Juan Carlos Pérez de la Fuente realiza una dirección espléndida sobre el clásico chejoviano en el Teatro Fernán Gómez
La grandiosidad clasicista que destila esta propuesta de Juan Carlos Pérez de la Fuente contrasta notablemente con aquella que presentó en el CDN Ernesto Caballero. El aprovechamiento que ha realizado el director en el espacio disponible del Fernán Gómez resulta magistral. Los personajes fluyen a lo largo de toda la función por los pasillos, entre las laberínticas telas y en toda la profundidad del escenario. Aparecen de improviso por doquier y uno tiene la sensación de que lo han introducido en esa finca que presumimos descuidada. Con la mirada de Ignacio García May, estos seres se muñequizan por momentos; pero también desarrollan la naturalidad chejoviana en diálogos claros y altamente expresivos. La decadencia de algunas familias que se han visto sometidas por la reforma emancipadora de 1861, que liberó a millones de siervos en Rusia, se plasma con progresiva espontaneidad. Sigue leyendo
Teniendo en cuenta que el thriller judicial se ha explotado tanto en cine en los últimos tiempos, y que es un género que lucha denodadamente por escapar de su encorsetamiento burocrático, Testigo de cargo es el paradigma más caduco posible para saltar a escena. Lo que les pasa a sus personajes nos la trae al pairo, y más, si se le imprime ese tonito irónico tan propio de los británicos. Es decir, el asunto carece de enjundia, máxime si la interfecta es una viejecita que ya está liquidada antes de que comience el embrollo. No se produce ningún efecto empático y, por lo tanto, como ha ocurrido históricamente con ese estilo novelístico, nuestra motivación está alimentada únicamente por el juego del ingenio. 





