El teatro de las locas

Lola Blasco lleva al Teatro María Guerrero aquella experiencia performativa que empleó el neurólogo Jean-Martin Charcot en La Salpêtriere

El teatro de las locas - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Las últimas temporadas hemos tenido varias aproximaciones a las vivencias de afectados por algún tipo de trastorno síquico. Así, por ejemplo, en dos piezas que funcionan en paralelo estéticamente como Hacer noche, de Bárbara Bañuelos y en Contención mecánica, de Zaida Alonso, hallamos una mirada más posmoderna de la cuestión; mientras que en La madre de Frankenstein, basada en la novela de Almudena Grandes, se da cuenta, precisamente, del sanatorio mental femenino de Ciempozuelos y, además, de las tropelías del siquiatra Vallejo-Nágera. Aunque, evidentemente, la gran correspondencia para lo que nos compete es el Marat-Sade, de Peter Weiss (recordemos las versiones más recientes, la de Luque y la de Atalaya). Sigue leyendo

ANGELA (a strange loop)

Susanne Kennedy plantea un sofisticado viaje alquímico en un espectáculo tan tedioso como fascinante en los Teatros del Canal

ANGELA (a strange loop) - Foto de Julian Röder
Foto de Julian Röder

¿Esta propuesta de Susanne Kennedy es una tediosísima genialidad? Partamos de la casi ausencia de aplausos y del absoluto desconcierto del público en el estreno en los Teatros del Canal. Por fin algo de sinceridad en el respetable. Fuera caretas. Ciertamente, una función costosa, aburrida, sin aparente sentido; pero, paradójicamente, radical en su compromiso estético-filosófico. Si aceptamos la apuesta, tendremos que hacer el esfuerzo de desencriptar un dispositivo que da una serie de claves básicas; aunque nos sostiene en una alegoría de corte posmoderno. Sigue leyendo

Run Baby Run

Fátima Delgado presenta un texto tremendamente endeble sobre la intersexualidad femenina en el deporte

Run Baby Run - Vanessa Rabade
Foto de Vanessa Rabade

Romper la dialéctica, la controversia y destinarnos hacia la «verdad» incuestionable es la forma más clara de soberbia en el teatro. Por no hablar de la pobreza intelectual que supone no incluir una diversidad de perspectivas sobre temas que, a priori, son complejos. Esto ocurre mucho en las dramaturgias contemporáneas donde la ideología se impone de manera panfletaria. Run Baby Run ─¿título en inglés para una obra que se alimenta del folclore gallego?─ es un ejemplo de este vicio. Aquí partimos nuevamente del egocentrismo (embebido de narcisismo) que afirma que si no se respeta eso que tan apabullantemente se llama «identidad» la discriminación será flagrante, insoportable y, por lo tanto, habrá que buscar unos culpables. Hoy, identidad es cualquier cosa y todo el valor que uno le quiera dar (supremo, según algunos). Todo muy delulu. Ya sea por causas de sexo, género, cultura, religión, arte, sentimiento,… Sigue leyendo

Manual para armar un sueño

El nuevo espectáculo de La Zaranda es un viaje quijotesco sobre las miserias del teatro

Manual para armar un sueño - Foto de Raúl Sánchez
Foto de Raúl Sánchez

Después de La batalla de los ausentes, que supuso un revulsivo (otro más) en La Zaranda, quizás, este Manual para armar un sueño se quede un tanto escueto en relación a la profusión de temas que parecen insinuarse. No es solo que sea una función breve, es que no termina de ahondarse más en ese proceso de autocrítica (y crítica) de la farándula y del mundo del espectáculo ─en gran medida lo habían hecho en El desguace de las musas─. De alguna manera, sirve este proyecto de prontuario, de materialización y expresión casi prescriptiva de su propia filosofía. En este sentido, es de una coherencia absoluta y debe quedar como una obra significativa en cuanto a su despliegue teórico-práctico. Sin embargo, en cuanto al relato, a la interrelación de los personajes, podrían estar dando vueltas por esos vericuetos regodeándose con los interminables vicios que se podrían evidenciar. Sigue leyendo

Mi abuela no se llama Carmen

En el Teatro Fernán Gómez, Ana Mayo homenajea a su yaya en una autoficción de carácter costumbrista

Mi abuela no se llama Carmen - Foto de Geraldine Leloutre
Foto de Geraldine Leloutre

Uno puede ponerse en la tesitura sentimental y hasta compasiva de la autora, por supuesto. Cuántos hemos tenido abuelas viudas, muy ancianas, muy duras y singulares, con genio y pejiguerías, que pasaron la guerra (y quedaron con los perdedores) y atravesaron la posguerra pues nos podemos hacer cargo del asunto. Claro, pero esta abundancia de autoficciones en la escena, eso de que los artistas nos cuenten su vida, que viene a ser tan corriente como la de tantos, que intervienen sus textos tan poco ficcional y literariamente, que se ajustan a dramaturgias consabidas, te deja ya terriblemente agotado. Sigue leyendo

Vania x Vania

Pablo Remón somete a los muy teatristas a una experiencia sublime con el clásico de Chéjov multiplicado

Vania x Vania - Foto de Vanesa Rabade
Foto de Vanesa Rabade

¿Qué hacemos con esto? ¿Doblete o no doblete? ¿Se imbrican o las imbricamos? ¿Teatro para muy teatreros? En Madrid (y en otras grandes capitales) algunos teatristas asistimos en un día a ver dos espectáculos seguidos. Entre ellos, queramos o no, dialogan; porque uno vive siempre la experiencia estética con ansias. Sales de un Lorca y te vas otro. Lo mismo con Shakespeare. Con Chéjov. Están exprimidos. Sigue leyendo

La Regenta

La adaptación de la célebre novela de Clarín nos deja un montaje reduccionista y falto de pulsión existencial

La Regenta - Foto de Pedro Gato
Foto de Pedro Gato

No sé cuál debe ser la mejor manera de trasladar a escena en noventa minutos una novela de proporciones considerables; pero esta que ha pergeñado Eduardo Galán es harto conservadora en cuanto a la ambición artística, y no hace, en absoluto, justicia a ciertas técnicas literarias que puso en marcha con excelencia el autor nacido en Zamora (asturiano de adopción). Hablo, por ejemplo, de ese atisbo de monólogo interior que fue el estilo indirecto libre. Aquí se ha optado por el pedagogismo, por la narración que ate cabos, de la conciencia de que muchos bachilleres acudirán con sus profesores al reclamo. O de ese público que ha leído la obra y necesita recordar a este o a aquel personaje. O, directamente, los que solo vieron la conocida serie de televisión con Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez a la cabeza. Sigue leyendo

Calderón

Fabio Condemi nos entrega una versión de la obra de Pier Paolo Pasolini en un espectáculo demasiado estático

Calderón - Foto de Luca del Pia
Foto de Luca del Pia

Merece la pena revisitar la adaptación que realizó Guillermo Heras en la Sala Olimpia (ahora Teatro Valle-Inclán) en 1988. Un espectáculo más vigoroso que este que hallamos en los Teatros del Canal y que dirige Fabio Condemi. Demasiado plano, mortecino y poco motivador de todas las reverberaciones que Pasolini pone en juego en su texto. Claro que lo que falla sea hacerle caso al dramaturgo italiano en cuanto a su célebre Manifiesto por un nuevo teatro. Hoy se antoja un tanto caduco, antiespectacular, demasiado «teatro de la palabra». No niego, desde luego, que en el interior de los párrafos no se oculten abstrusas claves que deben desencriptarse; pero la plasmación de las imágenes, que no son pocas, se torna un tanto pacato para una pieza que supera las dos horas (los abandonos fueron constantes). Sigue leyendo

Así hablábamos

La tristura se acoge a la influencia de Carmen Martín Gaite para elaborar un espectáculo banal en el Teatro Valle-Inclán

Así hablábamos - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Tomemos esta función como un segundo episodio de aquel éxito llamado Future Lovers. Si en aquella propuesta la espontaneidad de los jóvenes era apreciable y magnífica, repleta de romanticismo, esta que aquí nos encetan es de una vaguedad, una ñoñería y una insignificancia que ya hay que rechazar de plano. Porque los componentes de La tristura ya nos han dado suficientes muestras de este entontecimiento. Véase, por ejemplo, la obra que Celso Giménez presentó en solitario la temporada anterior: Las niñas zombi. Pero qué decir, por otra parte, de la película de Itsaso Arana, Las chicas están bien, que es otra deambulación, en la línea de lo que hace su colega Jonás Trueba. Que ocurra algo sustancial es puro azar. Sigue leyendo