Esta comedia burguesa de Enrique Jardiel Poncela apenas representada revive en el Teatro Español con la dirección de Pilar Massa

No ha tenido revisión prácticamente esta obra desde que se estrenó en 1942, con gran éxito, por cierto, en el Teatro de la Comedia, con la que alcanzó las ciento veintitrés representaciones. Versión cómica de Marcela o ¿a cuál de los tres?, de Bretón de los Herreros. Por lo visto, el dramaturgo tenía la intención (osadía, pienso) de ajustarse a los principios de Schopenhauer en El mundo como voluntad y representación, por aquello, se supone, de que «nadie es como es: cada cual es como lo ven los demás». Es peligroso asomarse al exterior (como podía leerse en los vagones de tren) se presenta con unas premisas iniciales más que sugerentes; aunque, como veremos, todo se desbarata como en aquellas cintas de los hermanos Marx, cuando la pelea y el tumulto desembocaban en el caos. Sigue leyendo
La garantía que tenemos los acérrimos espectadores de Nao d´amores es que cualquier montaje ofrecerá una factura impecable; aunque el contenido no llegué a satisfacer del todo, como ocurre en este caso, con un Calderón poco sondeado y que brinda un lenguaje tímidamente más claro, menos sentencioso. El castillo de Lindabridis se debió de estrenar en torno a 1661, estaba escrita para la familia real. Es una de esas comedias novelescas que escribió el autor español. En este caso se apoyó en la obra El espejo de príncipes y caballeros, de Diego Ortúñez de Calahorra. Lo cierto es que, más allá de admirar el genio y la apostura de su heroína, poco se saca de un enredo trillado en el asunto de caballería.
No importan ya los vericuetos que haya atravesado Angélica Liddell en su carrera más que para avisarnos de que, al contrario que muchos otros, es capaz de alcanzar la mayor cota de virtuosismo a una edad madura; aunque con desfachatez juvenil. Uno debe rendirse a ese cosmos tan complejo que elabora, desde tantas tradiciones y con tantos elementos puestos en juego, para que esta misa vudú cumpla su efecto tanto en ella como en nosotros.
Regresa Josep Maria Miró al Teatro de La Abadía, a esa misma sala donde cosechó su gran éxito
Viene este montaje en paralelo (o en continuación) de aquel 


¿Es el título de este espectáculo un gancho comercial? ¿Estamos ante una de esas propuestas que se envuelven en el halo de santidad de un literato para darnos gato por liebre? Pues creo que sí. Parece una función destinada a esos espectadores que buscan pasar un rato divertido y a los que el tema en cuestión les da un poco igual. Ya que no es necesario saber de Shakespeare prácticamente nada. Es más, se recomienda a partir de los 7 años.