Cronología de las bestias

Lautaro Perotti nos presenta un drama sobre cómo el autoengaño es capaz de paliar el dolor más intenso

Cuando al principio se crea esa atmósfera extraña y macilenta en aquel hogar creado por la escenógrafa Monica Borromello; donde el espacio protege a sus habitantes —pero a la vez los somete una peligrosa intemperie que se adentra—, es fácil recordar el film La próxima piel (2016) de Isaki Lacuesta e Isa Campo. Aquí también aparece años después (diez) un muchacho que había desaparecido. Beltrán se agazapa tras un sillón con una pistola en la mano. Patrick Criado cumple excelentemente con su papel de joven desorientado, fingidor y, además, furioso al verse envuelto en una especie de pírrica oportunidad para salir adelante. Digamos que el concepto que maneja Lautaro Perotti en la Cronología de las bestias es magnífico; porque nos permite intuir una doble interpretación que se entrelaza. Desde el punto de vista moral, ese chico es casi una epifanía, es una pieza que encaja excepcionalmente en un lugar idóneo para «solucionar» un rompecabezas irresoluble y sufriente. Desde el punto de vista simbólico se pone en funcionamiento la mágica disposición humana para el autoengaño. Por momentos, los hilos de cada biografía se van tensando de forma propicia y equilibrada; aunque en el último cuarto de hora al dramaturgo se le va de las manos y la función se desbarata en un barullo que deja al espectador con la idea de que todo ha sido revelado precipitadamente. Cuesta no destripar el argumento; no obstante, es necesario relatar —los personajes lo irán haciendo, con explicaciones extemporáneas e innecesarias en muchos casos—, que Beltrán solventará las carencias del resto y de sí mismo. Para Olvido, la madre que Carmen Machi encarna con una fuerza mezclada con angustia —hemos de reconocer que en el desenlace se muestra desaforada en demasía—, esta inesperada circunstancia le devuelve a su único hijo. Ya no tiene que «agarrarse» tanto a su sobrino, César, un Santi Marín, poderoso, casi dictatorial, que se dedica a negocios turbios. Para este, el recién llegado supone una coartada estupenda. Por otra parte, Pilar Castro es la tía, la hermana de Olvido, una mujer timorata, con pocas luces, una inocentona que tuvo un hijo con quince años y que manda sobre ella y, de alguna manera, la maltrata psicológicamente. Se entretiene cosiendo jerséis rojos que regala a su familia (fenomenal detalle el jersey de mangas extra largas con el que atar al nuevo inquilino) y ahora podrá recuperar a César. La actriz vuelve a desarrollar su vena dramática, tan honda, con su mirada huidiza y esa voz endeble que cala, cuando es derrotada en los diálogos. Luego, contamos con un personaje que no termia de encajar del todo en esa intermediación entre la algarabía del pueblo y su malidecencia, y sus sospechas ¿fundadas?, con el espíritu viciado de aquel hogar. Jorge Kent se afana con esa solidez que lo caracteriza en ofrecernos un sacerdote empeñado en la conciliación. Resulta extraño que a esta obra que se presenta en el Teatro Español se la califique de «comedia negra de suspense». Es cierto que en algún momento, el tono bronco y algo exagerado que emplea Olvido con su hermano puede hacernos sonreír; pero lo cierto, como ya he afirmado más arriba, es que nos dirige hacia un callejón sin salida que parece mejor que el abismo definitivo por el que estaban cayendo. Se debe valorar muy positivamente la iluminación de Carmen Martínez, pues reconcentra nuestras miradas con claroscuros muy expresivos. En definitiva, Perotti saca a relucir técnicas como los flashbacks recursivos para repetir escenas que producen un efecto paranoico y, a la vez, de arrastre, como si la memoria fuera cabalgando. Aunque le faltarían algunos minutos más para no perder el ritmo y para distribuir la información significativa con un esparcimiento dramáticamente más creíble. Por otra parte, sobran varias frases explicativas que deberían subsumirse al silencio o a la insinuación; porque no todo tiene que quedar definido en esa situación compleja y, ni mucho menos, apelotonarse en la resolución. De qué nos vale comprender el thriller en su totalidad, si lo que verdaderamente es valioso son las reacciones en cadena de los protagonistas, como si un pacto tácito los hubiera destinado a la hipocresía existencial.

Cronología de las bestias

Texto y dirección: Lautaro Perotti

Texto castellano: Jorge Muriel

Reparto: Carmen Machi, Pilar Castro, Santi Marín, Patrick Criado y Jorge Kent

Escenografía: Monica Borromello (AAPEE)

Iluminación: Carmen Martínez

Vestuario: Sara S. de la Morena

Fotografías: Javier Naval

Espacio sonoro: Sandra Vicente

Ayudante de dirección: José Luis Huertas

Dirección de producción: Josep Domènech

Jefa de producción: Nadia Corral

Ayudante de producción: Raquel Valencia

Auxiliar de dirección: Paola Camargo

Ayudante de escenografía: Paola de Diego

Realización de escenografía: Mambo Decorados

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 8 de abril de 2018

Calificación: ♦♦♦

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