Hechos y faltas

Bernabé Rico versiona y dirige en El Pavón esta diatriba sobre la verdad en el periodismo

Hechos y faltas - FotoDentro del mundo periodístico se lleva hablando mucho en los últimos años sobre la posverdad. Este mismo oficio ha favorecido, no solo desde el deleznable amarillismo y la imperiosa necesidad de llegar los primeros con las exclusivas, la creación de géneros que se han hibridado cada vez más con la literatura, es decir, con la ficción. Por otra parte, las falacias, las mentiras, los bulos y toda una gama de estrategias distorsionadoras trastocan cualquier posibilidad de alcanzar la verdad de lo que ocurre ahí fuera. Esta es la razón de que hayan aparecido los factcheckers, es decir, los verificadores de datos. En España tenemos a Ana Pastor con Newtral en esas pioneras labores. Ahora, ¿quién verifica al verificador?

Desde luego, no es nada habitual contemplar una obra que se pueda denominar metaperiodística en un teatro. Pues lo que acontece hace referencia a un caso real, en el que el cronista John D’Agata se topó con un obseso de las comprobaciones y del análisis de los datos fidedignos, Jim Fingal, de quien no se debe obviar que es, también, informático. La crónica auscultada se titula What Happens There, y aborda el suicidio de un muchacho llamado Levi Presley, quien se lanzó desde la azotea del edificio Stratosphere, en La Vegas. El meollo termina por ser una excusa para propiciar la gran dicotomía. Y esa puede ser una de las grandes pegas de este montaje. Porque los distintos subtemas que pudieran derivarse del asunto particular del chico podrían motivar al espectador ─más todavía si se solapasen eficientemente con la trama teatral en sí─. Puede que parte del público se quede con la sensación de que o es un tema un tanto filosófico, epistemológico, tal y como se ha tratado en la hermenéutica a lo largo de la historia; o, directamente, es una cuestión técnica dentro de las revistas. Es decir, faltaría, desde mi punto de vista, una mayor concreción sobre el ambiente enfermizo en la ciudad estadounidense ─tal y como buscaba con su subjetividad nuestro cronista─ para poder demostrar que los detalles inventados repercuten totalmente sobre el quid.

Otro de los aspectos que no me terminan de convencer es el desarrollo del personaje que interpreta Ángeles Martín. La actriz, que hace de directora de la publicación, queda un tanto desencajada. Ni atina con la ejecución de su poder, ni su vitriolismo es sustancial, ni, tampoco, se justifica demasiado por qué ese artículo que van a revisar una y otra vez es tan relevante para su carrera (de ahí que fuera tan importante la concreción a la que me refería antes). Ante todo, esa tal Emily Penrose es arrinconada por las fuerzas antagónicas que ejercen los otros dos contendientes. A saber: la visión literaria en la corriente del Nuevo Periodismo (ya saben, el claro ejemplo de A sangre fría, de Truman Capote), donde características como verosimilitud, estructura temporal o focalización en elementos más subjetivos cobran mucha fuerza; frente a un reporterismo que se acerca más al informe pericial.

De esta forma, Antonio Dechent encaja con esos modos un tanto deslavazados en el perfecto esquema del escritor outsider, romántico y provocador, del que uno debe sospechar si su egolatría se sostiene en la prudencia del acontecimiento narrado. Un tipo maduro, con enorme seguridad en sus convicciones, pícaro y dominador de los engranajes más persuasivos de la escritura; y que no va a permitir que la realidad le estropee una buena historia. Frente a él, el joven Fingal, un Juan Grandinetti que se emplea tan a fondo en sus verificaciones que podría dudar hasta de las reglas ortográficas usadas. Resulta fresco y convincente, sobre todo porque su discurso va revitalizándose según «atiza» a su rival con los pareceres de las familias involucradas. Hay que reconocer que sus choques logran llevar el espectáculo hacia una comicidad repleta de ironía. Esto suaviza la aspereza de algunas de las repeticiones que escuchamos sobre cierta frase o cierta minucia en el número de esto o aquello.

La brevedad de la pieza se ajusta con precisión a lo requerido; además, la escenografía de Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer ─con unas grandes estanterías móviles que dan sentido de profundidad─ propicia algo de dinamismo en una función que se sustenta esencialmente en los diálogos extensos y directos.

Hechos y faltas es una obra peculiar, puesto que trata aspectos de gran relevancia en nuestra sociedad de la información; pero como le ocurre a nuestro reportero fiscalizador, se queda en un terreno un tanto frío como para que se nos convenza de una postura u otra. En cualquier caso, hay que agradecerle el atrevimiento a Bernabé Rico.

Hechos y faltas

Autores: Jeremy Kareken, David Murrell y Gordon Farrel

Versión y dirección: Bernabé Rico

Intérpretes: Ángeles Martín, Antonio Dechent y Juan Grandinetti

Diseño de escenografía: Leticia Gañán y Curt Allen Wilmer (AAPEE)

Diseño de vestuario: Pier Paolo Álvaro

Iluminación: José Manuel Guerra

Ayudante de dirección: Vera Conde

Fotografía: Sergio Parra

Dirección de producción: Marisa Pino

Producción ejecutiva: Bernabé Rico

Una producción de TALYCUAL y MEJOR TEATRO

Teatro Pavón (Madrid)

Hasta el 8 de octubre de 2023

Calificación: ♦♦♦

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