Ojos que no ven

Natalia Mateo ha transformado en obra teatral su cortometraje para configurar una oscura tragicomedia navideña

Ojos que no ven - FotoLas trifulcas familiares con visos costumbristas, con ese retrato de las cuitas pequeñoburguesas, son un género altamente explotado en el cine y, también, en el teatro. Fácil es acordarse, por ejemplo, de Agosto, de Tracy Letts; aunque más interesante es traer a colación No todo el mundo puede ser huérfano, de los Chiens de Navarre, pues ellos ofrecieron una conmovedora ruptura sarcástica a la cuestión. Ojos que no ven, de Natalia Mateo parte de su propio cortometraje homónimo. Aunque se perciben detalles peculiares, que veremos, la autora se ajusta al estereotipo y, por supuesto, nos destina a la catarsis esperable para que la purga nos concite. Por eso, en este sentido, no podemos ir más allá, por mucho que las interpretaciones posean, en general, una sintonía del todo satisfactoria. Si la idea principal del corto se mantiene, los cambios y las aportaciones son muchas y variadas; con lo que debemos aceptar que es casi una obra nueva. Sigue leyendo

Placeres íntimos

José Martret exprime la esencia de esta obra del sueco Lars Norén sobre las grietas emocionales ante la muerte de una madre

Hace prácticamente unos años pudimos ver en funcionamiento el texto de Lars Norén, Demonios. Aquel estilo cortocircuitado se desarrolla de forma parecida en este Placeres íntimos. José Martret ha tenido el acierto de reducir una obra de cinco horas a poco más de una y media. De hecho, se pueden identificar redundancias temáticas como un torbellino sin control que con un exceso de minutos habrían llevado al traste y a la inconsistencia toda la función. Me da la impresión de que la inevitable vis cómica de Javi Coll y de Toni Acosta, ha escorado el espectáculo, en ciertos momentos, hacia la comedia de situación; y nos ha podido confundir en cuanto a la trascendencia que subyace. Ambos dieron una verdadera lección de sus capacidades en esa genialidad llamada La estupidez. Isis de Coura y el propio director han diseñado una acogedora vivienda sueca forrada de madera, con elementos que nos dan a entender rápidamente qué ambiente afable se puede respirar allí: una combinación de muebles clásicos con otros, como la butaca giratoria, de aire más moderno. Un cochecito para algún niño. Sigue leyendo

La estupidez

Una sátira caótica en un motel de Las Vegas que tiene como desencadenante a la avaricia

elenco-la_estupidez-feelgood_teatro-santados-color-altaDurante una de las escenas de La estupidez, un matemático discurre con otro matemático más joven acerca de las ecuaciones Lorenz y todo aquello que se refiere a la teoría del caos, que en nuestro conocimiento prosaico asimilamos con el efecto mariposa. También, se comenta el caso del mono que sentado frente a una máquina de escribir, tecleando al azar durante millones de años, llegaría a plasmar, en alguna secuencia, cualquier obra escrita hasta ahora y, lo que es «mejor», cualquiera que se vaya a escribir en el futuro. En fin, curiosidades de las matemáticas. Lo interesante es que la propia función se mueva en ese aparente caos y que este haya sido desencadenado por el aleteo de la avaricia y que, además, venga envuelto de un humor eminentemente judío, pueblo, no obstante, acusado de avaro y adorador del Dios Dinero, y que el texto haya sido escrito por Rafael Spregelburd, argentino de Buenos Aires, donde, por cierto, afirman que existe un psicoanalista por cada tres ciudadanos y donde, por cierto también, viven muchos judíos que seguramente compartan que los porteños son de por sí verborreicos y tendentes a la neurosis o quizás solo sea un tópico. En definitiva, una estructura superficial que posee un engranaje en su estructura profunda que igual que te ilumina sobre la naturaleza humana, te lleva a cuestionar su propia capacidad intelectiva. Sigue leyendo

Perdona si te mato, amor

Carlota Pérez-Reverte ofrece con su ópera prima altas dosis de humor negro

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Cuando partes de una tradición como la de Jardiel Poncela, autor de algunas obras consideradas comedias de intriga policiaca, entre las que destaca Los ladrones somos gente honrada; o cuando uno se deja influir por Miguel Mihura —la temporada anterior pudimos ver en escena Carlota—, es complicado abrir nuevas perspectivas. Son dramaturgos que han destacado por su capacidad para desarrollar el diálogo, trenzado a partir del absurdo y del juego de palabras sin fin. Con estos mimbres, Carlota Pérez-Reverte ha escrito una obra que recauda cada uno de los estereotipos y de los tópicos propios del subgénero y con los que ha sido capaz de configurar un texto dinámico, audaz y divertido. Gracias a la escenografía de Manuel Pellicer, donde cada futura escena ya dispone de su espacio igual que si fuera el Cluedo tridimensional. Allí reúne, en diferentes planos y profundidades: el despacho de Homero & Asociados (toda una asesoría para crímenes hipotéticos), una comisaría (con impresos de cualquier color imaginable), un salón, un apartamento y una pasarela superior por la que desfilan los seis personajes mientras los títulos de crédito presentan cinematográficamente la obra en una pantalla enorme (esto también nos recuerda a la Carlota de Mihura que dirigió Mariano de Paco). En esa misma pantalla se sobreimpresionan las animaciones y los grafismos diseñados por Manuel Vicente, muy acordes con la estética que se pretende crear. Sigue leyendo