Historia de un jabalí o algo de Ricardo

Joan Carreras brilla en esta original mirada sobre la tragedia shakesperiana ingeniada por Gabriel Calderón

Historia de un jabalí - Foto de Felipe MenaDentro la corriente metateatral, encontramos una veta donde el oficio de actor se revuelve sobre sí mismo en un juego de entrada y salida, crítico y desencantado. El propio Teatro de La Abadía ha dado cabida en varias ocasiones a montajes con este motivo. Recordemos, por ejemplo, el Carsi de hace unos meses; pero, sobre todo, el Yo, Feuerbach, con Casablanc de protagonista. Avancemos que el texto de Gabriel Calderón, quien además dirige con finura para ajustarse a unos precisos setenta minutos, es una virguería desde todos los puntos de vista posibles y que, a pesar de que la metateatralidad es casi una imposición contemporánea, es capaz de sondear la originalidad. Primero porque construye con múltiples capas que se entreveran para propiciar una síntesis de máscaras, de personas, de caracteres, de personajes; es decir, de imposturas que se desdoblan para autoaniquilarse. Sigue leyendo