Un trozo invisible de este mundo

Juan Diego Botto triunfa en los premios Max de teatro con cuatro galardones gracias a su obra Un trozo invisible de este mundo

trozo_invisible_escena_01Las maletas recorren solas la cinta automática y luego caen unas encima de las otras. No parece que nadie las vaya a bajar, ni que su destino sea distinto del montón. Los cinco monólogos de Un trozo invisible de este mundo escritos por Juan Diego Botto se hilvanan mediante el tormento de aquellos que tienen que exiliarse, que lanzarse a lo desconocido con la urgencia que impele la supervivencia. La tristeza y la nostalgia se unen a la fuerza de la esperanza, a la lucha que frena el desánimo. Botto es un argentino huido de la dictadura con cargo de conciencia, un policía haciendo malabares con las falacias en un triunfal discurso al que ya nos hemos acostumbrado, un obrero fingiendo ante su mujer en la distancia que las cosas marchan bien. Astrid Jones da vida a una mujer subsahariana en un relato conmovedor donde los recuerdos se mezclan con cánticos que llenan el espacio de melancolía. Sigue leyendo

Continuidad de los parques

Continuidad de los parques se presenta como un entresijo de personajes en el límite de su personalidad

continuidad_de_los_parques_interior_conjunto_con_martaJaime Pujol ha escrito un texto con ocho historias que se trenzan con una colección de pequeños detalles: flores que caen del techo, la narración y composición musical de Marta Solaz, la ropa diseñada por Elda Noriega identificando a cada personaje con un color que se hace presente en sus zapatos, en los botones, en una bufanda…, individuos que se cruzan como pistas falsas en un microcosmos de aparente tranquilidad, pero repleto de secretos que traslucen según trascurre la obra. Sigue leyendo

El alma buena de Se-Chuan

Vladimir Cruz sube a los escenarios del Matadero (Madrid) la dialéctica entre el bien y el mal brechtiana

El alma buenaVolver a Brecht, a veces, cuando la coyuntura actual pide respuestas a la altura de la complejidad que vivimos, conlleva caer en fábulas maniqueas que irritan. El espectador de El alma buena de Se-Chuan que acude al Matadero no es un niño al que se le pueda simplificar la vida de esa manera. Tres dioses bajan a las tierras chinas en busca de alguien bueno. En su indagación se encuentran primero con un aguador, un pillo (interpretado por Rafael Ramos de Castro con cierto aire cómico), que debe proveer de alojamiento a esos seres celestiales y para ello acude a Shen-té, una prostituta que se convertirá en la principal protagonista. Raquel Ramos tiene la difícil tarea de doblarse entre la bonhomía de la joven y su fingido primo astuto. A partir de aquí, se desencadena toda la dialéctica entre el bien y el mal, donde diferentes personajes van dando buena cuenta de sus ambiciones en la vida y de sus ansias por medrar a costa de los demás. El problema está en que es un texto en el que se mezcla lo narrativo (algo habitual en el teatro épico de Brecht), con unas explicaciones redundantes y que se demoran en describir hechos evidentes, además de añadir canciones que pretenden aquilatar aún más el discurso. Sigue leyendo

Dalí versus Picasso

Una arrabalada con genios. Picasso y Dalí se retan escénicamente en la última creación de Fernando Arrabal

dalivspicasso_escena_23En la imaginación de un niño mayor, de un jugador profesional, de un bromista sometido por sus propios complejos, se manipula cual marionetas a los pintores más célebres del siglo XX, nacidos en España y referentes de mundos tan antagónicos y cercanos como sus obsesiones, su labor pictórica o su afán por el dinero; modernos y carpetovetónicos a partes iguales, dos egos para la discusión, amamantados por sus musas. Eso es lo que hace, en esta ocasión, Fernando Arrabal. Estamos en París. Estamos en 1937. Estamos con Picasso y ha llegado Dalí. Unos lienzos girados. Unos raíles sorpresivos que conducen objetos, animales, Construcción blanda con judías hervidas (el famoso cuadro de Salvador Dalí que había pintado un año antes y que debe confrontar con el Guernica y con su propio autor). También están las judías hervidas frente a los espectadores, dentro de una olla, bien calientes, humeantes, olorosas. Son degustadas por los artistas como píldoras que los proyectan al trance de su devenir. Se cruzan las Españas, la tozudez de Picasso, el ramalazo de Dalí, los cuchillos de Dora Maar —de la que únicamente escuchamos su voz— que tan solo consiguen atemorizar por un momento al genio de Málaga; se cruzan, también, las ambiciones monetarias, las discrepancias interpretativas, Barrabal, un geniecillo que los pone a bailar en danza ritual y que los vapulea a su antojo, y la Guerra Civil, como un paisaje lejano que ellos observan en la prudente distancia de unos aburguesados. Sigue leyendo

Kathie y el hipopótamo

Magüi Mira dirige a Ana Belén en una obra de Mario Vargas Llosa, donde despliega todos sus recursos interpretativos

KathieDos mundos antagónicos se enfrentan en escena: la burguesía limeña encarnada en Kathie y la decadencia marxista que sostiene el profesor universitario Santiago Zavala. Ambos se han encontrado en una buhardilla parisina en su madurez, pero los dos han realizado un viaje vital que reverbera entre un pasado lleno de sueños y ambiciones, y un presente cínico, ficticio y disuasorio. Ese vaivén de tiempos (la juventud de Kathie, sus pretendientes, su matrimonio tempranamente fallido o la decepción que sintió Santiago por su mujer o sus proyectos inconclusos) y de espacios (Egipto, Lima, París) provocan una coreografía tremebunda de conversaciones cruzadas donde las inquisiciones de uno son las revelaciones sorpresivas de un enamorado veinte años antes, por ejemplo. En definitiva, una característica faulkneriana de la escritura de Vargas Llosa. Sigue leyendo

Diario de un loco

José Luis García-Pérez sobresale con su interpretación en la obra Diario de un loco

diario-loco-webCuando uno espera escuchar a un loco, lo primero que se le pasa por la cabeza es la pregunta sobre qué le habrá hecho enloquecer. En el caso que nos ocupa, Aksenti Ivanovich, un personaje de las Historias de San Petersburgo de Gogol, sube a escena de la mano de Luis Luque como director e interpretado por José Luis García-Pérez. De la aparente sensatez se va pasando al desconcierto y las claves de este proceso, si es que pueden quedar nítidas tras un psicoanálisis, se desgranan en un diario que se descompone entre el tiempo y el espacio. Sigue leyendo