La familia No

Gon Ramos realiza un ejercicio imposible de realidad-ficción sobre la infancia de cuatro hermanos

Creo sinceramente que uno de los dramaturgos a los que se debe seguir indefectiblemente en el panorama dramático español es Gon Ramos. A pesar de que en esta ocasión haya ofrecido un texto al que, desde mi punto de vista, le falta aún un repaso, le queda pulir el desborde verborreico, ya de por sí habitual del autor. Pero, como vamos a ver, siempre depara una visión radical de la realidad y un subjetivismo que parte filosóficamente de la tradición francesa de pensadores posmodernos como Derrida o Baudrillard, entre otros. El interés por los márgenes, con lo inasible, con la especulación y con el territorio ignoto de la memoria que se desea reconstruir. Estos aspectos fueron conjugados a la perfección en su obra más ideal: Un cuerpo en algún lugar. En la nueva obra que se presenta en la Sala Cuarta Pared, lo que se puede valorar como más interesante es el concepto que plantea la deconstrucción de una familia a través de una perspectiva inédita que sería la remembranza quebrada de la infancia de cuatro hermanos. Sigue leyendo

Petite mort

El suicidio como una de las bellas artes en una performance repleta de discursos antitéticos

Está claro que los dos dramaturgos que aquí presentan este artefacto pretenden plasmar en escena esos procedimientos, esas contaminaciones, que otros géneros literarios como la novela o la poesía ya han empleado o, como ocurre en el arte conceptual, se dejan influenciar por otras disciplinas culturales. De Gon Ramos únicamente conocemos su formidable Yogur / Piano, mientras que de María Velasco, se puede afirmar que es toda una artista asentada en los márgenes (Líbrate de las cosas hermosas que te deseo, La soledad del paseador de perros). Parece que la unión ha resultado desigual, y que ella ha impuesto su estilo, caracterizado, fundamentalmente, por el conceptismo y el abusivo desbarre performativo con toque de humor vitriólico. Sigue leyendo

Placenta

Recorrido vital de una joven el día que España quiso reclamar la mayoría de edad

Foto de Alicia López
Foto de Alicia López

Si para algo debe servir un Festival como el Surge es para comprobar hasta qué límite están dispuestos los creadores a tocar. En este caso, Julio Provencio presenta su obra Placenta en el Teatro Guindalera. Digamos que es el claro ejemplo de alguien que ha escrito una historia, que tiene estipulado lo que quiere contar, de dónde quiere partir y adónde quiere llegar, pero que ha sido «víctima» de ciertas convenciones que no le han permitido dar cuenta de todas sus concepciones. Placenta se basa prácticamente en el esquema de las tragedias clásicas. Cumple con las tres unidades tal y como Aristóteles lo expuso en la Poética. Contamos con una única acción destinada a la catarsis. Una joven procedente del País Vasco, huérfana de madre y con un policía nacional como padre, llevan un tiempo viviendo ya en Madrid después de verse obligados al exilio por las presiones terroristas. La protagonista es apaleada en una carga llevada a cabo por los antidisturbios durante las concentraciones del 15M en 2011; magullada y dolorida recibe el socorro de una vieja prostituta con quien mantiene una entrevista reveladora. La unidad de tiempo es evidente, aquella famosa fecha de las reivindicaciones políticas en España. Mientras que la unidad de espacio es el entorno casi callejero de la vivienda donde vive la meretriz. Sigue leyendo

La lista

La Sala Cuarta Pared lleva a escena este premiado monólogo de la dramaturga Jennifer Tremblay

La lista - fotoCada uno se las compone para conducirse en la vida. El número de personas que recurre a las listas en este devenir tremebundo y agitado debe ser infinito. El uso de todas esas citas, recuerdos, propuestas o encargos, también tiene multitud de usos; uno de ellos, quizás el principal, es postergar aquello ineludible que en algún momento se apuntó. «Llevo una lista rigurosa / detallada / la sigo al pie de la letra / y más desde que…». Escrito como si fuera un poema en verso libre, un chorro de ideas y pensamientos que buscan ordenarse, como una oda whitmaniana al olvido de las cosas importantes, a esos bloqueos mentales como surgidos del inconsciente para revelarse en catástrofe. Algunos dirían que para provocarse cambios abruptos imprescindibles antes de caer en el desconcierto o en el tedium vitae. Una mujer de unos treinta y cinco años que ha decidido marcharse a vivir fuera del mundanal ruido pasa los días cuidando de sus tres vástagos, en el transcurrir de unas semanas, unos meses y unos años que se van calcando unos a otros. Sigue leyendo