Una adaptación demasiado luminosa firmada por Eduardo Galán del drama de Arthur Miller sube al escenario del Teatro Fernán Gómez

En los últimos años Arthur Miller ha mantenido su vigencia con montajes de éxito como Muerte de un viajante ─también tuvo relevancia El precio─. Lo cierto es que otras obras reverberan con más interés en el presente por las denuncias que anidan en sus argumentos. Así ocurrió con Las brujas de Salem en relación a la libertad de expresión y vuelve a pasar ahora con Panorama desde el puente (podemos recordar aquella puesta en escena protagonizada por Eduard Fernández), que pone encima de la mesa la eterna problemática de la migración. Es patente que las detenciones abruptas y violentas del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos) resuenan en esta función. Sigue leyendo

Podemos encontrar todo tipo de excusas razonables para justificar esta versión tan convencionalista y hasta popular que se presenta en el Teatro Fernán Gómez. Y hablo de excusas, porque sabemos de los conocimientos y del buen hacer de Helena Pimenta a lo largo de su carrera. Pero lo que ha hecho Eduardo Galán con su adaptación es un claro ejemplo de cómo se encuentra el equilibrio entre el montaje desbordante y omniabarcador (que no dejara suelto ni un solo fleco) y la propuesta que «guste» a un público menos avezado o paciente entre el que se deben hallar también los bachilleres. ¿Se merecía esto el centenario del fallecimiento de Pardo Bazán? Pues a falta de otras iniciativas públicas, parece que hay que conformarse. Y aunque se insista en que esta es la primera vez que se sube a las tablas una versión de esta novela; tampoco creo que se deba desmerecer el