio del espectáculo. Sigue leyendo

Insolventes

Texto de Félix Estaire sobre las vidas truncadas de tres sevillanos afincados en un barrio barcelonés

Que unos charnegos de un barrio obrero de Barcelona, que bien pudiera ser Hospitalet o Cornellá, no se vean impelidos a discutir sobre procés o que este planee sobre sus cabezas, envejece un texto que se sitúa en 2002 —indican que se está viviendo el auge de Operación Triunfo 1 (inolvidable aquel himno televisivo: «A tu lado»), aunque ellos son más de Estopa o La Cabra Mecánica. Da la impresión de que nos retrotrae a una época mucho más lejana. Es un claro ejemplo de cómo han cambiado de forma fulgurante algunas actitudes y maneras en nuestra sociedad, tan solo fijarse en que no tienen un móvil en las manos ya es suficiente. Nos encontramos en una librería de viejo regentada por León, este deambula con la muleta en la mano; pues ha quedado cojo tras un accidente en la obra donde trabajaba. Javier Zarapico interpreta a este tacaño y zorruno pobretón con cadencia propia de los astutos que pretenden cubrir sus miserias y sus cuitas. A su servicio está Jano, un muchacho con pocas luces, que cumple afanosamente con todos los cometidos que le ordena su amo. Sigue leyendo

The Tempest

La compañía griega Push Your Art adapta el clásico de Shakespeare con un montaje dinámico y atractivo

Las interpretaciones que se ciernen sobre La tempestad son múltiples y cuesta identificarse plenamente con alguna. Lo que sí es cierto es que resulta misteriosa y anacrónica para el tiempo en la que se compuso. Es fácil caer en la tentación esotérica, cuando aceptablemente puede tomarse como una comedia destinada al divertimento del respetable y a la manifestación de cómo se gana y se pierde el poder. Aunque indudablemente la magia de Próspero, perfeccionada en esa isla a la que fue exiliado forzosamente, posee una importancia determinante. Podríamos tomar esta obra como un largo epílogo, pues partimos in medias res, y el acontecimiento, con un embrollo más liviano que en otras composiciones de Shakespeare, sirve realmente para devolver las cosas a su sitio adecuado; es decir, que el gran protagonista recobre el ducado de Milán, y que su hija lo herede. Por supuesto, que los mensajes que subyacen a toda esta alegoría, donde se echa mano de la masque para que el asunto sea más divertido, son variadas. Sigue leyendo

Aparece un corazón en un descampado

Una versión rural y moderna sobre el clásico isabelino de John Ford, Lástima que sea una puta

Foto de Ana Pizarro

En abril de 2012, se acercó al Matadero Declan Donnellan con su troupe de Cheek by Jowl para presentarnos su peculiar visión del clásico de John Ford (1586-c. 1640):`Tis Pity She´s a Whore (Lástima que sea una puta). Una modernización con desenfreno house de aire burgués contemporáneo. Desconozco si los chicos de Producciones Kepler se han apoyado en esta versión, aunque de alguna manera recoge esos vientos posmodernos que pretenden actualizar tragedias, como en este caso, del periodo isabelino. Cierto es que en Aparece un corazón en un descampado la trama ha quedado simplificada al máximo, puesto que varios papeles y derivas secundarias se han obviado. Se han quedado con la historia principal del amor incestuoso entre los hermanos Giovanni y Annabella, y la desgracia que sobreviene cuando esta, embarazada, se casa con Soranzo, un señorito. Pero, como digo, la trama se convierte en una mera excusa para crear un ambiente rural de luchas sociales, repletas de envidias, de caciquismo, de chichisbeo y de discotequeo, de paletismo y de atmósfera detectivesca a lo CSI. Sigue leyendo

La donna immobile

Un montaje que plasma, con un cuestionable discurso, la violación de una mujer y sus derivas socioculturales

Poco tiene que ver a la postre el cuento popular escrito por Giambattista Basile en el siglo XVII, titulado «Sol, Luna y Talía», donde esta última es violada por un rey, con «La bella durmiente». La dramaturga Rakel Camacho ha querido aunar en un mismo espectáculo, la recreación cruenta y evidente de aquella historia —nada que ver con aquella de los hermanos Grimm— con elementos contemporáneos sobre violaciones y cuestiones diversas sobre el sexo masculino. Digamos que la adaptación se consume en la primera media hora. En esta asistimos a un brutal acto de aparente necrofilia (si aceptamos que el estado de la protagonista va más allá del sueño), próximo a la pornografía, donde Trigo Gómez, un príncipe azul que va de picnic por el campo, se ensaña sobremanera con la chica. Sigue leyendo

Petite mort

El suicidio como una de las bellas artes en una performance repleta de discursos antitéticos

Está claro que los dos dramaturgos que aquí presentan este artefacto pretenden plasmar en escena esos procedimientos, esas contaminaciones, que otros géneros literarios como la novela o la poesía ya han empleado o, como ocurre en el arte conceptual, se dejan influenciar por otras disciplinas culturales. De Gon Ramos únicamente conocemos su formidable Yogur / Piano, mientras que de María Velasco, se puede afirmar que es toda una artista asentada en los márgenes (Líbrate de las cosas hermosas que te deseo, La soledad del paseador de perros). Parece que la unión ha resultado desigual, y que ella ha impuesto su estilo, caracterizado, fundamentalmente, por el conceptismo y el abusivo desbarre performativo con toque de humor vitriólico. Sigue leyendo

Windsor

Un thriller que posee como trasfondo el misterioso incendio del rascacielos madrileño

Windsor - FotoEl esquema de los thrillers está muy trillado. Las series de televisión, las películas y muchas novelas parece que han agotado la fórmula y lo único que hacen es buscar espacios inexplorados que sustancialmente no cambian lo preestablecido. No queda más que intentar sumergirse en personalidades lo suficientemente atractivas y complejas o en ofrecer perspectivas que abran caminos de incertidumbre. ¿Cómo aceptar que gran parte del público está sobre aviso, que enseguida se atisbarán las rutas más habituales del género? Curiosamente, el año pasado por estas fechas presentaba el Centro Dramático Nacional una versión de Hard Candy y, al ver que Windsor comenzaba con una conversación de chat de esas donde el simple ligoteo va encaminado a algo más, saltaron todas las alamas. A partir de ahí esperé que algún macguffin me engañara y me hiciera creer que todo correría por otros derroteros. Pero, aceptemos que es otra vuelta más sobre esa lucha de encubrimientos, pues al menos deberíamos sentirnos cautivados por aquello que nos cuentan. Incluso que se nos pusiera en la tesitura de la duda y de la doblez de los propios personajes; pero la lógica del reporterismo se impone rápidamente. Sigue leyendo