El sillón K. Cartas desde el olvido: Carmen Conde y Katherine Mansfield

Paula Paz intenta una suerte de espectáculo donde mezcla danza con epístolas intimistas para unir espiritualmente a estas dos poetas

Foto de Sergio Parra

Tiene Paula Paz un ímpetu historiográfico encomiable. Viene de rescatar a Susan Glaspell con Bernice, y en 2023, en este mismo escenario de La Abadía presentó Cartas vivas, enmarcado en un proyecto audiovisual superior, para «enfrentar» en diálogo amistoso a Carmen Laforet y Elena Fortún. Debe ser esta propuesta la que nos valga de paralelo para juzgar esta que nos compete. Desde luego, la vida de aquellas dos escritoras tenía mucho más recorrido y hasta fundamento. La primera ha sobrevivido en los planes de estudio con Nada (no hay más que ver, además, el éxito de su reciente adaptación teatral) y la segunda está revisitándose con obras como Celia en la revolución (también con su versión para teatro). Encima aquella función se manejaba por unas derivas más realistas y su compresión resultaba favorable. Ahora, qué podemos hacer con Carmen Conde y Katherine Mansfield. Con la segunda aquí nada, pues es una evocación, es como una musa o, si nos pusiéramos más especuladores, un amor platónico. Al fin y al cabo, nuestra protagonista tuvo, según parece, como amante a Amanda Junquera. El caso es que la escritora neozelandesa ha quedado ensombrecida, quizás, por Virginia Woolf, dentro del grupo de Bloomsbury. Mientras que, a Conde, hoy por hoy, únicamente se la nombra por haber sido la primera mujer en ocupar un sitio en la Real Academia de la Lengua en 1978. De hecho, así comienza la performance, con parte del discurso de ingreso, donde ocupaba el lugar del fallecido Miguel Mihura, al que le dedica unas elogiosas palabras. Después sería Ana María Matute quien se sentará en ese sillón K.

Si todavía el montaje hubiera continuado por unos cauces más naturalistas, al menos podríamos haber realizado un bosquejo biográfico. Pero no es el caso. A partir de ahí prima la evanescencia, la combinación un tanto azarosa de versos que se escuchan en inglés y se intuyen (es mucho decir) por escrito en unas oscuras veladuras. Líneas bucólicas, con referencias al mar, que, expuestas así, apenas nos sugieren algo. Mientras que Estela Merlos, trasunto de la poetisa evocada, baila para recrear, con hálito simbolista, aquella colección de epítetos y de metáforas. Otorga belleza y plasticidad al asunto en fusión con una composición musical de Yaiza Varona, que acierta en mostrar briznas tempestivas. No obstante, la danza parece accesoria y dependiente de esas misivas que la escritora le va destinando a esa poeta fallecida en 1923. Tan solo tendrá unas frases al final.

Por su parte, Manuela Velasco aplica una seriedad y un entusiasmo muy contenido para trazar el laberinto de sus emociones, de los párrafos que contienen las epístolas que comenzó a esbozar en 1935; aunque tiende a un estatismo excesivo. Si quiera se adivinan sensaciones más concretas cuando se refiere a esa hija que nació muerta. Por lo demás, son retazos etéreos que un espectador cualquiera casi no podrá vertebrar intelectualmente.

Definitivamente, será la escenografía de Alejandro Andújar, a pesar de la oscuridad preponderante que impone Lucía Sánchez con su iluminación, la que destacará en el conjunto. Un fragmento de esa mesa ovalada tan característica en la que se celebran las reuniones de los jueves en la RAE, que integra unas transparencias que permiten las proyecciones, que simulan holografías y nos adentran en una fantasmagoría apreciable.

Es decir, repito, ¿es consciente Paula Paz de que apenas existe un público para un espectáculo así? ¿Quién hoy en España o en el orbe hispánico conoce la obra de Carmen Conde? ¿Y si le sumamos la figura de Katherine Mansfield? Menos, incluso, se podrán sacar conclusiones certeras si la propuesta es tan lírica, tan evocadora (no sé exactamente de qué), que no te deja pilotar por una biografía, por una semblanza personal de una y otra. ¿Qué se puede entender de esa emulsión estética de danza, música y poesía? En ocasiones uno cuando sale de un teatro y no encuentra justificación para lo que ha observado, siente un enorme desconcierto.

El sillón K. Cartas desde el olvido: Carmen Conde y Katherine Mansfield

Dramaturgia y dirección: Paula Paz

Reparto: Manuela Velasco y Estela Merlos

Voz en off: Elena Sanz

Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar

Música y diseño de sonido: Yaiza Varona

Diseño de iluminación: Lucía Sánchez

Coreografía: Paula Paz en colaboración con Estela Merlos

Diseño audiovisual: Enrique Muñoz

Ayudante de dirección y regidora: Leanne Maksin

Jefe técnico: José Gallego

Técnico de sonido y vídeo: Enrique Rincón

Fotógrafo: Sergio Parra

Producción: Paula Paz y Okapi Producciones

Colabora: Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver

Agradecimientos: Nuria Capdevila-Argüelles, Israel Elejalde, Lara Grube, David Luque, Eva Rufo, Jorge Lucas y Jaime Menéndez

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 2 de marzo de 2025

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