Yo solo quiero irme a Francia

Elisabeth Larena ha escrito y dirigido una primera obra teatral repleta de inconsistencias estructurales para retratar todo tipo de herencias familiares

El tiempo pasa, ya estamos en 2026, pero resulta que la guerra civil fue ayer, aunque en breve estaremos con los fastos del centenario. María Galiana, la veterana de la interpretación, cumplirá 91 años dentro de poco. Todavía parece que la primeriza Elisabeth Larena encuentra la posibilidad de hallar un personaje que haya sido el paradigma de una mujer de la Sección Femenina. De hecho, así se presenta delante de nosotros, en un prólogo que nos pone sobre aviso, es decir, tal y como no debe hacerse. Y es que esta obra incumple una de las máximas fundamentales de todo arte visual, como el cine o el teatro: la explicación. Explicar lo que debe representarse o vivificar es un desprecio para el público mínimamente cultivado. Aquí ocurre constantemente, hasta el punto de crear un aparte para ilustrarnos sobre qué es la susodicha Sección, creada por Pilar Primo de Rivera en 1934. Nuestra protagonista también se llama Pilar y está muerta. Sigue leyendo

El dios de la juventud

Alma Vidal expone sus cuitas generacionales en una dramedia caótica en el Teatro Pavón

Otra vez que una dramaturga del siglo XXI no renunciará a los mecanismos artísticos trillados de nuestro presente (que vienen de hace ya tanto). A saber: mucha metaliteratura en el modo de mostrar el work in progress, los tintes autoficcionales y mucho yoísmo hasta el punto de situar como protagonista a un dramaturgo. Déjenme repasar únicamente propuestas del mismo estilo en el último mes: De Nao Albet y Marcel Borràs, Las apariciones y, de forma más convencional, Goteras. Es una tendencia que dura demasiados años. Y una tendencia no puede ser un arte. Sigue leyendo

Magia

Emilio Ruiz Barrachina adapta y dirige esta comedia de Chesterton, donde se dirime entre la razón y la religión la posibilidad de lo sobrenatural

Si por algo vale esta obra que Chesterton estrenó en 1913, provocado por G. Bernard Shaw, es por las ideas que se ponen sobre las tablas. Ahora, encajarla en el marchamo de la «comedia fantástica» podría recordarnos a esos juegos teatrales que acometió en su momento Jardiel Poncela con aquello de Un marido de ida y vuelta. Aquí no llegamos a ese punto de absurdez; pero lo que observamos es raruno. Sigue leyendo

Nunca he estado en Dublín

Mireia Gabilondo da ritmo a una comedia tremendamente comercial de Markos Goikolea en El Pavón

Foto de Javier Naval

Si en los últimos tiempos hemos podido disfrutar de algunas obras de carácter comercial con una cierta enjundia de fondo, estoy pensando, por ejemplo, en Una terapia integral y, recientemente, en El favor. También hay que reconocer que existen demasiados de estos productos decantados con totalitarismo por atiborrar el libreto de chistes y estupideces a cada segundo para atenazar al respetable. Valen, es sencillo percibirlo, para entretener; pero raramente dejarán algún poso, que es lo mínimo que se le puede exigir a una función teatral. Mireia Gabilondo (pluriempleada del año) se sitúa al frente de una propuesta que, curiosamente, tiene alguna concomitancia con su propia obra Sabes que las flores de plástico nunca han vivido, ¿verdad?, pues la protagonista, además, se «enmascara» en un trastorno sicológico (hasta el punto de que Aitziber Garmendia interpretó aquella y esta). Sigue leyendo

El jefe del jefe

Fernando Gil impone su protagonismo histriónico en esta adaptación de la obra de Lars von Trier dirigida por Ricardo Hornos

El jefe del jefe
Foto de Pablo Lorente

Cualquiera que haya visto la película de Lars von Trier El jefe de todo esto, presentada en 2006, quedará patidifuso con el tono adoptado en esta versión que firman Ricardos Hornos ─responsable de la dirección─ y Fernando Gil ─máxime protagonista, demasiado, diría─. Y de esto va el asunto, del tono propiciado. Porque el director danés, más allá de sus experimentos cinematográficos con su «automavisión», permea su comedia de una pátina de acibarado sarcasmo que la vuelve más inteligente. Sigue leyendo

El nadador de aguas abiertas

Markos Marín y Adolfo Fernández protagonizan este drama sobre los aprendizajes necesarios de vida firmado por Adam Martín Skilton

El nadador de aguas abiertas - Foto de David Ruiz
Foto de David Ruiz

La figura del maestro algo crapulilla, que esconde un pesar en un ser, y que resulta tan providencial como salvífico para su alumno inesperado recorre la historia de la literatura y el cine. Adam Martín Skilton ha escrito una obra correcta, que avanza por unos cauces algo trillados; pero que nos vuelven a ofrecer unas verdades sobre la vida que parecen arrumbarse en esta sociedad que se lanza galopante a un despeñadero de caritas sonrientes. Sí que es cierto que nos hallamos ante un texto enormemente narrativo y que bien valdría como novela corta monologada (así se puede leer, desde luego). Sigue leyendo

La madre

Aitana Sánchez-Gijón realiza una interpretación asfixiante en este drama de Florian Zeller

La madre - Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Foto de Bárbara Sánchez Palomero

La impronta procede de la versión de El padre que se está realizando en el Teatro Bellas Artes. Aquella es la obra más célebre de Florian Zeller, sobre todo por la película encabezada por Anthony Hopkins. La madre también tuvo su relevancia, cuando la interpretó Isabelle Huppert. Y aunque esta obra de la trilogía, que se completa con El hijo, es la primera y data de 2010, ciertamente pienso que se inmiscuye en unos vericuetos psicológicos que resultan más interesantes. Principalmente a causa de que no se da tanto el enganche costumbrista. Es más, uno se mantiene en la duda, como si estuviera asistiendo a un thriller. Incluso algún espectador puede perder la paciencia; puesto que el padecimiento de la protagonista se lleva casi hasta el final. Sigue leyendo

Y… Lo que el viento se llevó

Los avatares de cómo se produjo la célebre película se convierten en una comedia repleta de ritmo con Gonzalo de Castro a la cabeza

Y... Lo que el viento se llevó - FotoNada mejor que volver a devorar los entresijos del cine hollywoodiense para comprobar hasta qué punto se llevan perfilando esos productos no solo en busca de abundantes clientes, sino de votantes, de acólitos o de patriotas. Hoy, que vivimos en el paroxismo del algoritmo atomizador, aquello de cómo se pergeñó una de las películas más exitosas de la historia, nos parece pura artesanía; pero, desde luego, merece la pena auscultar las bambalinas, el atrezo y hasta los cambios azarosos. Sigue leyendo

Hechos y faltas

Bernabé Rico versiona y dirige en El Pavón esta diatriba sobre la verdad en el periodismo

Hechos y faltas - FotoDentro del mundo periodístico se lleva hablando mucho en los últimos años sobre la posverdad. Este mismo oficio ha favorecido, no solo desde el deleznable amarillismo y la imperiosa necesidad de llegar los primeros con las exclusivas, la creación de géneros que se han hibridado cada vez más con la literatura, es decir, con la ficción. Por otra parte, las falacias, las mentiras, los bulos y toda una gama de estrategias distorsionadoras trastocan cualquier posibilidad de alcanzar la verdad de lo que ocurre ahí fuera. Esta es la razón de que hayan aparecido los factcheckers, es decir, los verificadores de datos. En España tenemos a Ana Pastor con Newtral en esas pioneras labores. Ahora, ¿quién verifica al verificador? Sigue leyendo