Barrio de las Letras

Un espectáculo literario carente de creación dramática sobre los afamados literatos que poblaron las callejuelas madrileñas

¿Es posible homenajear a un barrio en el que han vivido los escritores más célebres de este país con cuatro actores vestidos de gala como si acudieran a un recital? Por supuesto; pero no tiene el menor sentido. El espectáculo que se presenta en la Sala Tirso de Molina del Teatro de la Comedia forma parte de su programación. No es uno de esos montajes que patrocinan los ayuntamientos para celebrar algún aniversario y que así los políticos de turno se puedan hacer una foto con la gente de la Cultura. No, esto aspira a conmemorar la extraordinaria circunstancia de que tantos literatos durante siglos hayan convivido en un puñado de calles. La función se compone de una antología prototípica de textos expuestos a medio camino entre el recitado y el atisbo de interpretación. De hecho, lo primero que escucharán los espectadores es el famosísimo poema de Lope sobre cómo armar un soneto para, a continuación, ir encadenando a Cervantes, a Quevedo y a Góngora con sus versos más populares. Alejandro Navamuel se erige principalmente en narrador, aunque el tono que le han exigido más parece de guía turístico con firme entusiasmo. Los cuatro actores senior que van haciendo acto de presencia, vestidas ellas de largo y ellos de esmoquin, igual entonan estrofas de amor, que se lanzan pullas y vilipendios como se hacía antaño o se esputan fragantes rimas sobre la flatulencia y otras escatologías. Todo muy barroco, lógicamente, pero altamente inverosímil en acentuación y en dramaticidad. Pretender hacer gracia con el cuerpo contrahecho de Rojas Zorrilla como hizo Quevedo y las respuestas de aquel, como si fuera el juego de unos amigos burgueses tras su partida bridge, más te hace sospechar que eso no es un homenaje al Barrio de las Letras sino al de Salamanca. Hablar de todos esos artistas —siguen con Calderón— del XVI y del XVII y esperar que con unas sencillas proyecciones al fondo nos situemos en aquel laberinto de pendencieros, sucio y peligroso, repleto de rufianes y de borrachos con doña María José Alfonso, don Fernando Conde, doña Yolanda Ulloa y don Carlos Manuel Díaz plantándose muy cuidadamente en escena de esa facha y con esa intención tan finolis —excepto Conde, que parece que se lo toma más en serio—, te hace dudar seriamente sobre la motivación de tal montaje. Luego, cuando recrean una escena de El café, de Moratín, todo parece más acorde estéticamente. Sin embargo, los tópicos continúan. Bécquer… pues ya saben, «por un beso», y Navamuel se lo plantifica a María José Alfonso y el poeta sevillano queda finiquitado para dar entrada a Espronceda (afortunadamente no hubo cañones). Interesa que se haga referencia a las tertulias que hubo en otro tiempo para que nos demos cuenta de que la zona se ha transformado de un avispero de visitantes hambrientos. Inenarrable es la escena en la que bosquejan los inicios de la revista y cantan el «Me gustan todas» con las piernas al vuelo. Mucho se quiere abarcar en esta obra para no profundizar en nada. Si no fuera porque la materia posee valor en sí misma, sería del todo intrascendente. Carece de dramaturgia, de hilo conductor, de creación escénica y de la más mínima originalidad. ¿Por qué han hecho esto dos hombres de teatro como Pedro Víllora y Ángel Fernández Montesinos? Lo desconozco. El espectáculo es viejo y caduco. Ni siquiera es didáctico, pues lo poco que se puede aprender está envuelto por el tedio que se genera en pegar un texto detrás de otro sin una contextualización mínimamente elaborada. Bien hubiera estado que, en lugar de avanzar tanto —llegan a los comienzos del XX—, se hubieran quedado en los Siglos de Oro, puesto que pasar de puntillas nos acerca al paseo turístico que cualquier guía puede emprender por sus callejuelas.

Barrio de las Letras

Dramaturgia: Pedro Víllora

Dirección: Ángel Fernández Montesinos

Reparto: María José Alfonso, Fernando Conde, Carlos Manuel Díaz, Alejandro Navamuel y Yolanda Ulloa

Ayudante de dirección: Alejandro Navamuel

Preparación musical y grabación de piano: Antonio Moreno

Iluminación: Felipe Ramos

Ambientación: Rafa Garrigós

Vídeo: José Carlos Nievas

Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 29 de octubre de 2017

Calificación: ♦

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