El asno de oro

«El Brujo» se metamorfosea en asno para divagar acerca de la belleza, el misterio y el erotismo

30.-el-asno-de-oro-web-lDesde luego es un atrevimiento llevar a escena una novela del siglo II, cuando el género aún no había adquirido los engranajes y mecanismos que puso en marcha Cervantes. No es fácil extraer un relato de casi dos horas donde se plasme la esencia de lo que Apuleyo quiso narrar, puesto que los entresijos, relatos y derivas en los que se mete el autor apenas dejan un finísimo hilo narrativo. Sí crea ese hilo Rafael Álvarez, «El Brujo» con sus presentaciones, sus explicaciones y todo ese aparataje metaliterario que le sirve para llevarnos de la mano (quizás demasiado, tampoco es tan difícil lo que cuenta) con reiteraciones, apartes e incisos de forma recurrente.

«El Brujo» prescinde, por su extensión, del relato acerca de Eros y Psique (famoso mito narrado por primera vez en este libro), y se centra en el largo proceso inicial (Aristomenes contando cómo embrujaron a su amigo Sócrates) hasta que Lucio se convierte en asno y, después, en sus hazañas posteriores, repletas de erotismo. Teniendo en cuenta que Apuleyo fue un gran viajero, que conocía tanto Grecia como Alejandría, habiendo nacido en Madaura (ciudad cercana a Cartago), podemos apreciar sus conocimientos acerca de la magia, las ciencias ocultas, las complejidades mistéricas de la época y la confluencia entre las culturas del Mediterráneo en conexión directa con oriente.

Parece que «El Brujo» siempre juega en casa. Aplaudido antes, durante y después, se comunica con su cohorte de acólitos y uno debe suponer que sus formas, estilos y recursos de cuentista se han moldeado gracias a esa interacción con su público fiel. Desde el principio nos sitúa y nos previene de las dificultades propiamente narrativas. Es una historia con varios narradores, más la inclusión del propio autor. De la misma forma, nuestro guía también se dispone a participar, y es ahí donde quizás cometa ciertos excesos con sus imitaciones de políticos como, por ejemplo, Rajoy o Monago. Y no es que no vengan a cuento, si no que, a veces, recurre demasiado a estas digresiones y caricaturas. Aún así, su catálogo de recursos interpretativos y dramáticos es inmenso. Desde su propio estilo satírico y lúdico, hasta los movimientos corporales (no carentes de ironía), pasando por la onomatopeya, el juego de palabras (en este caso, a través del trastoque con el latín, sus inventos y sus traducciones macarrónicas), la interpelación a los espectadores, la capacidad para la improvisación, etcétera.

De lo que debemos estar seguros, es de que la labor creativa de «El Brujo» no termina nunca. El asno de oro que hemos visto estos días en los Teatros del Canal será distinto al que vean otros espectadores en el futuro. Se irá metamorfoseando igual que la propia realidad a la que el autor se mantiene atento. La política, la sociedad y los diversos avatares (en este año de elecciones) permearán indudablemente para hacer más cómplices de la crítica a los próximos asistentes. Este, desde luego, es un valor intelectual y heurístico, donde Rafael Álvarez, «El Brujo» se alza como intérprete no ya solo de la novela que tiene entre manos, si no de la realidad en la que vive en comunión con aquella.

Con El asno de oro ha logrado trenzar una historia que simultáneamente se mueve en diversos niveles de compresión, esperemos que el tono humorístico no haya ocultado las grandes enseñanzas que arrastra una de las obras que más han influido en la cuentística europea y en la picaresca española.

El asno de oro

Autor: Lucio Apuleyo

Versión y dirección: Rafael Álvarez, «El Brujo»

Músicos: Daniel Suárez «Sena» (percusión), Kevin Robb (saxo alto) y Javier Alejano (violín y teclado).

Director musical y música original: Javier Alejano

Diseño de iluminación: Miguel Ángel Camacho

Diseño de vestuario: Gergonia E. Moustellier

Diseño de escenografía: Equipo Escenografía PEB

Realización de escenografía: Roberto García

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 8 de febrero de 2015

Calificación: ♦♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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