Un bar bajo la arena

El recuerdo a ese espacio del Teatro María Guerrero donde se encontraban las gentes de la profesión

Foto de marcosGpunto

Para celebrar los cuarenta años del Centro Dramático Nacional (CDN) se podría haber organizado una exposición, un ciclo de conferencias o un simple evento con discursos e imágenes alusivas a lo que ha significado la institución para España (sobre todo, para Madrid). En oposición a ello, José Ramón Fernández y Ernesto Caballero se han liado la manta a la cabeza y han elaborado un montaje que cumple esencialmente con su cometido. Sin permitir, apenas, que el exterior penetre, y como si fuera una especie de coordenada espaciotemporal sui géneris, van renaciendo los fantasmas en forma de sueño de todos esos personajes que un día hicieron que la ficción fuera la ilusión de unos espectadores ávidos por aprehender esa sublime experiencia. No se puede afirmar que la obra esté destinada a cualquier persona que se anime a asistir; pues es un acontecimiento tan particular que uno solamente se imagina a las gentes de la profesión acudiendo a rememorar aquella época en la que el bar del «Mari Guerri» propició encuentros fructíferos y de lo más interesantes. En esa ensoñación se adentra Pepe Viyuela, que hace de José María, el estereotipo de teatrero tímido, aparentemente solitario, que vive fascinado por las vibraciones de la cuarta pared. Un individuo que acude con demasiada frecuencia a tomarse su café, acompañado por los programas de mano, con la firme intención de codearse con sus admirados actores. Papel que domina a la perfección, algo pánfilo, entrañable. Sigue leyendo

Bodas de sangre

Pablo Messiez acerca este clásico al presente para ofrecer una perspectiva más sensual y luminosa

Foto de marcosGpunto

Si las tragedias de Lorca tuvieron en su momento validez literaria y contemporánea, fue porque el poeta granadino supo traer a sus textos historias auténticas —como habían hecho Lope o Calderón—, que recordaban aquellas pulsiones de los hombres que aún conciben la justicia y el honor como valores que deben obtenerse en la lucha inmediata, salvaje, sin la mediación de estructuras políticas propias de la civilización. Acercar Bodas de sangre al presente posee unas complejidades conceptuales enormes. ¿Quién se mata hoy a navajazos porque te roban la novia en el altar? Desde luego, no los personajes que nos encontramos en escena, que ya no pueden ser individuos que viven en cuevas, que pertenecen a la España profunda, a la Andalucía anclada en un pasado tan remoto como primitivo. Hacer que en la actualidad esos tipos puedan llegar a tal determinación, implica llevarlos a un punto de excepcionalidad que sí que contiene este drama, y que sí que resulta aceptable a nuestros ojos. Es decir, la inquina familiar, el odio macerado durante los años y la excusa perfecta para que la rabia se libere sin remisión El teatro lírico de nuestro malogrado dramaturgo eleva a sus personajes a la categoría de arquetipos. Sigue leyendo

Zenit

Ramon Fontserè se encarna en un Quijote que quiere luchar por la verdad en el periodismo

Foto de David Ruano

La crisis que vive el periodismo en nuestros días, tanto en el plano material (bajada de ventas de las publicaciones en papel), como en el plano deontológico (la disputa por la audiencia y los lectores está conllevando falta de escrúpulo en el tratamiento de las noticias) ha logrado que el concepto de posverdad se haya convertido en toda una revelación del estado de la cuestión. Es indudable que los cambios que vivimos en la actualidad están absolutamente relacionados con la llegada a nuestra vida cotidiana de unas tecnologías que nos permiten comunicarnos de una forma aparentemente multidireccional, que hasta hace poco era inimaginable. El hecho de los Joglars se aproximen a este asunto tan candente es en sí un motivo para que nos interesemos en su propuesta; aunque tendremos que determinar si han sido lo suficientemente incisivos, dada la catastrófica situación en la que nos hallamos. Sigue leyendo

Perdona si te mato, amor

Carlota Pérez-Reverte ofrece con su ópera prima altas dosis de humor negro

perdona-si-te-mato-amor-en-las-naves-del-español-mataderoCuando partes de una tradición como la de Jardiel Poncela, autor de algunas obras consideradas comedias de intriga policiaca, entre las que destaca Los ladrones somos gente honrada; o cuando uno se deja influir por Miguel Mihura —la temporada anterior pudimos ver en escena Carlota—, es complicado abrir nuevas perspectivas. Son dramaturgos que han destacado por su capacidad para desarrollar el diálogo, trenzado a partir del absurdo y del juego de palabras sin fin. Con estos mimbres, Carlota Pérez-Reverte ha escrito una obra que recauda cada uno de los estereotipos y de los tópicos propios del subgénero y con los que ha sido capaz de configurar un texto dinámico, audaz y divertido. Gracias a la escenografía de Manuel Pellicer, donde cada futura escena ya dispone de su espacio igual que si fuera el Cluedo tridimensional. Allí reúne, en diferentes planos y profundidades: el despacho de Homero & Asociados (toda una asesoría para crímenes hipotéticos), una comisaría (con impresos de cualquier color imaginable), un salón, un apartamento y una pasarela superior por la que desfilan los seis personajes mientras los títulos de crédito presentan cinematográficamente la obra en una pantalla enorme (esto también nos recuerda a la Carlota de Mihura que dirigió Mariano de Paco). En esa misma pantalla se sobreimpresionan las animaciones y los grafismos diseñados por Manuel Vicente, muy acordes con la estética que se pretende crear. Sigue leyendo