El cíclope y otras rarezas de amor

Ignasi Vidal firma este enredo coral y algo naíf sobre las relaciones de individuos en crisis

Foto de David Ruiz

El buen sabor de boca que nos dejó El plan era razón suficiente para esperar un texto bien trabado en la nueva obra de Ignasi Vidal. Pero la decepción llega enseguida, porque el lenguaje que emplean sus personajes es, por una parte, manido y, por otra, inverosímil. Se le quiere dar a la función ese aire cinematográfico propio de las comedias románticas americanas que nos llevan atufando durante todas estas décadas, y que juega al encaje de diversas historias en un panorama coral. Ya se sabe, hay que hacer coincidir a unos con otros para que dé la impresión de que el mundo es un pañuelo, un microcosmos lleno de magia y encanto. Así nos encontramos con una decena de piezas, de situaciones concretas que se van cerrando para dar paso a otras hasta que se configura el tejido circular. Sigue leyendo

Hamlet

Israel Elejalde hace un virtuoso príncipe de Dinamarca con giros estupefacientes

Foto de Ceferino López
Foto de Ceferino López

Una cama y el sueño se citan en duelo hasta que se transforman en fosa y realidad. El preámbulo a la duda metódica cartesiana y el descubrimiento de la ensoñación calderoniana que hoy contribuyen a que la obra literariamente más rica de Shakespeare se observe en toda su dimensión. Miguel del Arco se ha esforzado en crear un ambiente estrictamente onírico desde el principio, que alcanza mediante proyecciones un tanto psicodélicas sobre las cortinas que nos separan de algunas acciones nubladas. ¿Es locura el fingimiento de Hamlet o es la cuna balanceada por Morfeo la que mece el devenir del príncipe herido en su orgullo y en su honor?   Sigue leyendo

El veneno del teatro

El veneno del teatro plantea hasta qué punto un actor puede lograr una interpretación «auténtica» a través de un personaje

El veneno del teatroEn apenas una hora se resuelve una lucha entre la verdad y la ficción con dos hombres entregados en su quehacer. El veneno del teatro, escrita por Rodolf Sirera allá por 1978 y dirigida por Mario Gas, plantea hasta qué punto puede lograr una «auténtica« interpretación un actor a través de un personaje. Es lo que se propone Miguel Ángel Solá dando vida a un excéntrico aristócrata cuando invita a un gran intérprete (Daniel Freire) a su palacio. Así, en el escenario, se da cabida a un vaivén dialéctico que va del metateatro pirandelliano con un mayordomo que golpea primero, al diálogo platónico pasando por la elucubraciones malvadas de un experimentador radical. Todo ello aderezado con unos vinos dulces que van perfilando la veritas. Sigue leyendo