Escena – Fin de temporada 2024-25

Repaso a los espectáculos más sobresalientes de este curso que acaba de finalizar en la esfera teatral

Foto de Jean Louis Fernandez

Que la tendencia conservadora y buscadora de públicos más talluditos y fieles se va imponiendo en la mayoría de los teatros es ya una obviedad. De alguna manera, esta pulsión arrastra también a creadores que estarían dispuestos a arriesgarse más; sin embargo, ven que el propio ambiente lo ha hecho más complicado. Parece que ciertas líneas se van difuminando como, por ejemplo, esas ínfulas juveniles de otros años donde se nos esputaban consignas sobre su sacrosanta identidad; pero con tono victimista y ñoño. Sigue leyendo

Entre rimas y riberas

El Teatro de la Comedia acoge un espectáculo difuso con la poesía de Garcilaso de la Vega y algunas poetas uruguayas

Foto de Sergio Parra

No sabemos todavía cómo discurrirán los proyectos en la sala Tirso de Molina una vez entre de lleno en su puesto la nueva directora, Laila Ripoll. En los últimos años, el director, Lluís Homar, quien además firma aquí el trabajo con Gabriel Calderón, ha propiciado en ese espacio de la quinta planta espectáculos más modestos. Diálogos con lo que ocurriera en su momento abajo y, también, montajes que parecían rellenar un lugar con el que no se tiene mucha noción acerca de qué integrar. En esto estamos con Entre rimas y riberas, pues uno apenas sabe a qué atenerse. Sigue leyendo

Orlando

Marta Pazos entrega un espectáculo repleto de fantasía y esteticismo en el Teatro María Guerrero sobre la novela de Virginia Woolf


Foto de Bárbara Sánchez Palomero

Desde luego, la conceptualización que encierra el Orlando de Virginia Woolf ha servido para que muchos, muchas y, sobre todo, muches hayan encontrado la novela promisoria de la pretendida queerización de nuestra esquizofrenia actual. Afortunadamente debemos juzgar y complacernos con lo que ocurre sobre las tablas. Vaya por delante que pienso que Marta Pazos ha ofrecido su mejor montaje. Sigue leyendo

Constante

Guillermo Calderón y Gabriel Calderón destripan a Calderón con una pieza inspirada en El príncipe constante

Foto de Santiago Mazzarovich

Fue hace ya un par de años, cuando el mismo Teatro de la Comedia acogió su versión de El príncipe constante. Ahora se toma aquella como excusa, para inventarse un artefacto a medio camino del thriller policiaco y la crítica de arte (o del arte). No sé si los vasos comunicantes que se intentan implantar van más allá de los gestos metateatrales que remiten a aquella; porque no parece muy necesario conocer el drama original. Aquí los vericuetos suponen un juego para el espectador; ya que se busca dilucidar, entre otros asuntos, un asesinato. Una especie de cómic con sus altas dosis de humor. Y también una reducción absoluta sobre cualquier veta hagiográfica; si, acaso, lo religioso se introduce, en alguna mínima medida, como superchería. El fetiche de la mercancía termina por ser un gracioso motivo para la distracción de los espectadores. El espectáculo es raro, en cuanto que uno espera seriedad, y lo que halla son diálogos rocambolescos. Sigue leyendo

Uz: el pueblo

Natalia Menéndez dirige esta comedia negra del dramaturgo Gabriel Calderón, donde se pretende realizar una sátira acerca de las creencias de una familia cristiana. El resultado nos hace pensar en un tipo de teatro comercial bastante inane

Uz - El pueblo - Javier Naval
Foto de Javier Naval

La lógica parecía decirnos que, si Historia de un jabalí había sido extraordinaria y Ana contra la muerte, nos hizo pasar buenos momentos, este Uz: el pueblo —presentada en 2004—, del dramaturgo uruguayo (y multipremiado) Gabriel Calderón (1982), debería ser un bombazo. Pues yo pienso que si le quitamos el embalaje ese que las élites culturales parece que no quieren contemplar; pues hallaremos una astracanada digna de los teatros comerciales más rancios.

Esto no tiene ni la sutileza, ni la inteligencia de los Monty Python, que serán nuestro principal referente (tampoco de Los Simpson). Más bien se parece a La que se avecina; aunque sin esa capacidad para incidir en nuestra moralina presente. Esto es una bola de nieva lanzada de una montaña bien empinada, una vez la clamorosa voz en off de Dios le ordena a Grace que mate a uno de sus dos hijos, como si fuera Abraham. El desbarre alcanza los noventa minutos y se recurre a ese humor que, sí, nos puede hacer reír y hasta carcajearnos; pero para caer después en el olvido. No obstante, nosotros íbamos al Matadero a ver teatro trascendente y profundo, ¿no? Sin pasarnos, claro, que para eso nos cargamos a Mateo Feijóo, que pretendía hacer de esto Berlín. Sigue leyendo

Ana contra la muerte

El Teatro de La Abadía nos muestra el desgarro de una madre ante la enfermedad de su hijo en esta obra del uruguayo Gabriel Calderón

Ana contra la muerte - FotoEl nivel que había demostrado la temporada anterior Gabriel Calderón con Historia de un jabalí fue máximo. Y uno esperaba que esa complejidad de capas que se entreveraban en la ficción perviviera de alguna forma como una extensión de su estilo. No obstante, el primitivismo estético funcionaba en aquella mucho mejor que en esta que ahora tenemos delante. La manera artesanal de proceder a través de esa especie de tablado desmontable traído desde la Alta Edad Media, con su telar enrollable al fondo y con ese levísimo prólogo que nos invita a la función casi desde el susurro posee calidez, indudablemente, pero constriñe la acción a lo declamatorio, a lo narrativo, a la cuentística, a la tradición oral que renuncia en demasía a la representación. Sigue leyendo

Historia de un jabalí o algo de Ricardo

Joan Carreras brilla en esta original mirada sobre la tragedia shakesperiana ingeniada por Gabriel Calderón

Historia de un jabalí - Foto de Felipe MenaDentro la corriente metateatral, encontramos una veta donde el oficio de actor se revuelve sobre sí mismo en un juego de entrada y salida, crítico y desencantado. El propio Teatro de La Abadía ha dado cabida en varias ocasiones a montajes con este motivo. Recordemos, por ejemplo, el Carsi de hace unos meses; pero, sobre todo, el Yo, Feuerbach, con Casablanc de protagonista. Avancemos que el texto de Gabriel Calderón, quien además dirige con finura para ajustarse a unos precisos setenta minutos, es una virguería desde todos los puntos de vista posibles y que, a pesar de que la metateatralidad es casi una imposición contemporánea, es capaz de sondear la originalidad. Primero porque construye con múltiples capas que se entreveran para propiciar una síntesis de máscaras, de personas, de caracteres, de personajes; es decir, de imposturas que se desdoblan para autoaniquilarse. Sigue leyendo