Sea Wall

Nacho Aldeguer interpreta para un reducido grupo de espectadores un monólogo sobre una tragedia familiar

Lo que para nosotros es hoy en día la muerte resulta fundamental para que cualquier relato trágico presente nos someta a una angustia indecible. La muerte está lejos, oculta. La muerte es de los otros, de la mala suerte. La esperanza acérrima de sobrevivir ante cualquier accidente, enfermedad o imprevisto es una creencia infantil. Menos guerras, menos terrorismo, menos asesinatos a nuestro alrededor; pero cualquier hecho luctuoso nos recuerda nuestro destino fatal. Luego tendemos a la que la cotidianidad nos devuelva la fantasía de la inmortalidad. Sea Wall es un encuentro íntimo, un momento sutil de escucha y una necesaria empatía para situarnos junto a Álex; pues su historia es tan verosímil y sencilla como profunda. Su relato es una catástrofe vital estadísticamente excepcional en nuestro mundo actual; pero todos jugamos a la lotería sin querer con cada una de nuestras acciones. Si tienes un hijo, sabes que el temor a perderlo es un miedo que se aloja perpetuamente en el duodeno para alertarte ante cualquier posibilidad de peligro. Carlos Tuñón se ha embarcado hace ya tiempo en proyectos que trabajan en los aledaños de lo dramatúrgico ―podríamos decir. Simultáneamente a Sea Wall, también lleva a las tablas El roble (estrenada la temporada anterior). Sigue leyendo

El amante

Nacho Aldeguer y Álex García presentan este drama sobre el tedio de un matrimonio burgués precedido de una propuesta gastronómica

Foto de Vico Vang

Debemos considerar seriamente si el preámbulo gastronómico es lo más idóneo para asimilar una obra de Pinter. En la propuesta de Nacho Aldeguer, quien se ocupa de versionar y dirigir, y de Álex García, que se encarga de la dirección artística, se pretende introducir al espectador en la etapa previa de esa pareja, Richard y Sarah, antes de que observemos su devenir diez años después. Es decir, se nos invita a su boda, y para ello subimos al ambigú de El Pavón Teatro Kamikaze para degustar una cerveza, un cóctel y un aperitivo hipersofisticado a cargo del chef Diego Guerrero. Si en un primer instante los dos inductores, más algunos cómplices, intentan darle al asunto algún toque de verosimilitud, con algún juego de apariencia espontánea y una visita exprés de los novios; pronto se convierte en un sarao de media hora donde los espectadores entran en «calor» hasta que llega el momento de la función en sí. No se puede afirmar que verdaderamente contribuya a darle amplitud al espectáculo; porque el evento no da más que para un acto de marketing. Sigue leyendo